Por una geopolítica más objetiva

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GEORGIA ON MY MIND

In Uncategorized on agosto 10, 2010 at 2:19 am

Dedicado a mi amiga Jackeline M. Zuñiga y a mi amigo Adrián Abraham.

El pasado 7 de Agosto se posesionó el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Los asistentes internacionales a su posesión no fueron sorpresa alguna; los grandes amigos de la filosofía del saliente presidente de Colombia, conformada por el trío maravilla: Martinelli de Panamá, Lobos de Honduras y Alan García del Perú (todavía no hay certeza sobre el rumbo que tomará Sebastián Piñera en Chile), y en el medio todo el rango de presidentes de centro-izquierda, los cuales fueron los ideólogos de esa nebulosa que llaman UNASUR, la cual anda de alguna manera u otra hacia un rumbo no definido todavía, la presencia del delfín Felipe de España tampoco sorprendió, siempre aprovecha la oportunidad de una posesión presidencial para escaparse un fin de semana en Bogotá, máxime ahora que su equipo es campeón mundial. Tampoco sorprendieron las ausencias de los mandatarios de Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Si sorprendieron en cambio, la presencia del presidente del Ecuador, lo cual es una muestra bastante positiva de la disposición del mandatario ecuatoriano hacia el pleno reestablecimiento de las relaciones, también sorprendió la ausencia de algún emisario del gobierno estadounidense, máxime si se considera que Colombia es el principal aliado de los Estados Unidos, sin embargo hubo una asistencia que, aunque desapercibida por los medios, es señal importante de un tema geopolítico que no sido muy abordado dentro de la geopolítica regional: la presencia de Mijaíl Saakashvili, mandatario georgiano.

¿Que hacía el mandatario de Georgia en la posesión del presidente de un país que no tiene relación importante alguna con el suyo? Si nos apegamos al axioma de que nada pasa sin una razón, entonces para entender la razón de semejante sinsentido habría que regresar a un trabajo previo, publicado hace bastante tiempo ya, y es la teoría del intercambio de Cúcuta por Tblisi.

Como se mencionó anteriormente, Estados Unidos y Rusia experimentaron un impasse importante en Agosto de 2008, debido al problema que tenía la pequeña República de Georgia con sus provincias de Abkhasia y Osetia del Sur, quienes querían ser independientes con el apoyo de Rusia. Georgia, sumamente amiga de las potencias occidentales, no quiso reconocer tales intenciones separatistas y Rusia amenazó con ayudar militarmente a los territorios separatistas si el gobierno de Georgia no estaba dispuesto a reconocer las autonomía de Abkhasia y Osetia del Sur. Es decir, las fuerzas rusas ocuparían esos territorios para asegurar la independencia que estos territorios iban a tener de Georgia . En ese momento Georgia, que ya contaba con el apoyo de Estados Unidos, denunció el intento que Rusia quería anexarse aquellos territorios y que pensaba hacerlo por la fuerza. En esa época el mundo empezó a temer un enfrentamiento entre las dos mayores potencias nucleares del planeta. Estados Unidos se mantuvo firme en su apoyo a Georgia mientras que Rusia seguía amenazando con ocupar militarmente Abkhasia y Osetia del Sur.

Aquí vale la pena hacer una distinción importante sobre la concepción rusa dentro de todo este asunto. De acuerdo con el ex-asesor del Pentagono, Zbigniew Brzezinski, en su libro El Gran Tablero cuando se desmembró la URSS y se dividió en los países que actualmente conforman la CEI (Rusia, Bielorrusia, Armenia, Uzbekistan, Kazakhstan, Tadjikistan, Ucrania, Georgia, Estonia, Lituania, Letonia, Kirguistán, Turkmekistan, Azerbaijan) la “Madre Rusia” aceptó tal desmembramiento, pero esta zona nunca dejó de ser su zona de influencia. A pesar de que Rusia ya no tenía control político y militar sobre estos países, siempre los consideró satélites suyos. La presencia de tropas norteamericanas en territorio de Georgia y la posibilidad de que Georgia estuviera aplicando para entrar en la coalición de la OTAN fue visto por Rusia como si las potencias occidentales estuvieran entrando en su territorio. Y la presencia militar de los Estados Unidos en Georgia, un antiguo territorio suyo, no hizo más que enardecer su ya herido sentimiento.

Volviendo entonces al tema de Agosto de 2008, Estados Unidos apoya a Georgia en su intención de no permitir la independencia de Abkhasia y Osetia, mientras que la herida Rusia no está dispuesta a permitir el ultraje e invade militarmente estos territorios. En ese momento, los Estados Unidos deciden no apoyar la confrontación pero tampoco se retiran de Georgia y además condenan los actos de Rusia públicamente. Rusia logró entonces su cometido pero no olvidó nada de lo sucedido, le estaban invadiendo su territorio…

Si miramos atrás en las épocas de la guerra fría, cada vez que Estados Unidos amenazaba un interés vital de la URSS, esta contestaba amenazando un interés vital de Estados Unidos. La famosa Crisis de los Mísiles es el ejemplo paradigmático de esta estrategia. Sin embargo, a pesar de que la guerra fría ya pasó, Rusia en repetidas ocasiones ha demostrado que no está derrotada como potencia mundial y todavía se encuentra en capacidad de hacer frente a las acciones que afectan sus intereses, como ha sido su participación en los casos de la compra de uranio por parte de Irán, el bombardeo a Kosovo y recientemente la guerra de Irak. Consecuentemente, Rusia está claramente interesada pero siente que actualmente no tiene poder político para obligar una retirada de Estados Unidos del territorio georgiano, así que, al igual que la crisis de los mísiles tal vez logre obligar tal retirada, en el momento adecuado… infortunadamente para los rusos, la guerra fría ya se terminó entonces ya Cuba no les sirve de nada.

Los rusos no tienen razón para poner bases militares en ese territorio, los cubanos han resistido todas las tentativas estadounidenses y en todo caso, si los rusos pusieran un contingente de sus fuerzas allí, no lograrían poder alguno para forzar una retirada de los Estados Unidos de Georgia, hace mucho que los estadounidenses cambiaron sus intereses de país, en el peor de los casos los Estados Unidos llevarían el caso ante la ONU u otra corte internacional.

Es por esto que a los enviados rusos se les debieron de haber iluminado los ojos cuando recibieron la delegación venezolana buscando un acercamiento militar. Como se dijo anteriormente, es en este contexto que debe leerse el paseo del barco Pedro el Grande por las costas venezolanas y cubanas cargado de ojivas nucleares, la llegada de los asesores militares rusos a Venezuela, la construcción de fábricas de fusiles Kalashnikov en Maracaibo y los constantes entrenamientos de parte de militares rusos que han tenido los miembros del ejército venezolano.

Es claro que Rusia no va a forzar una guerra entre Venezuela y Colombia, pero es también más que evidente que los rusos están más que interesados en lo que pase dentro de dicha parte del continente, porque en el caso de una improbable conflagración, no dudarán en apoyar a los ejércitos venezolanos con el ánimo de forzar a los estadounidenses a sentarse a negociar su presencia en Georgia: o se van de Georgia, o Rusia apoyaría una posible invasión de Venezuela a Cúcuta, en lo que he querido llamar la teoría del intercambio de Cúcuta por Tblisi.

Además de los hechos nombrados en un trabajo anterior, (p.e. el paseo de Pedro el Grande, la solicitud de Rusia de ser miembro observador de la UNASUR, la solicitud de extradición de Viktor Bout el traficante de armas de las FARC al gobierno de Tailandia, el apoyo a la apelación por pedir la extradición de Yair Klein a Colombia, etc) otros hechos recientes apoyan la posibilidad de esta teoría: el primero es el objeto del presente artículo, la presencia del primer ministro georgiano en la ceremonia de posesión de Juan Manuel Santos, en todo caso sería interesante buscar respuestas alternas a la pregunta ¿que hacía el Sr. Mijaíl Saakashvili en la posesión de Santos?

El otro hecho llamativo es la reunión que tuvo el mismo Juan Manuel Santos con el director de la CIA, cuando este era candidato. Dentro de la clasificación de conflictos que maneja la inteligencia estadounidense el conflicto colombiano siempre ha sido de intensidad media, es decir, no tiene la potencialidad de llegar a una conflagración importante de personas pero tampoco es un conflicto meramente local, además no afecta ningún interés importante de los Estados Unidos, y por eso, a pesar de la importancia que Colombia obtiene cada vez más dentro de la política de la Casa Blanca, sigue ocupando un lugar inferior medio dentro de la agenda política, y por lo tanto no ameritaría que el mismo director de la agencia de inteligencia se reúna con un candidato presidencial. Es obvio que el tema a tratar no era una guerra interna que el gobierno tiene casi ganada, de igual forma como tal guerra tampoco justifica la presencia de militares norteamericanos dentro de bases colombianas. Algo más grande tuvo que ser el tema de discusión entre los dos líderes…

Un último hecho que puede servir para apoyar esta teoría, es el hecho de que los Estados Unidos no ha salido, ni piensa salir de Georgia, como bien lo mencionó la Secretaria de Estado, Hillary Clinton durante su última visita a Tblisi “Nosotros recibimos cualquier diálogo entre Estados Unidos y Rusia. El hecho es que, bajo las condiciones de este diálogo, los Estados Unidos permanecen comprometidos con su posición inicial de mantener la integridad territorial de Georgia”, así como Rusia cada vez está más involucrada con Venezuela, en Abril 5 del presente año, ambas naciones firmaron contratos millonarios de cooperación en materia energética, educativa, agrícola, comercial y tecnológica, sin mencionar las millonarias compras militares que hizo Venezuela a Rusia en esa misma ocasión, ante la ambigua y etérea declaración de Vladimir Putin para la ocasión: “Si Estados Unidos no quiere comercializar armamento con Venezuela, para nosotros es bueno”.

En fin, toda esta teoría solo podría ser comprobada ante el improbable hecho de que Colombia y Venezuela entren en un conflicto bélico, posibilidad que disminuye con la salida de Alvaro Uribe del poder, a pesar de la demanda que puso ante la Corte Penal Internacional contra Hugo Chavez, ya que, a diferencia de Georgia y Abkhasia, no hay una verdadera voluntad ni motivo por parte de ninguno de los dos países de entrar en una guerra.

MARCHA MUNDIAL ¿POR LA PAZ?

In Uncategorized on enero 12, 2010 at 2:10 am

Antes que nada quisiera aclarar que esta opinión no es algo personal. He tenido la oportunidad de compartir ideas y experiencias de vida con miembros del partido humanista y realmente considero que son ejemplares y dignas de emulación. Muchas de las personas con las que he tratado han mostrado el mejor interés en cambiar este mundo enfermo y han dado ejemplo sobre como hacerlo. Además, tuve la oportunidad de celebrar el año nuevo con ellos y la verdad que me pareció una celebración muy bonita, una experiencia única. Me parece importante decir esto, porque en realidad tengo algunas diferencias con la filosofía bajo la cual se hizo la Marcha Mundial por la Paz, no quiere decir ello que tenga diferencias con el partido humanista o con alguien en particular, sino más bien son diferencias teórico-filosóficas, lo cual es más o menos el espíritu con el cual creé este blog en particular.

Aunque puedo diferir con algunos de sus planteamientos, creo que el partido humanista se encuentra mejor preparado y tiene mucho más sentido común que la mayoría de las tendencias de izquierda (ni hablar de los populismos del norte del continente) y de derecha que se han visto en la región.

Bien, tuve la oportunidad de hacer parte de la Marcha Mundial por la Paz desde Santiago hasta Punta de Vaca, que fue donde terminó, lo hice y lo hago porque estoy de acuerdo con el planteamiento inicial de los organizadores de la misma: el mundo tiene una crisis de valores y solamente creando una sociedad diferente se podrán resolver los problemas de la humanidad. Mi noción personal de ser consecuente entre lo que se dice y lo que se piensa, me obligaba a estar presente, ya que todos podemos tener diferentes tendencias religiosas, filosóficas, político-ideológicas y demás, pero podemos ponernos de acuerdo en resolver tales diferencias por medios no violentos. Heme ahí entonces, sin hacer parte formal del movimiento humanista (aunque me he documentado sobre los planteamientos del mismo), haciendo parte de la Marcha Mundial por la Paz. A pesar de que aplaudo y aplaudiré la iniciativa de recorrer el mundo abogando por la paz y más aún de materializar tal iniciativa, hubo ciertos aspectos de la marcha que vi en este tramo final de la misma que me parece, se alejan de lo que debería ser una auténtica y genuina marcha mundial en favor de la paz (valga la pena decir que esto se dice más con el ánimo de tenerse presente para la próxima vez que se quiera organizar algo por este estilo, que con el ánimo de criticar negativamente los ingentes esfuerzos hechos por los organizadores de la marcha):

  1. El aspecto que consideré más inapropiado del evento fue el proselitismo político, no tanto por los miembros del mismo partido (lo cual es normal: si el partido humanista organizó la marcha, está en todo su derecho de hacerle publicidad), sino hacia el presidente Evo Morales, quien ni siquiera llegó a la presidencia como candidato del partido humanista. Y siendo honestos, en todo el mundo, hay políticos que tienen más meritos para ser considerados ya sea como humanistas o como presidentes por la paz que el presidente Morales. Para la muestra de un botón: Malali Joya, la candidata favorita al premio Nobel de la Paz, que sorpresivamente recibió Barack Obama. Malali Joya, “la mujer más valiente de Afganistán” ha luchado por los derechos de la mujer en su país, ha sido objeto de múltiples atentados y fue expulsada por denunciar a narcotraficantes y señores de la guerra dentro del gobierno de Hamid Karzai. Actualmente recorre el mundo, sin poder volver a su país denunciando las atrocidades que se están cometiendo en nombre de la democracia en Afganistán.

Por otro lado, el Dr. Hamilton Naki, fue el primer cirujano en hacer un trasplante de corazón, sin embargo, le dieron el crédito a su colega, Christian Barnaard, por el simple hecho de que él era negro en pleno apartheid y el Dr. Barnard era blanco. No obstante, el Dr. Naki siempre practicó la cirugía para ayudar a los suyos y lo hizo por una remuneración miserable, porque su condición de ser negro en Sudáfrica no le permitía tener un sueldo decente, en lugar de andar echando diatribas y fomentando el odio entre blancos y negros, el Dr. Naki se dedicó a hacer lo que mejor supo, por el bien de su país, personalmente considero al Dr. Naki, un verdadero héroe de la paz. O incluso el mismo Nelson Mandela, o el arzobispo Desmond Tutú eran candidatos más que idóneos para recibir ovaciones en la marcha mundial por la paz.

Ahora ¿hubo algún reconocimiento para Malali Joya o para el Dr. Hamilton Naki al final de la Marcha Mundial por la Paz? ¿Se mencionó a Mandela o a Tutú en alguno de los fogosos discursos con los que se cerró la marcha? No. La gente no paraba de corear “Evo, Evo”. ¿Y quien es este Evo Morales que tantos elogios mereció en la Marcha Mundial por la Paz? Muy bien lo dijo el escritor Edmundo Paz Soldán: “La clase media boliviana quería un líder indígena capaz de un discurso incluyente que fuera a articular las divisiones inherentes en el país. No tuvo a un segundo Mandela, tuvo a un primer Evo. A Evo no le interesa oficiar de estadista capaz de estar más allá del bien y del mal y de unir a los contrarios; lo que él quiere es afirmar la conciencia étnica de los grupos indígenas y refundar Bolivia simbólicamente en torno a lo indígena.

