Por una geopolítica más objetiva

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EL IMPERIO

In Uncategorized on octubre 25, 2009 at 7:48 pm

“El Imperio”, ha sido un constante referente durante los últimos 10 años. Aparentemente, cada vez que pasa algo en el continente, es culpa del imperio; siempre en busca de acabar con el bienestar de toda la región. Y sin embargo, poco se ha dicho de lo que realmente es este “imperio” o como funciona. Para los ojos de la inmensa ideologizada mayoría, el imperio es esa especie de “Emanuel Goldstein” orweliano, ese culpable de todos los males que nos aquejan. Ese chivo expiatorio para la incompetencia administrativa que genera odios y divide sociedades. Aunque esta estrategia de crear imágenes “goldstenianas” no es única para el “imperio” (ejemplos idénticos son el “terrorismo” del presidente Uribe de Colombia y “Osama Bin Laden” para George W. Bush), el atractivo del imperio es que es tan o más etéreo que el “terrorismo” en sí, y del cual poco se habla, más que en oscuras alusiones históricas sobre masacres y robo. En síntesis, al igual que “Goldstein” todos sabemos que hay un imperio, y supuestamente es responsable de todos lo malo, pero nadie realmente puede decir mayor cosa adicional sobre el mismo. Habría que iniciar la reflexión empezando por situar al “imperio”. ¿Donde queda? ¿Cual es su centro? La pregunta no es irrelevante ni es una verdad obvia. Para los bolivarianos miembros del ALBA, el asunto no tiene discusión, es el imperio norteamericano. Sin embargo, los argentinos, indios, sudafricanos, y algunas islas del Caribe son más proclives a pensar en el imperio inglés. Para los habitantes de Côte d’Ivoire imperio seguramente los referirá a Francia. Y según Taiwan no hay más imperio que el imperio chino. Evidentemente, no hay discusión de la supremacía que tiene Estados Unidos dentro del contexto mundial, siguiendo los cuatro ámbitos de Brzezinski, militar, cultural, económico y político; sin embargo, la primera reflexión que uno se haría sobre el tema del imperio, es que, a pesar de esa supremacía, Estados Unidos no sería el único “imperio” que está jugando dentro del juego internacional. Sin embargo, para efectos de este artículo consideraremos que el “imperio” es el imperio estadounidense, el cual opera de manera muy parecida a como operaba su antecesor, el imperio inglés, por ende el término puede aplicar a ambos. La segunda pregunta que cabe hacerse es ¿como está formado y como funciona este imperio? Y es precisamente en la respuesta a este tema en donde el discurso bolivariano se cae a pedazos. Y se cae a pedazos por la lectura tan errada que hace del mismo. Generalmente, cuando se habla del imperio, se hace referencia a los viejos imperios que rigieron al mundo a través de la historia, p.e., el imperio romano, el imperio carolingio, el imperio mongol, el imperio otomano o el imperio inca; los cuales eran pueblos y naciones más avanzadas los cuales querían tener el control político y militar sobre otros territorios y otros pueblos. El concepto con el cual la izquierda sudamericana ha manejado la lógica del imperio, es como si fuera una particular mezcla entre esa estructura milenaria político-militar, aunada al concepto marxista de dominación económica y al concepto leninista de imperialismo. Es decir, de seguir la lógica de los países del ALBA, los Estados Unidos, con todo su avance en todas las esferas humanas (casualmente la única esfera en la que registran retroceso es en la esfera moral-espiritual, pero ya es otro tema) actualmente basarían todo su poder en una estructura con mil años de antigüedad y su actuar sería el mismo que se describió a principios del siglo pasado. Es decir, cuando un gobierno no le quiere dar a los Estados Unidos lo que quieren, los Estados Unidos los invaden, bombardean y toman el control de ese país para luego obtener lo que quieren, máxime si este país se encuentra dentro de su área de influencia. Como lo hizo en su tiempo, el imperio español con los indígenas, y por eso corren por toda Sudámerica voces repitiendo el gastado cliché de la “segunda independencia”, supuestamente de los Estados Unidos. Si se quiere pensar que Estados Unidos tiene intenciones de invadir de alguna manera, algún país de América Central o América del Sur, o que lo tiene bajo su control político, ello significaría ignorar gran parte de la historia de Latinoamérica, gran parte del modus operandi de la política exterior anglo-sajona y gran parte de la misma historia de los Estados Unidos. En síntesis, si bien es cierto que Estados Unidos tiene una superioridad indiscutible en las esferas política, militar, económica y cultural (aunque la parte cultura es ampliamente debatible); actualmente la realidad demuestra que no ejercen control político y militar sobre los países de la región latinoamericana, y tampoco tienen interés en hacerlo, por lo menos de manera directa. Vale la pena mencionar también que de manera indirecta, el control