Muchas cosas se le pueden reconocer al presidente Evo Morales, pero la paz no es una de ellas. Evidentemente, el gobierno Morales lejos de lograr un país incluyente, piensa en un país meramente indígena ¿consecuencia de ello? Casi se le desintegra el país en 2008. Los integrantes de la Marcha Mundial por la Paz cometieron un desliz imperdonable con la campaña política a Evo Morales, siendo que Morales es uno de los muchos presidentes en el continente americano que no tiene derecho moral a considerarse abanderado de la paz. A esta lista de presidentes que le han hecho un flaco favor a la paz en sus respectivos países, se le puede añadir el siempre muy consecuente premio nobel de la paz, Barack Obama, el presidente Hugo Chavez, el presidente Alvaro Uribe, el presidente Rafael Correa, el (¿presidente?) Raul Castro, el presidente Daniel Ortega y el presidente de Honduras, tanto el legítimo como el ilegítimo, sea este quien sea. El caso de Lula es debatible, porque si bien Lula ha optado por el diálogo y ha emergido como un verdadero interlocutor para resolver los problemas en el continente, también es responsable de traer la tecnología nuclear al continente, así que también se le podría incluir en la lista. Si realmente se quería hacer proselitismo por un político latinoamericano que haya hecho algo verdadero por la paz, eran más idóneos el presidente de Costa Rica y meritorio premio nobel de la paz Oscar Arias,  la presidente Bachelet de Chile o Cristinita en Argentina (si nos guiamos por el viejo adagio de “más es por lo que dejo de hacer que por lo que realmente hago”), Leonel Fernandez de República Dominicana también puede hacer parte de este grupo. En síntesis, las constantes alabanzas al presidente Evo Morales fueron algo desprolijo e impresentable para una primera Marcha Mundial por la Paz.

  1. El otro asunto que fue completamente inconsecuente con el espíritu de una Marcha Mundial por la Paz fue el reducir todo el tema de la paz mundial a cinco puntos:
    1. Rechazo a todo tipo de violencia
    2. Salida de las tropas invasoras de los países ocupados
    3. La reducción progresiva y proporcional del armamento convencional
    4. La firma de tratados de no agresión entre los países
    5. La renuncia de los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos

Infortunadamente, y esto lo digo con el mayor respeto posible, de los cinco puntos, cuatro son falaces y no llegan a abarcar realmente el anhelo de un mundo mejor y en paz. El único punto que realmente conducirá a una paz verdadera (y que fue la razón por la cual me adherí a la marcha), es el primero: rechazo a todo tipo de violencia. Infortunadamente, tengo reparo con los otros cuatro. Voy a pasar a comentar la explicación de cada uno:

–          Salida de las tropas invasoras de los países ocupados: ¿Que países? ¿Y cuales tropas invasoras? ¿Estamos hablando solamente de Iraq y Afganistán? ¿O el slogan también va para Israel y Palestina? ¿Y para donde se tienen que ir las “tropas invasoras” en este caso? ¿Incluye también a China y Taiwan? ¿Que pasa con Rusia y el Daguestán? ¿Quien debería irse y quien debería quedarse en estos casos? ¿Cachemira entra dentro de las pretensiones de salida de ejércitos del movimiento humanista? ¿Y que tropas son las que se tienen que ir de ahí: las de India, las de Pakistán o las de China? ¿Y que pasa con el soft power? ¿Ese si se puede quedar? ¿No hay presencia de ejércitos, pero podemos subyugar a cualquier país cultural y económicamente? Pero dejemos todos estos ejemplos y regresemos por un momento a Irak y Afganistán, que me imagino es el espíritu con el que se hizo la propuesta de la marcha. Una de las pocas cosas en las que 90.0% del mundo entero estamos de acuerdo, es que ambas invasiones son condenables, y yo más que cualquiera, desearía que algún día una corte penal internacional enjuiciará al Sr. George W. Bush y a todos sus halcones por las atrocidades cometidas en ambos países. Pero ahora, el gobierno del presidente Obama se encuentra con una realidad y es que si salen las tropas de Afganistán, la situación de las personas en Afganistán no mejoraría. Lo que ha evaluado el presidente Obama es que si Estados Unidos se retira de Afganistán, el país probablemente vuelva a caer en manos de los taliban, quienes son el único grupo local lo suficientemente organizado para mantener control político sobre todo el territorio nacional.  Evidentemente el reclamo de la marcha no es “una mejor vida para los habitantes de los países ocupados”, sino que salgan las tropas invasoras de ahí. ¿Quedarían contentos entonces los humanistas, si salen los ejércitos estadounidenses de Afganistán y los talibanes vuelven a imponer el control y a prohibir a las mujeres que estudien y a obligarlas a lucharse la comida con los perros y a usar la burka en medio de un calor de 38 º C? ¿Donde está lo “humanista” en eso? Es cierto, el gobierno de Hamid Karzai es un desastre y adolece de todos los males de una democracia, ineficacia, corrupción, incapacidad e ingobernabilidad. ¿Pero estarían mejor las cosas para los afganos si se retiran las tropas estadounidenses y suben los  taliban? Personalmente considero que no. El mismo asunto pasa con el caso de Irak, si Estados Unidos se retira de Irak, las pugnas entre Kurdos, Chiis y Sunnis probablemente harían colapsar al país, generando una situación más caótica que la que se vive actualmente. Lamentablemente, lo único que salva a estos países de ser estados fallidos es el hecho de que están las tropas de estos países extranjeros ahí. Ese fue el triste legado que le dejó al mundo el Sr. George W. Bush, un juego en el que, no importa lo que se haga, siempre se va a perder. Para no hacer esto más largo dejo los otros ejemplos que mencioné para otra ocasión o para la investigación personal de quien esté interesado en el tema.

El otro asunto que me pareció hasta indignante de la forma como se trató este punto en la Marcha Mundial por la Paz fue el otro tema, como raro, olvidado y no tratado: África. Tanto que se insistió en la salida de tropas extranjeras de países ocupados: República Democrática del Congo es el conflicto más sangriento desde la II Segunda Guerra Mundial: 5.2 MILLONES de víctimas. Este conflicto involucra todo tipo de cosas salvo las malvadas tropas estadounidenses invasoras; 9 países africanos involucrados: Ruanda, Angola, Congo, Tanzania, Zambia, Sudan, República Centroafricana, Burundi y Uganda. Y todo por las minas del famoso coltan, el material del cual sale el Tantalio, elemento esencial del cual se hacen entre otras cosas, los celulares que la gente cambia cada año. Una vez más, el progreso del Occidente blanco está soportado en la sangre de la periferia, pero a la Marcha Mundial por la Paz eso no pareció importarle: parecía más urgente apoyar las diatribas antiimperialistas del presidente Evo Morales.

–          Reducción progresiva y proporcional de armamento convencional. El problema no son las armas: el problema es quien las tiene y para que las utiliza. De nada nos sirve fundir todos los revólveres del mundo y hacer con ellos hornos para calentar comida para las personas, si una banda de desadaptados van a hacer pequeños estiletes de cepillos de dientes y se van a hacer con el control de los hornos por la fuerza, que es casualmente una descripción caricaturesca de lo que esta pasando en Somalia, país que tampoco pareció existir para los organizadores de la Marcha Mundial por la Paz (bueno, dejando de lado el juego de palabras, el país literalmente no existe, pero el asunto es que fue un tema que no pareció pesar mucho dentro de la Marcha). Además, el mundo actualmente se encuentra con otras amenazas más plausibles y que son una verdadera amenaza para nuestra existencia como especia humana, por encima de las guerras convencionales p.e.: durante la reunión de Copenhague, el Sr. Ian Fry, delegado de la pequeña Isla de Tuvalu le pidió con los ojos aguados a las naciones desarrolladas que se comprometan a reducir las emisiones de carbono, porque debido al crecimiento del nivel del mar, que es causado por el derretimiento de los polos a causa de la reducción de la capa de ozono del cual son responsables la susodichas emisiones, su pequeña isla de Tuvalu se está hundiendo. 11.600 personas por las que los humanistas hicieron más bien poco, se están hundiendo o, en el mejor de los casos, quedando sin hogar, lentamente. 11.600 personas es casi el doble de la cantidad de muertes registradas en Ciudad Juarez, la ciudad más violenta del mundo, según datos de la ONU y el Banco Mundial, durante todo el 2009. ¿Que clase de humanismo no considera problemas como este para incluir dentro de sus peticiones a nivel mundial? ¿Porque la marcha no exigió que se llegara a un acuerdo vinculante con respecto al medio ambiente, acaso no han oído hablar de lo que académicamente se llama “violencia estructural”? A veces me da la impresión de que así como el cristianismo dejó de hacerlo caso a Cristo, el humanismo se basa en el principio de no-violencia de Gandhi, pero no parece tener mucha consideración por el resto de sus ideas. ¿Que pasó con “la pobreza es la peor forma de violencia”? Más de 1000 millones de personas padecen actualmente hambre en el mundo y la cifra sigue creciendo, obviamente la Marcha Mundial por la Paz tampoco pasó por esos lados. Adicionalmente podemos listar otras amenazas serias que no pasan por el tema de la reducción de armamento convencional como son las guerras no formales, es decir, las guerras que se hacen entre ejércitos regulares y ejércitos de personas no militares, que no tienen armas convencionales, sino que las fabrican ellos mismos; la inseguridad y el tráfico de drogas; el crimen organizado en todas sus modalidades y la violencia familiar entre otros asuntos graves que nos aquejan, que amenazan a la paz mundial y que no se van a resolver con una simple reducción de armamento convencional.

–          La firma de tratados de no agresión entre los países. Hay un triste ejemplo histórico sobre el tema: el tratado “Briand-Kellogg”. Terminada la I Guerra Mundial, y como resultado de los horrores que habían acabado de vivir, los países industrializados del momento decidieron firmar un tratado en el cual renunciaban a la guerra como instrumento de política nacional. AÑO 1928!!!! Los firmantes de este tratado fueron Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Japón, Bélgica, Polonia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Irlanda, India y Checoslovaquia. Otros 57 países se adhirieron más tarde.

Este es un claro ejemplo de que un tratado político de nada sirve, si no hay un pueblo detrás que lo respalde. Seguramente el canciller alemán que se unió a la firma del tratado Briand-Kellogg, lo hizo con la mejor de las intenciones, pero apenas terminó su mandato, el pueblo alemán decidió elegir democráticamente al Sr. Adolf Hitler quien no pareció enterarse de la existencia de tal acuerdo.

–          La renuncia de todos los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos. Ibidem. Si un gobierno democrático renuncia a utilizar la guerra para resolver sus conflictos internos y externos, no hay garantía de que su sucesor respete el tratado. Eso solamente sería posible por medio del control por parte de un electorado que no permita la guerra ni apoye ideas belicistas, por ende lo realmente importante sería tener una sociedad que elija presidentes que renuncien a las guerras para resolver sus conflictos, más precisamente, la demanda debería ser “La renuncia de todas las personas a utilizar las guerras (o la violencia) para resolver sus conflictos”. No fue ese el espíritu de la solicitud hecha por la marcha, queda para la historia que la petición fue “La renuncia de los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos”.

Muchas otras críticas pueden hacerse a este primer proyecto de una Marcha Mundial por la Paz, pero tal vez lo mejor para terminar sería mi visión personal de lo que debería ser una genuina Marcha Mundial por la Paz. Porque francamente, más que una Marcha Mundial por la Paz, pareció ser una marcha para demostrar que el movimiento humanista tiene presencia en todo el mundo.

Creo que una marcha que realmente puje por la paz mundial debe considerar la paz en varios aspectos: político, ambiental, económico y social. En el aspecto político deben revisarse los lugares en donde hay guerras y conflictos, en donde hay civiles padeciendo horrores y listarlos, humildemente hago una primera propuesta, después se le pueden agregar o quitar nombres:

–          República Democrática del Congo

–          India y Pakistán (Cahemira)

–          Israel y Palestina

–          Iraq

–          Afganistán

–          Corea del Norte y Corea del Sur

–          Somalia

–          Pakistán (Waziristán)

–          Armenia

–          Georgia

–          Colombia

–          Perú

–          Brasil

–          México

–          Irán

–          Myanmar

–          Vietnam

–          Libano

–          Yemen

–          Sudan

–          Chad

–          Nigeria

–          Guatemala

–          Honduras

–          Chechenia

Y se abogaría por la paz total en estos lugares, más que vitorear a algún líder político. Soy bastante escéptico de que una Marcha Mundial por la Paz pueda ser realmente genuina si hay proselitismo político en el medio.

Una genuina Marcha Mundial por la Paz también debe ser incluyente, es decir debe abogar por incluir gente de todo tipo de religión, creencia religiosa, ideología política y no tratar de imponer la presencia de un movimiento u organización política, religiosa o social, sea esta cual sea, por encima de las demás. Precisamente el espíritu de tal marcha debe ser que todos aceptemos que pensamos diferente, pero que acordamos resolver nuestras diferencias de manera pacífica, no importa que tan profundas sean estas y si, la renuncia de todas las personas a cualquier forma de violencia.

En el tema ambiental haría lo propio pero reuniendo ahora los asuntos ambientales de mayor importancia y exigir su pronta resolución y también se debería considerar el tema de los recursos energéticos, que actualmente son de vital importancia para todas las sociedades.

En el tema económico el enfoque debe ser la pobreza.

En el tema social, el enfoque debe ser el hambre.

Creo que de esta forma, es que realmente se puede decir que el mundo entero se pueda unir para pedir por una vida mejor para toda la humanidad. Me quedaré esperando a que algún día tal marcha tenga lugar, y así como lo hice en estas semanas pasadas, gustosamente asistiré a marchar, una vez más, por la paz.

EL IMPERIO

In Uncategorized on octubre 25, 2009 at 7:48 pm

“El Imperio”, ha sido un constante referente durante los últimos 10 años. Aparentemente, cada vez que pasa algo en el continente, es culpa del imperio; siempre en busca de acabar con el bienestar de toda la región. Y sin embargo, poco se ha dicho de lo que realmente es este “imperio” o como funciona. Para los ojos de la inmensa ideologizada mayoría, el imperio es esa especie de “Emanuel Goldstein” orweliano, ese culpable de todos los males que nos aquejan. Ese chivo expiatorio para la incompetencia administrativa que genera odios y divide sociedades. Aunque esta estrategia de crear imágenes “goldstenianas” no es única para el “imperio” (ejemplos idénticos son el “terrorismo” del presidente Uribe de Colombia y “Osama Bin Laden” para George W. Bush), el atractivo del imperio es que es tan o más etéreo que el “terrorismo” en sí, y del cual poco se habla, más que en oscuras alusiones históricas sobre masacres y robo. En síntesis, al igual que “Goldstein” todos sabemos que hay un imperio, y supuestamente es responsable de todos lo malo, pero nadie realmente puede decir mayor cosa adicional sobre el mismo. Habría que iniciar la reflexión empezando por situar al “imperio”. ¿Donde queda? ¿Cual es su centro? La pregunta no es irrelevante ni es una verdad obvia. Para los bolivarianos miembros del ALBA, el asunto no tiene discusión, es el imperio norteamericano. Sin embargo, los argentinos, indios, sudafricanos, y algunas islas del Caribe son más proclives a pensar en el imperio inglés. Para los habitantes de Côte d’Ivoire imperio seguramente los referirá a Francia. Y según Taiwan no hay más imperio que el imperio chino. Evidentemente, no hay discusión de la supremacía que tiene Estados Unidos dentro del contexto mundial, siguiendo los cuatro ámbitos de Brzezinski, militar, cultural, económico y político; sin embargo, la primera reflexión que uno se haría sobre el tema del imperio, es que, a pesar de esa supremacía, Estados Unidos no sería el único “imperio” que está jugando dentro del juego internacional. Sin embargo, para efectos de este artículo consideraremos que el “imperio” es el imperio estadounidense, el cual opera de manera muy parecida a como operaba su antecesor, el imperio inglés, por ende el término puede aplicar a ambos. La segunda pregunta que cabe hacerse es ¿como está formado y como funciona este imperio? Y es precisamente en la respuesta a este tema en donde el discurso bolivariano se cae a pedazos. Y se cae a pedazos por la lectura tan errada que hace del mismo. Generalmente, cuando se habla del imperio, se hace referencia a los viejos imperios que rigieron al mundo a través de la historia, p.e., el imperio romano, el imperio carolingio, el imperio mongol, el imperio otomano o el imperio inca; los cuales eran pueblos y naciones más avanzadas los cuales querían tener el control político y militar sobre otros territorios y otros pueblos. El concepto con el cual la izquierda sudamericana ha manejado la lógica del imperio, es como si fuera una particular mezcla entre esa estructura milenaria político-militar, aunada al concepto marxista de dominación económica y al concepto leninista de imperialismo. Es decir, de seguir la lógica de los países del ALBA, los Estados Unidos, con todo su avance en todas las esferas humanas (casualmente la única esfera en la que registran retroceso es en la esfera moral-espiritual, pero ya es otro tema) actualmente basarían todo su poder en una estructura con mil años de antigüedad y su actuar sería el mismo que se describió a principios del siglo pasado. Es decir, cuando un gobierno no le quiere dar a los Estados Unidos lo que quieren, los Estados Unidos los invaden, bombardean y toman el control de ese país para luego obtener lo que quieren, máxime si este país se encuentra dentro de su área de influencia. Como lo hizo en su tiempo, el imperio español con los indígenas, y por eso corren por toda Sudámerica voces repitiendo el gastado cliché de la “segunda independencia”, supuestamente de los Estados Unidos. Si se quiere pensar que Estados Unidos tiene intenciones de invadir de alguna manera, algún país de América Central o América del Sur, o que lo tiene bajo su control político, ello significaría ignorar gran parte de la historia de Latinoamérica, gran parte del modus operandi de la política exterior anglo-sajona y gran parte de la misma historia de los Estados Unidos. En síntesis, si bien es cierto que Estados Unidos tiene una superioridad indiscutible en las esferas política, militar, económica y cultural (aunque la parte cultura es ampliamente debatible); actualmente la realidad demuestra que no ejercen control político y militar sobre los países de la región latinoamericana, y tampoco tienen interés en hacerlo, por lo menos de manera directa. Vale la pena mencionar también que de manera indirecta, el control que ejercen siempre es demasiado tenue, o si no que lo diga Saddam Hussein, pero ya regresaremos a ello. ¿Como opera entonces este imperio? Si se quiere entender el Modus Operandi de los Estados Unidos, es necesario regresar al Modus Operandi de sus mentores, los ingleses. Y es que, ya desde el siglo XVIII, el imperio inglés prácticamente introdujo una nueva forma de imperialismo, distinta a lo que se había venido manejando hasta el momento. Después de las independencias en las Américas, los ingleses empezaron a darse cuenta de algo bastante evidente: un proyecto de imperio sustentable no puede basarse en el control político directo de un pueblo extranjero. Evidentemente por aquella época Karl von Klausewitz ya revolucionaba al mundo intelectual y político al declarar que los soportes que determinaban la victoria en una guerra eran el aparato militar, la dirigencia política y el apoyo de la gente (acaso el más importante de los tres). La caída del imperio español y la derrota inglesa en América del Norte demostraron que no era viable mantener el control militar sobre un pueblo que no apoyaba a los ocupantes y que prefería darle legitimidad a sus propios dirigentes. Desde ahí, la estrategia de dominio inglesa cambió radicalmente. Por eso, cuando se expandieron al continente de Asia, solo se asentaron en zonas despobladas y no les interesaba mantener el control político directo sobre los pueblos con los cuales entraban en contacto. El modus operandi clásico inglés estaba basado en una mezcla entre la lógica capitalista y su herencia cultural medieval política basada en la “carta magna”. Así que en principio, los ingleses eran y son conscientes de que el monopolio, así sea el propio, es una circunstancia totalmente anticapitalista, por eso siempre su intención inicial era comerciar con los pueblos con los que establecían relaciones. Pero ellos solo lo hacían con aquellos pueblos que consideraban sus “pares”. Es decir, naciones formadas con un sistema político, económico y ejércitos que se les pudieran enfrentar. Así, cuando llegaron a China, país mucho más grande y rico que ellos, llegaron con la intención de que el rey chino les permitiera comerciar, e incluso, antes que llegar con barcos de guerra, llegaron con regalos para intercambiar. Una transcripción de la época registra la respuesta del emperador chino al rey Jorge III de Inglaterra: “Nosotros, por la gracia del cielo, Emperador, ordenamos al rey de Inglaterra a tomar nota de nuestro cargo: El Imperio Celestial, que rige todo dentro de los cuatro mares, no valora las cosas raras y preciosas, ni tenemos la más mínima necesidad de los productos de su país. Por ende, nosotros hemos determinado que sus enviados que nos traen tributo, regresen tranquilamente a casa. Usted, oh rey, debe simplemente actuar en conformidad con nuestros deseos por medio del fortalecimiento de su lealtad y jurando obediencia perpetua”. Evidentemente, esta respuesta, no solo significó un grito de guerra para los ingleses, sino que también les demostró que, al ser un gobierno que no estaba interesado en negociar, tendrían un sistema económico bastante débil, lo cual también se traduciría en el sistema político y militar. Efectivamente, en esta ocasión los ingleses declararon la guerra y se hicieron con China, pero no establecieron un gobernador propio allí, simplemente, por medio de los tratados de Nanjing y Tianjing, forzaron que les dieran derechos comerciales y de navegación en territorio Chino. Esta historia, al igual que muchas otras alrededor de todo el mundo demuestran que la política exterior de los ingleses, al igual que la de los norteamericanos, no estaba interesada, ni le interesa, el control político y militar de un territorio completo, en el peor de los casos colonizarán una ciudad estratégica, pero los países en donde intervengan siempre tendrán una relativa libertad política, porque el punto fundamental siempre es el comercio. Para los ingleses, siempre que no se interrumpiera el comercio, el país se podría caer en pedazos, como de hecho pasó con Israel, Irak, Costa de Marfil o Sudán. Vale la pena mencionar que gran parte de la estrategia europea también se dirigió por la misma senda, aunque manteniendo rezagos del viejo imperialismo, como es el caso del rey Leopoldo II de Bélgica, quien determinó que el Congo era su propiedad privada. Esta libertad política y obligación de comerciar, es lo que le ha dado su sustentabilidad y su esencia a la política exterior anglo-sajona. Evidentemente, a los anglosajones no les interesa realmente si el presidente Morales va a llevar a cabo una reforma agraria (en el periodo de la guerra fría esto de pronto si hubiera tenido importancia sin embargo es debatible), lo que les interesa es que no cierre el suministro de Bolivia a los Estados Unidos. El caso del presidente Chavez es casi que hasta hilarante: siempre y cuando el petróleo venezolano llegue a las refinerías norteamericanas, el presidente Chavez puede gritarle a los “yankees de mierda” todo lo que quiera. El caso paradigmático de toda esta lógica, el cual no es estudiado mucho por estas regiones del mundo, es Tailandia. Tailandia ha sido el único país del sudeste asiático que no ha caído presa de las invasiones europeas. ¿Como pudo Tailandia, país mucho más pequeño que China y mucho menos industrializado que Japón, no ser víctima del imperialismo europeo? La razón es muy sencilla: cuando los europeos llegaron a Tailandia para solicitar que los dejaran comerciar, el Rey tailandés hizo algo con lo que no contaban los europeos: aceptó comerciar. Al hacerlo, el mensaje para los europeos fue claro: se enfrentaban a un país del cual no sabían nada, pero que entendía la importancia del comercio, y al hacerlo podía igualarlos en fuerza. En épocas en las cuales el espionaje no existía y la inteligencia hasta apenas estaba siendo tangencialmente definida por Maquiavelo, tanto ingleses como franceses, a sabiendas de lo costosas que eran las guerras, prefirieron entablar directamente relaciones con Tailandia y los Tailandeses tuvieron 400 años de paz en lo cuales los ingleses no interfirieron en sus asuntos internos, incluso la revolución de 1932 fue una revolución pacífica. El caso de Tailandia fue el que impulsó la famosa reforma Meiji en el Japón, los japoneses, después de que los Estados Unidos los obligaron a comerciar, se dieron cuenta de que los occidentales solamente respetaban a aquellas naciones que veían como iguales, es decir, Estados-Naciones que estuvieran organizadas política, económica y militarmente. Y así fue que se reorganizaron para jugar por las mismas reglas que jugaban los occidentales, y de esta manera llegaron incluso, hasta antes de los trágicos hechos de 1945, a ser una potencia regional. Volviendo entonces a los ingleses, a diferencia de los Romanos, Macedonios, Aztecas, Mongoles o Españoles, los británicos no tenían la intención de derrotar a los pueblos extranjeros por la fuerza inicialmente. No rehuían a una guerra si esta era necesaria, pero en un principio, siempre llegaban a los lugares con intenciones de querer comerciar; si esto no funcionaba, su segunda movida era llevar a este pueblo reacio a la guerra con otra nación, también extranjera y apoyada por ellos, pero que de cierta manera pudiera gozara de legitimidad para sus conquistados. Finalmente si nada de esto funcionaba, si no había otra nación para causar una guerra o su nación aliada perdía, el “imperio” inglés se retiraba y solamente atacaba con su propio ejército si, en el marco de la diplomacia internacional, los contendores daban el primer golpe, cualquiera que este fuera. Si vencían en la guerra, obligaban al gobernante local a que accediera a sus demandas, en caso contrario simplemente le daban el poder a otro gobernante local. Dejaban un enviado especial ahí para que le informase a la corona sobre cualquier movimiento irregular, pero el pueblo, a pesar de haber perdido la guerra, seguiría teniendo independencia política. Esta es a “groso modo” la esencia de la política exterior británica, la cual ha sido emulada por los norteamericanos en su esencia, pero con algunas variantes propias de los contextos políticos y los avances tecnológicos. En esencia a los norteamericanos tampoco les gusta mucho la guerra o invadir un territorio extranjero, porque esta misma sigue y seguirá siendo la antitesis del accionar del un gobierno dentro de una democracia liberal: demasiado impopular y traerá consecuencias electorales, y además, puede resultar siendo demasiado cara. Cuando uno revisa el accionar de los Estados Unidos a través del siglo XX, se da cuenta de que copiaron la estrategia inglesa, solo que le añadieron el tema de la inteligencia y de este modo fue que empezaron con los temas de la creación de inestabilidad dentro de un país y los golpes de Estado. El modelo de William Dulles en la CIA sirvió para prescindir de la promoción de guerras internacionales ajenas para conseguir objetivos propios y permitió el uso de las guerras internas y los golpes de estado como forma de obtener el mismo resultado. Irán en 1953, Guatemala en el 54, Bahía de Cochinos en el 61 y Honduras en 2006, entre otras, son prueba fehaciente de esta forma de “política exterior inglesa nivel 2” que se mantiene aún hasta nuestros días. Dicha política ha tenido sus interruptus, en 1915, el presidente idealista Woodrow Wilson, premio Nobel de la Paz y creador de la Sociedad de las Naciones, invade Haití con el ánimo de pacificar la dura situación que se vivía en la isla. En 1993, los Estados Unidos entran en Somalia con el ánimo de mantener la paz y enviar alimentos, en 1950 los Estados Unidos salen en ayuda del Gobierno de Corea, 1965 en Vietnam y en 2001 George W. Bush decide invadir Irak y Afganistán. En todos estos casos el “imperio” de los Estados Unidos ha salido muy mal librado. Y generalmente, el descalabro de la derrota política subsiguiente a la aparente victoria militar, hace que las clases dirigentes estadounidenses se olviden de pensar en intervenciones armadas, al menos por una generación y por esto estas invasiones están tan separadas entre sí cronológicamente hablando. Ahora bien, dejando de lado las invasiones, la política estadounidense, se ha centrado, al igual que su mentor inglés, en la mayoría de los casos en la destitución de los gobernantes que no le son afines y la imposición de unos nuevos que si sean de su interés, y sin embargo, esta política tampoco les está resultando como esperaban, básicamente por dos factores básicamente: el primero es que esta estrategia fue ideada por los ingleses en momentos en que vivían en una monarquía y trataban con monarquías a su alrededor. Básicamente era una idea de estrategia monárquica, entre monarquías y para monarquías, y precisamente por eso les dio tanto resultado a los ingleses, porque el gobernante que imponían en un lugar, se mantenía en el gobierno durante toda su vida y su linaje continuaba gobernando, el caso más paradigmático de esto es Arabia Saudita, el cual ha sido un país que se ha mantenido relativamente estable durante todo el tiempo de su existencia como estado, o el de Cachemira, que es un ejemplo totalmente opuesto. En el caso de las democracias, la idea no les es tan funcional, en tanto y en cuando, el mandatario solamente tiene un término limitado de tiempo. Esto explica porque los norteamericanos prefirieron apoyar dictaduras durante la guerra fría, porque probablemente el final de un mandato democrático liberal podría convertirse en el inicio de un proyecto marxista socialista, avalado por las urnas. Antes de esto, simplemente se conformaban con que el presidente del país dentro de su esfera de influencia hiciese lo que quisiese siempre y cuando no hiciera algo que fuera contra sus intereses, los cuales eran básicamente que los países siguieran comerciando su materia prima con ellos y no con ninguna otra potencia, o, muy de la mano con esto, no permitir la influencia de ningún otro país dentro de su propia área. El otro escollo que ha encontrado esta estrategia es que muchas veces los gobernantes que pusieron como “títeres” les dan la espalda, como fue el caso de Saddam Hussein. La historia de Irak de por sí ya era bastante trágica aún desde antes de que llegara Saddam Hussein al poder, una amalgama de tribus distintas forzados a vivir como un solo estado-nación por la ambición inglesa. Saddam Hussein le era necesario a los Estados Unidos y lo apoyaron, tanto financiera como militarmente hasta el momento en que el títere adquirió vida propia. Manuel Noriega en Panamá, Idi Amin Dada en Uganda y Osama bin Laden en Afganistán, son otros ejemplos de “títeres del imperio” que han terminado adquiriendo vida propia. Finalmente, la estrategia no solo tiene sus fallas, sino que además tiene un talón de Aquiles. Este lo descubrió un político indio llamado Mohandas Karamandatch Gandhi, apodado el Mahatma (alma grande) y quien últimamente es más y más olvidado a nivel internacional. Entre una de las innumerables enseñanzas que se pueden extraer de lo propuesto por Gandhi, está el tema de la esencia en sí de la geopolítica, lo cual es algo con lo que no contaban los ingleses. Es decir, la idea es esperar que el adversario del primer golpe y con base en ese primer golpe se justifica cualquier envío de ejército para que pelee con el ejército extranjero. Pero ¿y si el adversario no da ese primer golpe? ¿Y si ante el envío de las tropas se encuentran con que no hay un ejército del otro lado, ni amenaza alguna, pero tampoco a nadie que les va a dar lo que quieren? Con esta estrategia se le propinó una estruendosa derrota al que era el “imperio” más poderoso del mundo, y por eso, este servidor no parará de mostrar sus respetos por naciones tan avanzadas como la nación costarricenses, la nación suiza o la nación japonesa que tímidamente están dando muestras de que si es posible un mundo mejor. Podemos en síntesis sacar las siguientes conclusiones: – No existe tal cosa como un “imperio”, entendido en su concepto clásico y actualmente la mayoría de las naciones del mundo goza de libertad política, es decir, la libertad de elegir a sus gobernantes, y también de una relativa libertad comercial, es decir, pueden escoger con quien comercian. El contrabalance mundial hace muy difícil que actualmente una de las potencias intente socavar militarmente los intentos de una nación por reforzar lazos comerciales con otra. – Este “imperio” no está interesado en el control político de ningún territorio distinto del propio, es por esto que los miedos de Brasil de una invasión estadounidense al amazonas o de un derrocamiento del presidente Chavez por la vía militar en el marco de la llegada de personal militar norteamericano a 7 bases adicionales en Colombia, no pasa de ser una estrategia politiquera para darle legitimidad a la ideología. – En América Latina, tanto en sus gobiernos de derecha como de izquierda, se está manejando tiene un concepto errado sobre la forma como opera este imperio y ni siquiera hay consenso sobre del imperio del cual se está hablando (¿Norteamericano o inglés?). – La estrategia que realmente utiliza el imperio tiene sus fallas y puede ser neutralizada.

DE LA EDUCACIÓN REVOLUCIONARIA: UNA RESPUESTA EQUIVOCADA A LA PREGUNTA QUE NADIE SE HIZO

In Uncategorized on agosto 22, 2009 at 6:55 pm

 

La política en América Latina generalmente se ha manejado de acuerdo con una máxima: lo urgente no deja tiempo para lo importante. Las soluciones rápidas están a la orden del día, porque lo importante es que el electorado vea los cambios antes de la finalización del periodo, como una especie de estrategia para manera mantener a la persona o colectividad en el poder. Esta nefasta práctica ha logrado impedir la formulación de proyectos de largo plazo, sobre todo en las áreas más importantes. Así, la situación futura de los países latinoamericanos se ve cada día más comprometida, máxime porque no existe una visión de país para ese entonces, una vez más, lo urgente no ha dejado tiempo para lo importante. Y este ha sido el triste caso de la educación, el área que ha sido una de las más descuidadas para todos los gobiernos, tanto de izquierda como de derecha. Infortunadamente para el pueblo venezolano, la reforma que se impuso en días pasados difícilmente servirá para la creación de una sociedad mejor; la gran mayoría de los elementos de dichas son sumamente cuestionables. A continuación se hará una reflexión sobre este tema, mostrando los pocos aciertos y los errores de la reforma educativa en Venezuela; para finalmente se intentará esbozar un camino de reforma educativa más efectivo si se quiere alcanzar una sociedad mejor en el futuro.

Es importante mencionar, antes de seguir, que cuando se hace mención a la educación, esta no solo hace referencia al conjunto de enseñanzas técnicas y científicas que se les imparten a las mentes jóvenes de un país, sino que engloba un concepto más amplio. La educación, entendida para efectos de esta reflexión, incluye esencialmente temas de ética y comportamiento, las cuales no se enseñan en la escuela o universidad, estas se aprenden básicamente de la familia y de la sociedad en la que se vive.

Si se tuviera que empezar a reflexionar sobre el tema de la reforma educativa venezolana, lo primero que uno podría pensar es que, en principio, el gobierno venezolano decidió encarar el área más fundamental en el desarrollo de cualquier país: la educación.

De acuerdo con el PREAL, organización brasilera especializada en el tema de la educación, las reformas educativas en América Latina han sido insuficientes para alcanzar un sistema educativo efectivo;

Se ve poca evidencia de que la calidad de la enseñanza esté evolucionando en formas que mejoren el aprendizaje de los estudiantes en cualquier momento cercano. Para asegurarse, muchos países están reformando sus programas de capacitación docente. Pero necesitan hacer mucho más. Pocos países han definido lo que significa una enseñanza efectiva…

Muchos países han reconocido que la educación es más importante que nunca en la promoción del crecimiento económico, reducción de pobreza y desigualdad, y la consolidación de la gobernabilidad democrática. Ellos están respondiendo por medio de una mayor importancia a la educación y la reformulación (o el intento de reformulación) de sus políticas educativas. Muchas de estas reformas se centran, al menos retóricamente, en una mejoría de la calidad de la educación…”

Como bien está anotado anteriormente, más allá de cualquier discurso político, la educación es fundamental para el futuro de un país y es la clave para la solución de la mayoría de los problemas que actualmente aquejan al continente. Pero una vez más, lo urgente no da tiempo para lo importante; rara vez ha estado la educación dentro del debate político, porque la siguiente elección es más importante, y la educación es un área en donde los resultados solamente se verán dentro de varios años, seguramente el electorado no podrá determinar exactamente a que presidente se le deberá agradecer la decisión. Es más, el asunto podría incluso hasta resultar políticamente inconveniente si los cambios planeados hace tanto tiempo solamente empiezan a ser visibles durante la gestión de un político opositor…

En este asunto el gobierno venezolano creyó que había encontrado la solución al problema, pero erró al penalty. En principio la solución parece acabar con el problema de la política electoral: se hace una reforma educativa inmediata, y se hace bajo un gobierno “democrático” que tiene asegurada su estadía por varios años más. No quedará duda de quien será responsable por los logros que se obtengan en el futuro. Sin embargo, el verdadero problema educativo abarca varios elementos más, los cuales no fueron considerados dentro de esta reforma.

No obstante, en principio, dentro de toda la concepción de la reforma educativa en Venezuela, el gobierno solamente tuvo tres aciertos; los dos primeros se han mencionado ya, el primero es que puso el tema de la educación dentro del debate político de un país y la volvió parte de una concepción de sociedad, aunque se pueda estar en total desacuerdo con dicha concepción, en pocas palabras, puso parcialmente a la educación cerca del lugar que le correspondería en una sociedad desarrollada; en segunda instancia, la reforma fue pensada e implementada pensando en resultados a obtener a largo plazo, dejando de lado el problema de la conveniencia o inconveniencia para una futura campaña electora. Lo tercero, es que acabó con el negocio privado de la educación: si algo tienen en común todos los países desarrollados es que su sistema de educación pública es superior a su educación privada, garantizando así que tendrán una ciudadanía altamente capacitada para el futuro, no cabe duda que si se quiere alcanzar desarrollo, más allá de tasas de interés o altos gastos militares o discursos políticos, se necesita de una sociedad que actúe bajo unos mismos principios y se guíe por unos valores compartidos, es decir por un mismo ethos o, utilizando un término más arriesgado aún, por una misma espiritualidad. Infortunadamente, la única entidad que está en capacidad de inculcar tal ethos/espiritualidad a una sociedad es el Estado, así que en principio, la revolución bolivariana, también le atinó al hecho de que una reforma educativa efectiva, necesariamente tiene que pasar por un protagonismo estatal en el suministro de este servicio.

De una vez es importante hacer la aclaración que esto no necesariamente significa que el Estado deba tener el control de TODAS las instituciones educativas, ni en TODOS los niveles, como está haciendo la llamada revolución bolivariana, y ahí viene el primer error de esta reforma. No tuvo en cuenta a quien, ni en que niveles se debe aplicar. Así como las razones por las cuales el Estado se está apoderando de dichos niveles son sumamente cuestionables.

De atrás para adelante, si se está llevando a cabo una reforma educativa para inculcar ciertos valores políticos dentro de una sociedad, ello no va a ser garantía de que la sociedad vaya a mejorar en el futuro, simplemente va a garantizar que habrá temas dentro de la agenda que le importarán más al electorado. La reforma a la educación en Venezuela implica que el Estado controlará los procesos de ingreso, permanencia, y ascenso de los docentes en instituciones educativas privadas o públicas, lo cual parece estar más encaminado a controlar lo que los profesores enseñan, cual estado totalitario. Y en ningún caso debe el Estado controlar lo que se dice o piensa dentro de una universidad, eso no cumple con ningún objetivo y no logra nada: no es posible y es hasta violatorio de los derechos humanos, hacer que un estudiante, en pleno proceso de formación, cambie la forma de pensar sobre determinadas realidades y aún así se lograse que, por cualquier medio disponible, el mundo académico acepte que no hay camino de salvación posible por fuera de la revolución bolivariana, ello no la haría una política correcta. Así que en ese sentido, esta revolución que tarde o temprano caerá como han caído las otras revoluciones, hace mal al tratar de imponer una estatización dentro de la educación universitaria de su país.

El tema de los valores políticos es sumamente importante, porque cuando lo que se busca es inculcar valores políticos y no valores sociales determinados en una sociedad se está poniendo en peligro el futuro de un país.

Si el objetivo es que los ciudadanos del futuro acaten los planteamientos del llamado socialismo del siglo XXI aceptando sus verdades como si fueran dogmas, entonces en el futuro, lo que se tendrá es una sociedad de intransigentes, y más peligroso aún, un futuro ejército dispuesto a hacer lo necesario por defender su revolución. Nada más lejos de la creación de una ciudadanía capaz de conformar una sociedad más desarrollada.

Así que para resumir lo que se ha expuesto hasta acá: la reforma educativa en Venezuela tiene el objetivo de inculcar a los jóvenes valores políticos parcializados y que no han funcionado en ninguna otra parte del mundo, como si fueran verdades. Este objetivo político será conseguido solamente por medio de la formulación del programa educativo para todas las instituciones del país y del constante monitoreo a todas las clases impartidas dentro del país, y tal control se ejercerá sobre los estudiantes que ya tienen clara una forma de pensar determinada.

El futuro entonces no parece tener nada bueno en espera para la educación en Venezuela, sin embargo antes de terminar, sería importante hacer una propuesta sobre como debería ser una política pública de educación más efectiva.

Para ello, es necesario reiterar que la educación comprende no solamente el conjunto de conocimientos académicos para elevar el nivel de calificación laboral de los ciudadanos, sino que también incluye el acervo moral de la sociedad y del futuro ciudadano.

Y es el comportamiento de la gente lo que han tenido en común las políticas que han hecho a las grandes civilizaciones. La revolución cultural de Mao Tse Tung apuntaba a lograr que todos los chinos pensaran de una misma manera así como el modelo del New Deal de Franklin Delano Roosevelt apuntaba a lograr un cambio en la concepción de los ciudadanos norteamericanos.

La siguiente es una parte del famoso discurso que pronunció el mismo Roosevelt en el día de su posesión.

Si, los comerciantes financieros se han fugado de sus altos cetros en el templo de nuestra civilización. Nosotros ahora podemos restaurar ese templo a sus verdades antiguas. La medida de la restauración radica en el grado en el que aplicamos los valores sociales más nobles que las simples utilidades monetarias.

La Felicidad no radica en la mera posesión del dinero; radica en la alegría del logro, en la emoción del esfuerzo creativo. La alegría, la estimulación moral del trabajo no debe ser olvidada en esta absurda carrera por las utilidades banales. Estos días oscuros, amigos míos, valdrán todo lo que nos han costado si nos enseñan que nuestro verdadero destino no es ser gobernados, sino ser nuestros propios gobernadores, hacia nuestros compatriotas.

El reconocimiento de aquella falsedad de la riqueza material como el estándar de éxito va muy de la mano con el abondo de la falsa creencia que la administración publica y las altas posiciones políticas deben ser valoradas solamente bajo los parámetros del orgullo del cargo y las ganancias personales; y debe haber un fin para la conducta en los banqueros y los comerciantes la cual en varias ocasiones ha dado una esencia sagrada al gusto por los hechos errados egoístas y crueles.

No hay duda de las razones por las cuales se desvanece la confianza, ya que esta prospera solamente sobre la honestidad, el honor, la sacralidad de las obligaciones, la protección leal y un desempeño desinteresado; sin ellos, no puede vivir”.  

Infortunadamente, esto es algo que no se puede enseñar en el colegio, esto se aprende de la educación que se recibe en el hogar y de la interacción en la sociedad. La ética no se puede dejar simplemente en manos de una simple clase de universidad o de colegio. Evidentemente si lo que se busca es cambiar los valores morales, la interacción con la sociedad que implanta dichos valores tiene que ser interrumpida. Esto tal vez pueda sonar un poco duro, sin embargo, las sociedades latinoamericanas deben, en algún momento enfrentarse a una verdad por incómoda que esta sea: todos hemos fallado.

Los grandes problemas sociales, de narcotráfico, pobreza, violencia e inseguridad que aquejan a todos los países latinoamericanos son producto de toda la planificación (o falta de la misma) que se hizo durante los últimos 20 años. Son culpa de la falta de educación en valores que toda la sociedad recibió en el pasado. La sociedad entera fue educada con los valores que Roosevelt tanto criticó, y esos menores que fueron educados pensando en el alto valor que debería tener el dinero y usando anti-héroes como modelos sociales, son actualmente los narcotraficantes, criminales, políticos, policías y empresarios corruptos que pululan por nuestras calles; y todos esos menores que antes miraban hacia el otro lado cuando alguno de sus populares compañeros hacía alguna “inocente” fechoría, son actualmente los mismos ciudadanos indiferentes quienes prefieren creer que la situación de su país no los atañe.

Hemos fallado. Eso se puede ver en la cantidad de familias destruidas y violencia social que se vive en todas las calles de América Latina. También se puede ver en los altos grados de desigualdad y, más que en los grados de desigualdad, en la displicencia del que tiene el dinero concentrado y en la violencia del que no lo tiene. Radica en los altos grados de exclusión y en la progresiva eliminación de la clase media. El siguiente es un aparte del discurso de Mohandas Karamandatch Gandhi en la Universidad de Banaras en Febrero 2 de 1916:

            “He virado la luz de búsqueda a todos lados, y, en la medida en que ustedes me han dado el privilegio de escribirles, estoy mostrando mi corazón desnudo. Seguramente, debemos tener estas cosas en claro en nuestro progreso hacia el auto-gobierno. Ahora los introduzco a otra escena. Su Alteza, el Maharaja quien presidió ayer sobre nuestras deliberaciones, habló sobre la pobreza en India. Otros oradores hicieron mucho énfasis en ello. ¿Pero que pudimos presenciar en el gran pandal en el cual la ceremonia de fundación fue celebrada por el virrey? Evidentemente, el show más estrambótico, una exhibición de joyería, el cual hubiera sido un festín esplendido para los ojos del más grande joyero de París. Yo comparo a los hombres ricos ostentosos con los millones de pobres. Y siento ganas de decirle a estos hombres nobles: “No hay salvación para la India a menos que ustedes se desnuden de esta joyería y la pongan al cuidado de sus coterráneos de la India.” Estoy seguro de que no es el deseo del Rey-Emperador o de Lord Hardinge que para mostrar la más alta lealtad a nuestro Rey-Emperador, sea necesario para nosotros revisar nuestras cajas de joyería y aparecer ostentosos desde la cabeza hasta el cuello. Yo me comprometería, ante el peligro de mi vida, de traerles el mensaje del Rey Jorge en persona diciendo que él no espera nada parecido…

… Pero aún así, simplemente diré esto, que quiero limpiar a India de esta atmósfera de sospecha en todos lados, si queremos alcanzar nuestro objetivo; debemos tener un imperio que esté basado en el amor y el respeto mutuo. ¿No es mejor que hablemos bajo la sombra de esta universidad que hablar irresponsablemente en el hogar? Considero que es mucho mejor si nos decimos las cosas abiertamente. Yo he hecho esto con excelentes resultados antes. Yo sé que no hay nada que los estudiantes no sepan. Yo estoy, por tanto, virando la luz de búsqueda hacia nosotros. Mantengo en tan alta  posición el nombre de mi país, que estoy intercambiando estos pensamientos con ustedes y les reitero que no hay espacio para las anarquía en la India. Digámosle abierta y francamente lo que queramos a los gobernantes, y enfrentemos las consecuencias si lo que hemos dicho no les complace. Pero no abusemos.

Ahora bien, no basta con simplemente interrumpir la implantación de los valores perversos que dominan a una sociedad; lo fundamental es implantar los correctos. Estos valores correctos entonces deberían estar divididos en tres categorías:

–          Valores comportamentales

–          Valores económicos y sociales

–          Valores éticos/espirituales

Considerando esto, la política pública de educación adecuada deberá consistir en lo siguiente:

–          Una apropiación por parte del Estado de la educación desde el nivel preescolar hasta el nivel de educación media. No implica ello que se tenga que acabar totalmente con la educación privada en los niveles de preescolar hasta la educación media, pero estos niveles de educación, tanto en calidad como en cantidad, tienen que estar mayoritariamente en manos del estado. Incluso, el Estado puede dejar de intervenir en cualquier otra área que pueda ser o no de su incumbencia, siempre que esté en capacidad de brindar educación a su población.

–          Esta apropiación deberá estar encaminada a que los menores pasen el mayor tiempo posible dentro de las aulas de clase, con una carga académica mayor a la que se tiene actualmente, preferiblemente en alguna especie de semi-internado, considerando que se tendrán los fines de semana libres para pasar en familia y también considerando que los padres nunca perderán la patria potestad.

–          A partir de los años más tempranos, la educación de los menores debe quedar en manos de personas especializadas en educación y desarrollo, también deben participar cientistas sociales y líderes espirituales. El objetivo es que desde estos años tempranos se les inculque a los menores conductas pacíficas, sentido de comunidad, ética nacional, amor por el conocimiento y desarrollo personal. Como alguna especie de mezcla entre la educación Waldorff, la educación estatal y las teorías del desarrollo personal. La educación religiosa podría ser opcional, sin embargo, la educación espiritual, la cual es totalmente distinta a la primera, debe formar parte del programa académico obligatorio.

–          Finalmente, a mitad de su educación primaria, se puede empezar a suministrar una intensa carga académica, sin dejar de lado lo anteriormente mencionado, hasta el momento en que el joven cumpla los 18 años y salga a desempeñarse en el mundo.

Ad Calendas

Tratado de San José vs. Cumbre de UNASUR: Lecciones para una Resolución de Conflictos efectiva

In Uncategorized on agosto 3, 2009 at 7:54 pm

América Latina actualmente atraviesa específicamente dos grandes conflictos, que pueden traer cambios significativos dentro de la situación en la que se encontraba el continente y en la forma como se había venido conduciendo la política regional hasta el momento. El conflicto de Honduras progresivamente se va acercando a lo que Marifeli Perez-Stable, en el Miami Herald, llamó un juego de tablas. Cada vez se va a agotando la salida negociada, a pesar de los ingentes esfuerzos del presidente Oscar Arias por lograr un acuerdo entre las partes que lleve a la estabilidad nacional. Estos esfuerzos, que a su vez también parecieran ser los esfuerzos de la OEA por salir de la difícil situación en la que esta se encuentra, todavía no han mostrado frutos evidentes: el presidente Zelaya sigue deambulando por las Américas y ahora resulta que las manifestaciones están resultando en muertes, lo que agrava aún más la situación. Si bien es cierto que el presidente interino, Roberto Micheletti se ha mostrado más solícito a una negociación que incluya la reinstauración de Zelaya en el poder, le ha sido difícil darle fuerza a la iniciativa, ya que, de cierto modo, él es el máximo responsable de la politización de dicho conflicto. No se puede olvidar el hecho de que esta discusión no tendría el peso y la gravedad que tiene actualmente, si el Congreso hubiera aprobado la destitución de Zelaya antes de que lo sacaran del país y si el presidente Zelaya hubiera sido sometido a un juicio justo por los delitos que cometió, en lugar de haber sido expulsado a tempranas horas de la madrugada. Es cierto, entonces que la alternativa costarricense no ha tenido éxito, si se considera el hecho de que el conflicto no ha podido resolverse. Máxime aún, si se considera que la Agencia EFE reveló que los seguidores de Zelaya están “recibiendo entrenamiento” en Nicaragua. Sin embargo, estas negociaciones aún no han terminado, si bien es cierto que el tiempo está pasando en beneficio del gobierno de Micheletti, la propuesta todavía no está totalmente desechada y, viendo la cada día más flexible posición del gobierno interino, todavía existe la probabilidad de que se llegue a un acuerdo. Más que pensar en el hecho de que no ha logrado resultados positivos, lo que hace que los esfuerzos de Arias/OEA sean realmente rescatables, es el hecho de que a pesar de que esta situación es un juego de tablas, las negociaciones todavía no han fallado. Cabe añadir además que los puntos del Acuerdo de San José son una salida que ha sido calificada por una gran mayoría de expertos como viable, para la salida de la crisis. Situación distinta se podría pensar del papel de Brasil/UNASUR en su intento por resolver el complejo conflicto que existe entre Colombia y Venezuela. Durante una rueda de prensa, Celso Amorim, canciller brasilero, había expresado su voluntad de mediar para el reestablecimiento de relaciones entre los dos países, una vez que el gobierno colombiano sorpresivamente las hubiera puesto en vilo, debido al hallazgo de cinco lanzacohetes de fabricación sueca en campos de las FARC, que supuestamente pertenecían al ejército venezolano. Sin embargo, al poco tiempo, el gobierno de Brasil anuncia, junto con su homólogo de Chile, tratar el tema de las bases colombianas dentro de la conferencia de UNASUR con el propósito de pedirle explicaciones al gobierno colombiano sobre dichas bases. El mismo ministro Amorim, comenta ante al diario brasilero Folha de São Paulo, que el objetivo es que el gobierno colombiano “explique mejor” el uso que se le dará a esas bases. Este panorama pone a la naciente UNASUR en una posición difícil, porque está incurriendo en una contradicción, lo cual, en una etapa tan temprana, puede tener significados importantes para el futuro de la iniciativa. No se puede olvidar que, cuando nació UNASUR, se hizo con una intención metapolítica, como diría el filósofo Alberto Buela, es decir, con una intención de ir más allá de las ideologías políticas. Esta iniciativa de por sí tiene muy altas probabilidades de fracasar (y en este punto es muy diciente el trabajo que hicieron Tomás Ayuso, Romain Le Cour Graimason y Guy Hursthouse del Consejo para Asuntos Hemisféricos), ya que si el consejo cae en la trampa ideológica y deja de lado sus aspiraciones metapolíticas, muy probablemente se fragmente y configure su propio entierro por ese mismo camino. Visto desde ese punto, y entendiendo la actual situación colombo-venezolana actual, considerando una variedad de elementos de antecedentes de esta crisis y de elementos actuales, el intento de Brasil de mediar en el conflicto a través de UNASUR, pero con una postura abiertamente pro-venezolana, puede ser totalmente contraproducente, por no decir letal. Y las muestras de ello se están viendo. La entrada de Colombia a UNASUR estuvo siempre llena de muchos obstáculos, y cuando el presidente Uribe finalmente accedió, el gobierno de Colombia estuvo del mismo lado que gobiernos tan antagónicos como el gobierno del Ecuador en asuntos como la solución de la crisis boliviana. Evidentemente, dentro de las tres condiciones que el presidente Uribe le había puesto al presidente Lula para entrar en la UNASUR estaba la de no apoyar grupos armados distintos a los grupos militares reconocidos de los Estados. Siguiendo esta lógica, se puede entender como fue posible que el gobierno colombiano haya apoyado a un gobierno tan contrario al suyo como el boliviano, pero el hecho es que tal apoyo se dio. Ahora, que el gobierno brasilero prácticamente se enfila del lado de Venezuela para resolver el conflicto, el gobierno colombiano vuelve a abstenerse de participar en las reuniones de UNASUR, y esto no puede tener repercusiones positivas ni dentro de UNASUR ni dentro del continente en general. Una de las lecciones que se podrían aprender de las negociaciones de San José es que no se puede ver un conflicto en términos de buenos y malos o en términos de dejarle toda la culpa a una de las partes, y en este caso esto es vital. Es innegable que no es un acto de buena fe haber acusado al gobierno venezolano por un hecho que perfectamente pudo haber sucedido en algún momento pre-marzo de 2008. El New York Times publica un artículo en el que dice tener informes de inteligencia que confirman que aún después de los sucesos de Marzo, el gobierno venezolano siguió apoyando a las FARC, aún así, el reclamo del gobierno colombiano ni siquiera hace mención de esto, simplemente se centra en unos lanzacohetes de los cuales no se tiene estricta certeza como terminaron en campos de las FARC y que perfectamente pudieron haber adquirido hace bastante tiempo. En este punto, el gobierno de Brasil también está un poco mal encaminado. Según el canciller Amorin, las armas son un tema menor y no deben ser tomadas en cuenta. En este caso aplica exactamente el argumento del secretario de la OEA José Miguel Insulza, cuando al inicio de la crisis, condenó el golpe, cerró cualquier posibilidad de diálogo y apoyó su postura diciendo “a los presidentes del continente no les interesa la cuarta urna, ni los artículos pétreos, a los presidentes lo que les interesa es que se restituya al presidente Zelaya al poder”, es decir, los asuntos internos del país, son los asuntos internos del país y eso no nos interesa. De haber seguido este razonamiento, el acuerdo de San José jamás habría visto la luz del sol, en primera instancia. Es cierto que nadie, fuera del gobierno venezolano y las FARC, puede aseverar exactamente como es que llegaron las armas del ejército venezolano a poder de las FARC, razón de más para seguir criticando las acciones del gobierno colombiano. También es cierto que el gobierno colombiano no debió haber elevado el tema a una queja diplomática que involucrara al gobierno sueco y pusiera al gobierno venezolano contra las cuerdas porque precisamente, eso no es un acto amistoso. Pero este fue el hecho que dio inicio a la crisis, e, independientemente de la explicación para el mismo, ello solo, implica que el asunto de las armas si debe ser tenido en consideración, por lo menos si se quiere adelantar un proceso de diálogo que lleve a una normalización de las relaciones. El siguiente error craso de la mediación brasilera radica en el reclamo ante UNASUR como tal. Es cierto, y eso no se puede negar, que el establecimiento de las bases estadounidenses en territorio Colombiano significan una amenaza para el gobierno venezolano. Maxime si se consideran los lugares que fueron escogidos para su operación, sobretodo la base de Apiay y la base de Malambo, que están mirando hacia la frontera y que están relativamente lejos de los lugares neurálgicos del narcotráfico y los asentamientos subversivos, que según el gobierno, son los problemas que estas basen quieren ayudar a resolver. Pero los brasileros parecen estar leyendo la situación desde una óptica bastante circunstancial, y así se pueden pedirle explicaciones a un gobierno y dejar de lado los hechos que antecedieron a la decisión. Desde esta óptica, el cuestionamiento brasilero debería ser por ese estilo, pero debería tener un enfoque totalmente diferente. Para poder explicar mejor esto, es necesario hacer una mirada retrospectiva sobre estos hechos. El evento más alejado en el tiempo que se podría encontrar para situar el inicio de esta crisis estaría en Septiembre de 2008, cuando el gobierno venezolano trae a su territorio armamento y militares rusos, en un ejercicio de cooperación entre las dos naciones. Sin embargo, para ver más en perspectiva este asunto hay dos hechos que sería interesante considerar: el primero es que, desde que se montó UNASUR tanto EEUU como Rusia han estado interesados en poder intervenir directamente dentro del mismo. En Octubre de 2008, el secretario del Consejo de Seguridad Ruso, Nikolay Patruscev, envía una carta a la Ministra Transandina de Defensa, Nilda Garré, solicitándole que se permitiera a Rusia integrarse al mismo, pero como observadora. La petición fue denegada. El segundo hecho importante a tener en cuenta anterior a la llegada del ejército ruso era la posición del gobierno colombiano con respecto a la instalación de una base militar norteamericana en su suelo. Desde que el presidente Rafael Correa había decidido no renovar el permiso a la base norteamericana de Mantia, los norteamericanos habían mirado con cierto antojo a Colombia. Sin embargo, apenas se supo en los medios que existía la probabilidad de que los norteamericanos establecieran una base militar en el país que le permite la entrada a Venezuela, el presidente Chavez, en Mayo 14 de 2008 pronunció la siguiente advertencia: “Esto es una cosa que nosotros no podemos aceptar. Eso, por ejemplo, es una cosa explosiva, porque entonces nosotros pudiéramos decir: ¿La Guajira venezolana hasta dónde llega? Venezuela era toda la Guajira. Ese terreno nos lo quitaron. ¿Ahora, qué quiere Colombia, qué volvamos a discutir eso?… “si van a montar ahí una base militar gringa, nosotros empezamos a discutir La Guajira completa” Y, en ese entonces el presidente Uribe decide responder con el siguiente comunicado: “No se ha hablado de una base militar, se ha hablado como siempre (…) de buscar fortalecer esa cooperación”. No se hará “nada que pueda válidamente darle la razón a un vecino de que lo estamos desafiando” Así las cosas, para esa época, la base militar norteamericana de Mantia no iba a ser trasladada a Colombia, a nivel personal, la apuesta iba a que el sitio más probable para la instalación de dicha base iba a ser Panamá. Entonces ¿porque cambió el gobierno colombiano de parecer? Ahora si regresamos al tema, de la llegada de los militares rusos. Dentro de la teoría de las relaciones internacionales se encuentra un planteamiento realizado por uno de los teóricos realistas más reconocidos mundialmente, Kenneth Waltz, según el cual, los estados buscan ante todo, mantener su posición dentro del sistema internacional y por ende tienden a reforzarse de acuerdo con las circunstancias que la estructura internacional fija. Siguiendo este orden de ideas, la llegada de los militares rusos, causó una gran inquietud dentro de ciertas clases políticas en Colombia, lo que obligó al gobierno colombiano a replantear su decisión con respecto a las bases norteamericanas. Desde entonces, el gobierno colombiano vino negociando secretamente la instalación de las bases con los norteamericanos. Viendo el escenario de esta forma, un verdadero intento de resolución de conflictos entre ambos países implicaría la discusión a nivel inter-regional sobre el papel que están cumpliendo las potencias extranjeras en la región. Esto evidentemente llevaría a preguntarle al gobierno colombiano su propósito para las bases estadounidenses, pero también obligaría a cuestionar la presencia de militares rusos en territorio venezolano. Aún más, podría llevar a un consenso sobre la presencia de tropas inglesas en las Malvinas, lo que sería un espaldarazo a la Argentina, entre otros asuntos de importancia. El asunto de fondo entonces sería ¿cual es el papel que están jugando las potencias extranjeras dentro de la región y que postura se debería tomar ante la presencia de una potencia extranjera en la región? Para no alargar más este comentario, hay en conclusión algunas lecciones que han dejado las negociaciones en Costa Rica que el gobierno brasilero debería considerar si quiere ayudar a ser parte de la solución del conflicto entre Colombia y Venezuela. – No se puede ser juez y parte en una negociación – No se puede considerar que los detalles que iniciaron el conflicto son irrelevantes. – No se puede ver los conflictos en términos de victimas y victimarios. – Hay considerar todos los elementos para poder llegar a soluciones que puedan ser aceptadas por las partes. – Siempre hay que mantener abiertas las puertas del diálogo, así la situación se mantenga en un elevado estado de tensión.

América Latina ad portas de la crisis

In Uncategorized on julio 22, 2009 at 10:54 pm

México invadida por el narcotráfico, el presidente Colom en Guatemala con su presidencia pendiendo de un hilo, Honduras acercándose cada vez más a la guerra civil, Ecuador, Colombia y Venezuela con el calendario todavía en Marzo del 2008, Perú paralizado y la OEA, además de intentar infructuosamente solucionar todos estos problemas, ahora parece tener la nueva función de decidir sobre los asuntos internos de los países: bajo esta óptica no solamente actúa con respecto a Honduras, sino que además recibe a los opositores del gobierno venezolano para oír sus reclamos. La situación es evidente: América Latina se encuentra al borde de la crisis.

Es tal el asunto, que la amenaza de una confrontación armada está latente desde Bolivia hasta México. Siguiendo la lógica de Mearsheimer (aunque en realidad Mearsheimer solamente concibió su teoría para las grandes potencias), la ofensiva en la que se encuentran sumidos los países latinoamericanos va a terminar llevando una confrontación tarde o temprano. Lo infortunado del asunto es que posiblemente esta confrontación no va a involucrar solamente a dos países.

Desde mi punto de vista, la crisis en la que actualmente se encuentra sumida América Latina es en realidad una suma de varias crisis que han chocado entre sí. Durante la crisis de Honduras varias veces diferentes analistas han utilizado la expresión: “Honduras se encuentra en un callejón sin salida”, pero la realidad actualmente está mostrando una visión más pesimista aún: América Latina se encuentra en un callejón sin salida.

El continente se ha topado con un sinfín de contradicciones internas, las cuales no solo se limitan al continente sino que han llegado hasta el corazón de los Estados Unidos.

En días pasados, el presidente de Venezuela, Hugo Chavez acuñó el concepto contradicciones internas del imperio, para señalar la crisis en la que está entrando la política norteamericana con respecto a al continente latinoamericano. Y acá vale la pena hacer la aclaración que es la política de Estados Unidos como tal, más allá del hecho de que cada día es mayor el desencanto latinoamericano con el presidente Obama, ya que está empezando a quedar en claro que el tal “cambio”, está muy lejos de darse. De acuerdo con el profesor James Petras, del think tank, Global Research, hubo dos factores que hicieron que las relaciones EEUU – América Latina dejaran de ser una relación en la que EEUU mantenía una hegemonía total sobre el continente: el primero es que evidentemente los temas de Asia han captado mucho más atención norteamericana, sobre todo los casos de China, India, Afganistán, Irán, Corea del Norte y Pakistán, lo que ha llevado a EEUU a relocalizar sus tropas y dejar mucho de su poder militar por fuera del continente. Atrás quedaron los años de Henry Kissinger en donde la política latinoamericana se forjaba desde la tristemente célebre “Escuela de las Américas” en Panamá. El segundo elemento que debilitó el poder de EEUU en la región fue la crisis económica, esta se encargó de que el soft power estadounidense se volviera cada vez más soft y menos power. Así, la crisis obligó a la superpotencia a volver a mirar hacia adentro. Y esto ha afectado de manera notoria la situación en América Latina. El último estudio de la CEPAL sobre el crecimiento económico en la región, mostró una caída significativa para los países cuyas exportaciones dependían mayoritariamente de Estados Unidos. México mostró una caída dramática de 7 puntos y los únicos países que mostraron un crecimiento fueron Perú, Haití, Argentina y Bolivia.

Concomitantemente a la caída estadounidense, el bolivarianismo ha empezado a buscar hegemones alternativos, y de esta manera, Ecuador entra en deuda con Irán, Venezuela hace ejercicios conjuntos con Rusia, Brasil se acerca más a África y a los países del Pacífico, y China se asienta con más fuerza en la región.

Considerando esta situación, ya desde la administración Bush, Estados Unidos había visto un cambio radical en la forma como se desarrollaban las relaciones con el continente latinoamericano. Después de vivir un siglo guiado por la “política del garrote“ que inició Theodore Roosevelt, con leves modificaciones de presidente en presidente, Estados Unidos de pronto se encontró con el hecho de que ya no podía seguir utilizando ese enfoque en América Latina y esto se hizo evidente en las crisis de Bolivia y Honduras. El debate en el senado norteamericano y la convocatoria a los expertos de ese mismo senado hizo evidente algo que hubiera sonado impensado hasta hace poco: Estados Unidos se encuentra dividido. A pesar de no ser muy seguidor del presidente Chavez, es evidente que Estados Unidos entró en una contradicción interna. Su forma de ver el mundo entró en crisis, pero hay una amplia gama del poder norteamericano que no está dispuesta a cambiar, a pesar de que no sea posible seguir por la senda tradicional.

Pero la crisis de Honduras mostró que la política exterior hacia Latinoamérica de parte de los Estados Unidos no es lo único que entró en crisis. Paradójicamente, el fondo de la crisis hondureña muestra una contradicción interna del bolivarianismo. Así es, el bolivarianismo también está demostrando que se acerca a ese punto del cual no puede avanzar más. Tanto la crisis de Bolivia, como la de Honduras han demostrado que el bolivarianismo es una serpiente que se muerde su propia cola: apela al pueblo, pero no reconoce a la totalidad de su población como el “pueblo”; solamente a los que los apoyan. Así que, antes de convertirse en un gobierno de conciliación nacional, lo que busca es la “eliminación” (obviamente en sentido figurado) de aquellos que no están de acuerdo; lo que en la teoría democrática se conoce como “la tiranía de la mayoría”. Por el otro lado, ante la expulsión de los diplomáticos venezolanos del territorio hondureño no se sabe cual será la participación del país bolivariano dentro del conflicto hondureño, y he aquí la contradicción más evidente del bolivarianismo: se está convirtiendo en aquello que precisamente repudia. Culpa a los Estados Unidos del problema hondureño pero si apoya a Zelaya militarmente, como varias veces lo ha amenazado el presidente Chavez, se convertiría en imperialista. Lleva el ejército ruso a Venezuela, pero manda a revisar las relaciones con Colombia ante la presencia de bases estadounidenses en el territorio del vecino país.

Hay en economía un concepto que se conoce como el óptimo de Paretto, que viene a ser algo así como el “punto culminante” Clausewitziano, ambos implican ese punto de balance perfecto, el cual, en caso de ser excedido, implicaría una situación contraria que podría incluso llevar a la derrota, y este es precisamente el caso bolivariano. Actualmente la figura del presidente venezolano es vista de manera totalmente opuesta por amplios sectores de la oposición, mientras unos lo idolatran, otros lo aborrecen. Y evidentemente en la sociedad hondureña esto ha calado en amplios sectores políticos y sociales. Es bastante improbable que el ALBA avance más de lo que ha hecho, el único país sudamericano que le faltaría por conquistar al bolivarianismo sería el Perú, y Umala Ollanta ya está preparando su discurso presidencial. Sin embargo es bastante improbable pensar que ese mismo “modelo” se va a imponer en Chile, Brasil, Argentina, Colombia, México, Panamá o Guatemala.

En este punto también es importante mencionar otro aspecto que también entró en crisis dentro del continente: el papel de Brasil. Al igual que los Estados Unidos, el Brasil también decidió mirar hacia el otro lado de los océanos. De acuerdo con el profesor Bernardo Quagliotti De Bellis, Brasil siempre concibió que hacia el norte solamente existían dos espacios: el Caribe próximo y el Caribe distante.

El Brasil siempre le dio importancia a los asuntos que se limitaran estrictamente a sus fronteras. Su cooperación con la MINUSTAH en Haití puede ser interpretada más como un intento de figurar como actor relevante a nivel mundial, más que como un elemento de su política hacia el resto de América Latina. La reciente intervención del representante brasilero en la OEA, quien infructuosamente insistió en más presión para Honduras y el “opacamiento” de UNASUR por parte del ALBA, deberían ser considerados como alertas para una política exterior brasilera más agresiva dentro del continente, el cual cada día se polariza más.

Y esta polarización a la que tiene a América Latina en medio de la crisis. El bolivarianismo quiere reordenar completamente la situación latinoamericana y se encuentra con amplios sectores y países que no están dispuestos a aceptar las condiciones de tal reordenamiento. Y este estancamiento es precisamente el que se ve en el “affair” hondureño: Zelaya no puede ser reinstituido por el simple hecho de que tendría a todas las instituciones en su contra, pero la actual situación también es inaceptable. Lentamente todo parece avanzar hacia el conflicto armado. Manuel Zelaya expresó su voluntad de regresar a Honduras sin importar las consecuencias que ello traiga. El gobierno de facto, que en un principio intentó mostrarse como defensor de la democracia, cada vez da mayores muestras de que su golpe nada tuvo que ver con motivos distintos a los motivos políticos, y que simplemente se encuentra interesado en dejar a Zelaya por fuera del poder. Y la opción costarricense, que se había mostrado como la única opción para encontrar una salida negociada al conflicto, cada vez se encuentra más aislada, recibiendo duros golpes de parte de todos los actores regionales, mordida de lona a la que se le suma perfectamente su patrocinador, la OEA.

Son las diferencias irreconciliables las que llevan a las guerras. Es ciertamente preocupante que haya facciones del gobierno de facto que estén reconociendo que se reunieron con el presidente Martinelli en Panamá y con el Presidente Uribe en Colombia, en pleno momento en que se reaviva la crisis del norte del sur. Esto es simplemente la muestra de un intento por revertir políticamente el vuelco que ha tomado América Latina. Este débil intento de formar una alianza que se enfrente al bolivarianismo, pero formada por países que no tienen ningún tipo de cohesión y recursos escasos no puede augurar nada bueno. La retórica bolivariana fácilmente puede argumentar que esto tiene la marca de Estados Unidos. Sin embargo eso es difícil de creer por un hecho que puede o no puede ser insignificante: los hondureños golpistas no miraron a México.

Evidentemente, si fuera iniciativa de los Estados Unidos desestabilizar a América Latina, este estaría buscando el liderazgo de alguno de los grandes países, como lo ha hecho tradicionalmente. No sería sino que México reconociera al gobierno de facto o le hubiera expresado su apoyo a Micheleti y probablemente tendríamos otro ejemplo del país del norte jugando con sus peones en el contexto latinoamericano. Pero la guerra fría terminó hace mucho tiempo, así como la política del garrote, todos los países, independientemente de su ideología, le retiraron su apoyo a los golpistas y el estado hondureño se encuentra contra la pared, esta vez es sumamente probable que Estados Unidos simplemente decida apoyar el supuesto bloque antes que formarlo, pero eso sería ahondar aún más en su contradicción interna. Cada vez más se asemeja el continente latinoamericano con la Europa pre-primera guerra (guardando las obvias proporciones): un continente totalmente polarizado que puede entrar en una crisis muy seria si sus dirigentes no cambian su manera de manejar las relaciones con sus vecinos, parafraseando la famosa frase un barril de pólvora dispuesto a estallar en cualquier momento.

Rafael Moreno, en su artículo de Foreign Affairs, parece haber encontrado las palabras exactas para  describir lo que está sucediendo: La cordura parece, en cualquier caso, conceder pocas oportunidades a esta opción, ya que agrandaría aún más el conflicto y lo internacionalizaría.

LAS ELECCIONES EN CHILE ¿FUERA DEL JUEGO REGIONAL?

In Uncategorized on julio 17, 2009 at 3:36 pm

Las elecciones en América Latina han adquirido una importancia significativa últimamente. Han dejado de ser meramente procesos internos de los países y se han convertido en componentes determinantes para determinar cual va a ser el tablero geopolítico de la región para la próxima media década. A pesar de la importancia de todos los países, e intentando poner en perspectiva los planteamientos de Mearsheimer, son las elecciones en países en los grandes países, México, Chile, Brasil, Argentina, Venezuela (si las hay) y Colombia las que tienen más peso.

Ahora la pregunta es ¿cual es la implicación dentro del tablero regional de las elecciones en Chile? ¿Entran estas elecciones dentro del juego que se están jugando Venezuela y Estados Unidos en la región? Personalmente considero que no. Y eso es algo, junto con el caso brasilero, excepcional dentro del contexto latinoamericano.                 

Desde la llegada de la democracia al país, Chile ha demostrado algo que rara vez se ve en Latinoamérica: unitarismo. Al igual que Brasil, Chile ha tenido una serie de políticas de estado que le han permitido convertirse en uno de los países más prósperos de la región, a pesar de que los últimos resultados de la CEPAL no le favorezcan. Y el gobierno Michelet ha demostrado una visión de izquierda demasiado avanzada en la región. A diferencia de los discursos retrógados y populistas, el gobierno chileno ha encontrado formas de capitalizar e invertir sus ingresos por recursos naturales de manera sostenible y eso se ha visto reflejado en las diferentes esferas nacionales. Al igual que en países como Canadá, Brasil o Costa Rica, el cambio de mandatarios no implica un cambio radical dentro de todas las políticas nacionales. Hay un modelo básico y concertado al cual se adscriben todos los mandatarios que llegan al poder.

De esta forma, pensar que alguno de los dos candidatos principales, Piñera o Frei, va a sumarse al juego de balance de poder que existe en la región es irrisorio. Evidentemente la política exterior chilena, además de su conflicto con Perú, se ha centrado más en apoyar el liderazgo de Brasil y la visión de una unión de América Latina dentro del marco de la filosofía metapolítica, es decir, independientemente de las ideologías que reinen en los países. Ello quiere decir por una parte que la estabilidad y responsabilidad económica y política de Chile le permiten darse el lujo de no entrar dentro de la dinámica geopolítica de la región como un actor más que ayude a sumar poder a los dos principales centros en el continente, sino más bien puede determinar su propia política exterior. Y es en este punto en donde tal vez las elecciones de Chile si puedan ser determinantes.

Evidentemente el candidato con más opciones es Piñera, un candidato de derecha que está buscando promover una derecha chilena alejada del pinochetismo, quien se enfrenta a un Frei debilitado por las fracciones que La Concertación (unión de partidos socialistas chilenos) ha sufrido. Sin embargo, aparece un tercer candidato en escena, una especie de Ross Perot chileno, llamado Marco Enriquez Ominami quien ha alcanzado un puntaje considerable, aunque no significativo para pensar en una efectiva tercera opción. La tendencia más probable es una victoria de Piñera en primera vuelta, pero un traspaso de los votos de Enriquez Ominami a la compaña de Frei, lo cual a la larga podría darle una victoria. Por ende, es difícil hablar de un candidato fuerte o favorito para estas elecciones. ¿Que diferencia en materia geopolítica marcaría un eventual gobierno de Piñera frente a un eventual gobierno de Frei? Probablemente el gobierno de Frei haga mayores progresos para la conformación de un eje Santiago – Sao Paulo, como respuesta a la tendencia revolucionaria que en estos días se congregó en La Paz. Se podría pensar que la conformación de un posible eje Santiago – Sao Paulo significaría la conformación de un poderoso actor regional, además de echar por tierra al sueño bolivariano en la región, y este eje podría reforzarse con una posible inclusión de Washington pero esto podría ser ampliamente contrario y mal visto.

Sin embargo, esto no es una certeza, es probable que Frei siga con la tendencia de Bachelet de acercarse a Brasil pero sin buscar ningún tipo de alianza, lo que se podría llamar como una “alianza natural” o “alianza de afinidades”. La diferencia con Piñera, radicaría en que el candidato de derecha tal vez ni siquiera busque seguir con tal acercamiento e intente una política más independiente. Esto podría sonar más tentador en principio en la medida en que le permite al país un cierto aire de independencia y neutralidad, sin embargo, no tener aliados en la región, considerando las opciones actuales, puede terminar siendo una estrategia contraproducente. Máxime considerando la actual posición de Chile con sus vecinos. El país tiene diferencias limítrofes bastante serias para los estándares regionales, con Perú y Bolivia, y la Argentina kirchnerista no quiere saber nada sobre temas de política exterior. Dejando por fuera el tema de Venezuela, esto deja tres opciones: Brasil, Colombia o México. Los dos últimos países están muy alejados como para pensar en algún tipo de relación más cercana y no tienen los recursos como para pensar en la conformación de ejes. México ha basado su política exterior en el tema de la lucha contra el narcotráfico y la suya es una política altamente dependiente de los Estados Unidos, mientras que la política exterior colombiana es prácticamente inexistente. Así que, necesariamente Brasil es la mejor opción que tiene Chile.

¿Puede el bolivarianismo entrar en Chile? Actualmente esa posibilidad es bastante improbable. La alternativa más plausible sería por medio de Enriquez Ominami, aunque es difícil pensar en el tipo de políticas que podría adoptar un gobierno bolivariano en Chile. La otra opción bolivariana para Chile radica en el actual secretario general de la OEA, Sr. Manuel Insulza, quien ya ha recibido duras críticas por la politización a la que ha sometido al organismo, la cual tuvo su clímax en la forma como se manejó en el conflicto de Honduras. Sin embargo, considerando que Insulza no alcanzará a ser candidato para estas elecciones, y considerando la posibilidad de que Estados Unidos no le de su apoyo para la reelección como secretario de la OEA, lo cual podría ser un golpe serio a sus aspiraciones políticas nacionales, y además, considerando la escasa probabilidad de que el modelo bolivariano se pueda mantener, al nivel regional que tiene actualmente, por otros cinco años, casi se podría decir que Chile va a estar muy por fuera del juego regional.

EL CONFLICTO EN HONDURAS: LA OEA PARA LAS DUCHAS PARTE II

In Uncategorized on julio 11, 2009 at 7:39 pm

La posición de Estados Unidos con respecto a asuntos latinoamericanos siempre es polémica. Esto generalmente se debe a que los intereses de Estados Unidos generalmente son distintos a los de América Latina, por un lado, pero, por el otro, también es un hecho que atacar a los Estados Unidos se ha convertido en una base para hacer política dentro del continente. Desde este punto de vista, cuales quiera sea la posición que tome el coloso del norte, siempre será criticada de alguna manera u otra: si interviene entonces es imperialista, si no lo hace, entonces es indiferente ante el sufrimiento de los pueblos latinoamericanos. Y tal vez eso logre explicar la posición del presidente Obama con respecto al conflicto en Honduras.

En su línea de entablar un nuevo tipo de relaciones con América Latina, seguramente consideró más apropiado apoyar el clamor popular del continente de restituir a Zelaya y condenar el golpe antes que seguir polemizando con sus vecinos del Sur. Sin embargo, el debate que se mostró en el senado norteamericano, sumado a la presentación que hicieron los expertos llamados para dar su opinión sobre el conflicto en Honduras, dejó en claro que esa posición no ha encontrado el apoyo unánime dentro del sector político de los Estados Unidos.

El presidente Obama ha recibido críticas de parte de los republicanos porque consideran que está alineándose con el bolivarianismo y la OEA en este asunto, aunque los demócratas apoyan la decisión de condenar el golpe y pedir la restitución de Zelaya. Quedó claro que hay una polarización casi total y que también en EEUU hay dos bandos quienes obviamente tienen sus propios intereses políticos por encima de encontrar una solución justa al asunto. Personalmente considero que la determinación del país más poderoso del planeta, de tomar posición en beneficio de cualquiera de las partes en conflicto es un error, porque implica una intromisión dentro de los asuntos internos del país y aleja las posibilidades de que se llegue a un acuerdo político dentro del país.

No obstante, antes que calificarlo de “contradicción interna del imperio”, como la llama el presidente Chavez, considero, así como lo dije en una entrada anterior, que la forma de analizar el asunto se ha hecho de forma muy acelerada y esto simplemente está llevando a que exista polarización dentro de las facciones que apoyen a Zelaya o las que apoyen a Micheletti.

¿Como puede ser de otra manera? Las posiciones de ambos son irreconciliables, y ambos quebrantaron la ley, y eso pareciera llevar al dilema de tener que escoger entre uno de los dos: o se apoya a Zelaya y se le restituye en el poder, o se apoya a Micheletti y Zelaya termina errante de país en país respaldado por la comunidad internacional. Sin embargo, tal vez haya una solución intermedia.

Y tal vez la posición de Estados Unidos, antes que aliarse por conveniencia, pueda estar encaminada a dejar el liderazgo en manos de otras instituciones supranacionales para lograr un acuerdo entre las partes. Ahora ¿es posible salir de este dilema, Zelaya o Micheletti, y ver la situación de otra manera?

Quisiera proponer unas consideraciones en principio:

  1. Como lo dije en escritos anteriores, acá hay una variable jurídica: tenemos dos bandos, los cuales violaron la ley. Por ende, ninguno de los dos debería estar fungiendo como presidente de la nación hondureña.
  2. Las pretensiones de ambas partes son irrealizables, lo que complejiza el asunto aún más. No se puede permitir que Zelaya ande vagando por ahí sin que pueda regresar a su país, como es su derecho, pero tampoco se le puede reinstalar en el poder. Si Zelaya fuera reinstalado en el poder, la  gobernabilidad de su mandato sería prácticamente nula y tendría a todas las instituciones del Estado en su contra, lo cual seguramente haría que el país entre en un proceso de desestabilización política bastante serio. Además restituir a Zelaya implica mandar el mensaje que un presidente evidentemente está por encima de la ley, y por tanto le puede pasar por encima cuando le plazca, y América Latina ya ha tenido suficiente de esa filosofía. Sin embargo, la comunidad internacional no puede permitir que se haya expulsado a un presidente de su país y no se le permita regresar.
  3. Evidentemente tiene que haber una persona responsable por esa expulsión. Según los militares, ellos llegaron con una sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo de Honduras, fechada en Junio 26 de 2009, y una Resolución del Congreso, la cual dictaminaba que se debía capturar a Manuel Zelaya y además se confirmaba su remoción del poder. En ninguna parte de dichos documentos se decreta expresamente que el presidente debía ser expulsado del país y se le debía negar su regreso. Alguien tuvo que tomar esa decisión de acuerdo con un cálculo político específico y a un nivel evidentemente táctico. Infortunadamente, ha sido difícil determinar quien es esa persona debido a que las instituciones de Honduras mantienen un silencio hermético y se han negado a identificar a la persona que tomó la decisión de sacar a Zelaya del país. Además, ninguna de las instituciones hondureñas parece muy interesada en el presente en indagar mucho sobre el asunto. Este tema aunado al hecho de que no permitan el regreso de Zelaya al país, es uno de los factores que tiene a la presidencia del Sr. Micheletti en el ojo de la tormenta.
  4. Siguiendo este orden de ideas, es importante recordar que en este asunto hay dos hechos distintos, que tanto la OEA, los países bolivarianos y EEUU continuamente insisten en omitir: por un lado está la decisión de destituir a Zelaya por haber insistido en cometer una acción ilegal, y por otro está la ejecución de la pena impuesta. Es decir, por un lado está el hecho de que Zelaya está sindicado de cometer un delito, y la Corte Contencioso Administrativa emitió sentencia para pedir su captura, se le destituyó, y siguiendo los mandatos de la constitución, el poder debería pasar a su vicepresidente, pero este renunció a su cargo para lanzarse a candidato, y por ende el poder pasa al presidente del Congreso, es decir, al Sr. Roberto Micheletti. El otro asunto es que la destitución se hizo por medio de una violación a los Derechos Humanos y alguien tiene que responder por ello.
  5. Manuel Zelaya violó las leyes de Honduras y debería ser sometido a juicio por ello, sin embargo, es complicado que el Sr. Zelaya pueda enfrentarse a un juicio si no se le permite regresar al país.

Considerando estos hechos se pueden formular algunas medidas encaminadas a una solución que no deje ganadores ni perdedores en este conflicto:

  1. Presionar para que Manuel Zelaya pueda regresar a Honduras, pero no en calidad de presidente restituido, sino para que responda ante la autoridad hondureña competente por la legalidad o ilegalidad de sus actos mientras fungía como presidente de Honduras.
  2. Ante la imposibilidad de identificar a una persona responsable por la decisión de expulsar a Zelaya y ante la negativa de las instituciones hondureñas de permitir su regreso, iniciar acciones para responsabilizar al estado Hondureño ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la expulsión de Manuel Zelaya y su negativa para permitirle regresar el país para ser juzgado como debería hacerse.
  3. Presionar para que se adelanten elecciones en Honduras, con veeduría internacional de tal manera que haya un nuevo presidente electo legítimamente.
  4. Alternativamente presionar para una renuncia de Roberto Micheletti y que la presidencia temporal en Honduras sea asumida por quien le sigue en la línea de sucesión, es decir por el Presidente de la Corte Suprema, mientras se llevan a cabo las elecciones correspondientes y se posesiona el nuevo presidente.

Ahora ¿como es posible que el presidente Obama ande haciendo discursos por África en los que condene el hecho de que los mandatarios africanos estén modificando la constitución para quedarse en el poder, cuando anda apoyando la restitución de Zelaya y ande buscando acercamientos con Chavez, Kirchner, Correa o Morales y siga relacionándose con Uribe, que están haciendo exactamente eso mismo en América Latina? ¿Tiene esto algún sentido?

ECUADOR Y COLOMBIA: UN CONFLICTO SIN GANADORES

In Uncategorized on julio 10, 2009 at 8:22 pm

Las recientes decisiones de la Interpol con respecto a la mexicana Lucía Morett y al ex-ministro Santos, han reavivado el prolongado conflicto entre Colombia y Ecuador. En primera instancia, la decisión de la Interpol de emitir orden de captura contra Morett, pero abstenerse de cualquier acción en el caso de Santos puede en un primer momento parecer como si la policía internacional se hubiera politizado, actuando en favor de Colombia y en detrimento de Ecuador, pero en realidad no es así.

La explicación es simple, pero primero hay que considerar la naturaleza de este conflicto, visto desde un principio. El primer hecho que es necesario resaltar es la innegable realidad de que este conflicto permaneció latente desde el momento en que la filosofía geopolítica de ambos presidentes (Colombia y Ecuador) se volvió netamente contradictoria; sin embargo, el asunto se convirtió en un conflicto expreso debido a un hecho que es indudablemente responsabilidad completa del gobierno colombiano. Y en esto no cabe discusión: el mismo presidente Uribe, en los momentos siguientes a la realización del ataque que dio muerte a Raúl Reyes declaró que se él hacía completamente responsable de todas las consecuencias que el ataque pudo traer. Infortunadamente, los efectos de semejante ataque ampliamente sobrepasaron los beneficios de haber dado de baja a un criminal buscado por la Interpol como era el caso de Raul Reyes, así que el cálculo político del presidente Uribe al momento de autorizar el ataque, así como el cálculo político de las institucionalidad hondureña al momento de decidir la expulsión de Zelaya, fue un penalty que se fue muy por encima del travesaño.

Y es que el asunto es que esos cálculos errados, como se pretende mostrar a continuación, pueden a tener grandes consecuencias a futuro, que pueden resultar siendo perjudiciales para su gestión.

Quisiera explayar sobre este punto antes de continuar. Parece ser que el presidente Uribe jamás se imaginó que el ataque sobre el campamento de Raúl Reyes iba a tener las consecuencias tan supremas que de hecho ha tenido hasta el momento, y al oírlo hablar, pareciera que aún no ha logrado hacerlo. Quisiera enumerar algunas de esas consecuencias brevemente:

–          Le sirvió en bandeja de plata, sin pedir nada a cambio y de manera gratuita, la gallina de los huevos de oro a su homónimo en Ecuador, quien es su vez es uno de sus grandes opositores. La política exterior ecuatoriana era prácticamente inexistente antes de Marzo 1 de 2008. El ataque de 2008, le dio al gobierno ecuatoriano, no solo un eje sobre el cual soportar su política exterior y proyectarse como un actor en el continente, sino que también le permitió a nivel interno conseguir un amplio apoyo popular al poder identificar ante su pueblo un enemigo común: su vecino del norte. Y es por esta misma razón que es muy difícil pensar en una solución a las diferencias entre ambos gobiernos mientras ambos presidentes sigan en el poder. Así que, en conclusión, me arriesgo a proponer que el presidente Correa, irónicamente, le debe su reelección en gran parte a la falta de puntería política de su ubérrimo homólogo del norte.

–          Sentó un precedente sumamente peligroso. Recientemente el presidente Chavez denunció que había paramilitares colombianos disparando hacia la frontera de Venezuela. En términos realistas ¿que le impide proceder de la misma manera como procedió el gobierno colombiano ante la amenaza del criminal Reyes en Marzo de 2008? Obviamente el presidente Chavez ha demostrado ser muy hábil al momento de hacer cálculos políticos, y por ende la posibilidad de que proceda de esa manera es remota, pero la pregunta permanece ¿que le impide hacerlo, cuando el gobierno colombiano hizo lo mismo y prácticamente se salió con la suya?

–          La posición geopolítica colombiana con respecto al continente decreció, mientras que la de Ecuador se mejoró sustancialmente. Esto no se debe tanto al hecho de la vuelta a la izquierda que está presenciando América Latina en la actualidad. Personalmente, prefiero arriesgar dos hechos que contribuyeron a esto: la forma como el gobierno colombiano presentó su política de seguridad democrática ante sus vecinos, por una parte y, el ataque como tal de la otra. ¿Es posible que, de haberse molestado en entender la lógica del resto del continente, el gobierno colombiano hubiese logrado una mayor cooperación de sus vecinos, aún así tengan posiciones ideológicas totalmente distintas? Pienso que si. Si el gobierno colombiano hubiera logrado entender la lógica de la política latinoamericana desde mediados de la década, no hubiera utilizado los mismos términos que utilizó cuando fue a buscar apoyo en Estados Unidos y Europa y, además, hubiera identificado lo que se podría esperar de los gobiernos del continente, habría logrado mejores resultados de los que obtuvo. No lo hizo de esa manera y esto también ha sido muy aprovechado dentro de las gestiones de política exterior del gobierno del Ecuador.

–          El gobierno ecuatoriano ha logrado capitalizar de manera exitosa el asunto de los ataques de Marzo ¿pero porque no ha obtenido lo que ha pedido? Básicamente se debe, primero al hecho de que se ha sobrepasado al calificar la magnitud del hecho, y no es posible que sea distinto, la base de la política exterior ecuatoriana está en ese asunto. Por ende, ha buscado desesperadamente una condena y unas disculpas del gobierno colombiano por todos los medios posibles, el anuncio de que iba a acudir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos es la prueba más práctica de ello, y así está desgastando poco a poco su posición geopolítica. Por el otro lado, también se debe a la habilidad del gobierno colombiano para esquivar y contraatacar las estrategias lanzadas desde Quito para obtener las disculpas y la condena internacional que desea. Es importante resaltar que en todo caso, cada vez que el gobierno colombiano logra contrarrestar la estrategia ecuatoriana, el gobierno de Rafael Correa reacciona con medidas tendientes a perjudicar a Colombia con respecto a las relaciones con el Ecuador, la aplicación de la salvaguardia a los productos colombianos es la prueba más reciente. Si bien es cierto que siempre hay una justificación, porque efectivamente la balanza comercial entre ambos países perjudicaba al Ecuador, no se puede desconocer el hecho de que la decisión se toma en medio de un contexto en el cual las relaciones entre ambos países están muy deterioradas y evidentemente estas decisiones también le sirven al gobierno ecuatoriano para demostrar determinación. El tema es que estas decisiones, a la larga también van a terminar perjudicando al mismo Ecuador, aún así en el corto plazo se vean como decisiones necesarias.

–          La otra consecuencia geopolítica del ataque de Marzo es que el gobierno colombiano se cerró la posibilidad de una eventual acción ante la ONU en apoyo a su lucha contra los ejércitos organizados de criminales que actualmente rondan por la región. De haberse abstenido de lanzar el ataque sobre territorio ecuatoriano, y haber sido un poco más estratégico, el gobierno colombiano podría haber reunido las pruebas suficientes para presentar un caso ante la ONU con base en el artículo 51 de la Carta, el cual reza: “Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.” Esta, la cual fue la misma estrategia que utilizó Estados Unidos para obtener apoyo en su ataque a Afganistán, le hubiera permitido a Colombia reforzar sus fronteras y obligar al gobierno de Ecuador a una mayor acción contra los grupos ilegales en las fronteras, además habría podido aprovechar la oportunidad que le daba el tener de aliado al gobierno estadounidense en su campaña en la ONU. Sin embargo, el haber atacado le permite a Ecuador una defensa sólida, ya que evidentemente se atacó su territorio y por ende, el artículo 51 también es aplicable en ese caso en favor del Ecuador.

–          En términos generales, actualmente tenemos a dos gobiernos totalmente intransigentes, los cuales no parecen muy dispuestos a negociar sus condiciones, y las condiciones de ambos son irreconciliables. A nivel más local, esto ha llevado a que haya dos ejércitos luchando contra un enemigo común: el crimen en la frontera. Sin embargo, no existe la más mínima cooperación entre ellos, y los únicos que se ven favorecidos por esta absurda situación son los guerrilleros y paramilitares que ya saben que pueden cometer crímenes en cualquiera de los dos países y cruzar la frontera: allí el ejército que los estaba persiguiendo ya no los puede perseguir más. En pocas palabras, la decisión del presidente Uribe de bombardear territorio ecuatoriano permitió la baja de un criminal y algunos de sus secuaces pero, a su vez, le dio luz verde a todos los demás criminales a cruzar la frontera con mayor libertad, al obliterar totalmente cualquier posibilidad de actuación conjunta entre los ejércitos de ambos países.

Teniendo en cuenta esta situación, y entendiendo que el conflicto es un conflicto mayoritariamente político, es fácil entender las razones por las cuales la Interpol emitió orden de captura contra Lucía Morett, pero se negó a emitir una orden contra el Ministro Santos. La diferencia básica entre ambos es que mientras Lucía Morett estaba de juerga con un criminal, Santos se desempeñaba como Ministro de la Defensa de la República de Colombia. Mientras el caso de Morett es un caso eminentemente jurídico, en donde claramente hay motivos para creer que hubo una conducta criminal de parte de la acusada, en el caso del exministro Santos, demostrar esa responsabilidad jurídica es mucho más difícil, y esto hace que haya un tinte eminentemente político en la orden de captura que emitió el Sr. Juez de Sucumbíos en su contra.

El asunto espinoso en todo este caso, es que por lo anteriormente expuesto, se puede sacar la conclusión de que el conflicto no solamente está lejos de solucionarse dentro de un futuro cercano, sino que, por el contrario, tenderá a agravarse con consecuencias impredecibles, sobre todo si se considera que Venezuela está actuando de espectador cercano de la situación y ya demostró su disposición de tomar las acciones necesarias si se alcanza cierto grado de hostilidad, lo cual significaría un escalamiento del conflicto.

Considero que una condición sine qua non para que este conflicto se solucione tiene que pasar por la salida de ambos presidentes y su restitución por dos presidentes con más disponibilidad de negociación y un poco más de visión geopolítica, pero Alvaro Uribe ya se prepara para una tercera reelección y Rafael Correa acaba de ser reelegido, razón por la cual este conflicto da pocas señales de estar cercano a terminarse, y muy seguramente las órdenes de captura no serán lo último que oigamos de esta situación. 

 

LA CONEXIÓN PERUANA

In Uncategorized on julio 9, 2009 at 5:13 pm

El paro que se realizó ayer en el Perú tiene unas importantes implicaciones geopolíticas. En primera instancia, puso de frente el surgimiento de una especie de “consciencia de etnia” entre los indígenas latinoamericanos. De esta forma, lo que inició siendo una protesta de los indígenas amazónicos del Perú, terminó recibiendo el apoyo de los indígenas del Sur del país, los nativos del sur del Ecuador e incluso los indígenas de México.

Según la Agencia EFE, varias organizaciones indigenistas de México enviaron una carta a las Naciones Unidas en México en la cual se demandaba un “alto al genocidio del Perú”. Y esta unión no es un asunto menor, la causa indígena está logrando grandes logros en ciertos países, ya pusieron un presidente en Bolivia, y han logrado que tanto Bolivia como Perú, reconozcan la existencia de una nación Aymara aunque esta no sea un territorio independiente. Creo que en el futuro se podrían identificar cuatro grandes focos indígenas a nivel geopolítico, los cuales seguramente alcanzarán más victorias en el futuro y cuya unión tenderá a hacerse más fuerte, debido a su aversión hacia las políticas de los mestizos.

Cada uno de estos focos tiene sus particularidades y contextos muy distintos: en primera instancia están los indios mapuches en el sur del continente, quienes no gozan del bagaje históricos de los indios que están más al norte, pero que han logrado hacerse sentir en Chile y Argentina y se han convertido en una fuerza política dentro de ambos países. A pesar de que no son considerados indígenas nativos del sur del continente como tal, los Mapuches han logrado alcanzar una importancia política y social tal, que hasta tienen oficinas en Londres. De esta forma han podido hacerse sentir en Europa.

Por el otro lado están los Aymaras, indígenas del Titicaca, que tienen su territorio entre el sur del Perú y el Norte de Bolivia. Los Aymaras se han convertido en el “monopolio legal de la fuerza” dentro de su territorio y desde 2005 han demostrado que son un factor determinante dentro de la gobernabilidad Boliviana.

El otro foco indígena importante son los indígenas  del sur del Ecuador. Hasta antes de Rafael Correa, Ecuador se había convertido en un país sumamente inestable políticamente porque no había presidente que durara más de dos años, todo gracias a la capacidad de los indígenas del sur del Ecuador de paralizar su región del país para satisfacer sus demandas. Actualmente el presidente Correa ha logrado mantenerlos con el gobierno debido a su posición de izquierda, aunque el asunto con Colombia tal vez haya ayudado al presidente Correa a mantener ese sólido apoyo de todo su pueblo.

Finalmente están los indígenas de México quienes ya han hecho varias apariciones dentro de la ONU en pos de sus intereses. Estos indígenas han apoyado revoluciones armadas como la de los yaquis y los yoris a comienzos del siglo XX o la formación del EZLN en el estado de Chiapas.

Estos cuatro focos indígenas tienen en común el hecho de que tienen una posición de extrema izquierda, la cual mezclan con ciertos elementos nacionalistas y las exigencias de reivindicaciones históricas, y tienen una profunda aversión hacia los Estados Unidos, lo que se ha convertido en terreno fértil para el movimiento bolivariano, el cual no ha hecho ojos ciegos a este hecho. El presidente Chavez en varias ocasiones ha pronunciado discursos en defensa de los intereses indígenas en general y ha celebrado eventos de reivindicación sobre los derechos de los indígenas. En un discurso de defensa de los yuxtis, el presidente Chavez enfatizó: “Hoy 12 de Octubre, es bueno decirlo también, tenía que llegar una revolución para que nosotros dejáramos de celebrar aquellas celebraciones absurdas que hacíamos rindiéndole honor a quienes vinieron a atropellar a nuestros abuelos, rindiéndole honor a quienes vinieron a ejecutar uno de los más grandes magnicidios que se registren en la historia de los pueblos, quiero rendir tributo hoy a los mártires aborígenes de esta tierra.” (Tomado de la página web http://www.youtube.com/watch?v=r-Wbka0pf1I).

Efectivamente, el movimiento bolivariano ha logrado capitalizar este sentimiento indígena a su  favor. No es de extrañar que tenga bajo su poder a tres de los países donde se encuentran los antes mencionados focos, y no haya escatimado esfuerzos para hacerse con los dos restantes. Evidentemente tanto Rafael Correa en Ecuador como Evo Morales en Bolivia han mostrado su adhesión incondicional al proyecto bolivariano. En el caso de Argentina, la adhesión no es oficial, en la medida en que la presidenta Kirchner ha sabido mantenerse en el centro, sin embargo, la financiación de la deuda argentina por más de 5000 millones de dólares por parte del gobierno venezolano por medio de la compra de los bonos de deuda argentinos, es suficiente para concluir que el gobierno argentino es un aliado indiscutido del movimiento bolivariano, aunque en este caso, los indígenas mapuches no hayan jugado un papel preponderante.

En cuanto a los otros dos focos, su posicionamiento geopolítico los hace una presa demasiado tentadora como para que el proyecto bolivariano no escatime esfuerzos para establecerse allí. Tener a México y/o a Perú dentro del proyecto Bolivariano, le daría la fuerza decisiva que podría convertirse en el punto decisivo para lograr un proyecto bolivariano suramericano, ya que le permitiría tener otro país grande dentro del ALBA (Alianza para nuestros Pueblos de América) y le daría a dicha unión el impulso necesario para convertirse en una unión decisiva, una especie de bloque de votación al momento de decidir asuntos dentro de la OEA. Además, la unión de alguno de estos países grandes podría traer consigo la adhesión de otros países pequeños de América Latina, y la concertación de un importante eje Buenos Aires – Lima l Caracas – Ciudad de México. Por esto, las elecciones dentro de estos países revisten un carácter de suma importancia para el movimiento bolivariano.

En México, la instalación de un gobierno que logre una coalición indigenista-bolivariano vio su posible materialización con el candidato Andrés López Obrador. Aunque no hay evidencias ciertas sobre algún tipo de apoyo a la campaña de López Obrador si es un hecho que hay una evidente cercanía entre los dos discursos, hasta el punto de que el diario The New York Times ha advertido la preocupación de ciertos analistas de que, en caso de llegar al poder, López Obrador probablemente siga por la vía bolivariana.

Sin embargo, el futuro de López Obrador en México no es claro ya que el gobierno de Calderón ha logrado hacer que el problema del narcotráfico suba al tope de la agenda en México, y también ha logrado neutralizar puntos neurálgicos del discurso de López Obrador como el petróleo. Finalmente, considerando la historia mexicana y los eventos de las últimas elecciones presidenciales en México, es bastante improbable que las instituciones mexicanas permitan la llegada de López Obrador al poder.

Considerando esto, los ojos bolivarianistas están centrados entonces en su otra tentadora presa: el Perú.

El gobierno de Alan García tiene una responsabilidad muy grande: de su gobierno depende en gran parte que la “tendencia bolivariana” obtenga el apoyo necesario en  Perú por medio del ascenso de Ollanta Humala al poder. Y los recientes paros indígenas son el pavimento para la construcción de la carretera que pueda llevar al candidato Humala, quien ya ha sido acusado de recibir apoyo económico de fuentes venezolanas. Ahora las esperanzas bolivarianas se centran en las elecciones en Perú del 2011, en donde llegará un candidato Ollanta Humala quien alcanzó una votación del 48% en la segunda vuelta de las elecciones pasadas y ganó en la primera vuelta, y con un gobierno de Alan García desgastado.

Las implicaciones de tener un mandatario bolivariano en Perú son enormes, porque le permite al bolivarianismo construir un corredor andino que vaya desde el Paraguay hasta Ecuador, y le permitiría tener el bloque demasiado poderoso considerando la situación geopolítica actual, mientras que aísla a sus principales “obstáculos”: Chile, Brasil y Colombia.

De esta forma, la conexión Peruana puede ser decisiva en 2011 para definir el futuro del movimiento bolivarianista, y los indígenas que pudieron paralizar a todo el país, pueden ayudarle al bloque bolivarianista para inclinar la balanza.