que ejercen siempre es demasiado tenue, o si no que lo diga Saddam Hussein, pero ya regresaremos a ello. ¿Como opera entonces este imperio? Si se quiere entender el Modus Operandi de los Estados Unidos, es necesario regresar al Modus Operandi de sus mentores, los ingleses. Y es que, ya desde el siglo XVIII, el imperio inglés prácticamente introdujo una nueva forma de imperialismo, distinta a lo que se había venido manejando hasta el momento. Después de las independencias en las Américas, los ingleses empezaron a darse cuenta de algo bastante evidente: un proyecto de imperio sustentable no puede basarse en el control político directo de un pueblo extranjero. Evidentemente por aquella época Karl von Klausewitz ya revolucionaba al mundo intelectual y político al declarar que los soportes que determinaban la victoria en una guerra eran el aparato militar, la dirigencia política y el apoyo de la gente (acaso el más importante de los tres). La caída del imperio español y la derrota inglesa en América del Norte demostraron que no era viable mantener el control militar sobre un pueblo que no apoyaba a los ocupantes y que prefería darle legitimidad a sus propios dirigentes. Desde ahí, la estrategia de dominio inglesa cambió radicalmente. Por eso, cuando se expandieron al continente de Asia, solo se asentaron en zonas despobladas y no les interesaba mantener el control político directo sobre los pueblos con los cuales entraban en contacto. El modus operandi clásico inglés estaba basado en una mezcla entre la lógica capitalista y su herencia cultural medieval política basada en la “carta magna”. Así que en principio, los ingleses eran y son conscientes de que el monopolio, así sea el propio, es una circunstancia totalmente anticapitalista, por eso siempre su intención inicial era comerciar con los pueblos con los que establecían relaciones. Pero ellos solo lo hacían con aquellos pueblos que consideraban sus “pares”. Es decir, naciones formadas con un sistema político, económico y ejércitos que se les pudieran enfrentar. Así, cuando llegaron a China, país mucho más grande y rico que ellos, llegaron con la intención de que el rey chino les permitiera comerciar, e incluso, antes que llegar con barcos de guerra, llegaron con regalos para intercambiar. Una transcripción de la época registra la respuesta del emperador chino al rey Jorge III de Inglaterra: “Nosotros, por la gracia del cielo, Emperador, ordenamos al rey de Inglaterra a tomar nota de nuestro cargo: El Imperio Celestial, que rige todo dentro de los cuatro mares, no valora las cosas raras y preciosas, ni tenemos la más mínima necesidad de los productos de su país. Por ende, nosotros hemos determinado que sus enviados que nos traen tributo, regresen tranquilamente a casa. Usted, oh rey, debe simplemente actuar en conformidad con nuestros deseos por medio del fortalecimiento de su lealtad y jurando obediencia perpetua”. Evidentemente, esta respuesta, no solo significó un grito de guerra para los ingleses, sino que también les demostró que, al ser un gobierno que no estaba interesado en negociar, tendrían un sistema económico bastante débil, lo cual también se traduciría en el sistema político y militar. Efectivamente, en esta ocasión los ingleses declararon la guerra y se hicieron con China, pero no establecieron un gobernador propio allí, simplemente, por medio de los tratados de Nanjing y Tianjing, forzaron que les dieran derechos comerciales y de navegación en territorio Chino. Esta historia, al igual que muchas otras alrededor de todo el mundo demuestran que la política exterior de los ingleses, al igual que la de los norteamericanos, no estaba interesada, ni le interesa, el control político y militar de un territorio completo, en el peor de los casos colonizarán una ciudad estratégica, pero los países en donde intervengan siempre tendrán una relativa libertad política, porque el punto fundamental siempre es el comercio. Para los ingleses, siempre que no se interrumpiera el comercio, el país se podría caer en pedazos, como de hecho pasó con Israel, Irak, Costa de Marfil o Sudán. Vale la pena mencionar que gran parte de la estrategia europea también se dirigió por la misma senda, aunque manteniendo rezagos del viejo imperialismo, como es el caso del rey Leopoldo II de Bélgica, quien determinó que el Congo era su propiedad privada. Esta libertad política y obligación de comerciar, es lo que le ha dado su sustentabilidad y su esencia a la política exterior anglo-sajona. Evidentemente, a los anglosajones no les interesa realmente si el presidente Morales va a llevar a cabo una reforma agraria (en el periodo de la guerra fría esto de pronto si hubiera tenido importancia sin embargo es debatible), lo que les interesa es que no cierre el suministro de Bolivia a los Estados Unidos. El caso del presidente Chavez es casi que hasta hilarante: siempre y cuando el petróleo venezolano llegue a las refinerías norteamericanas, el presidente Chavez puede gritarle a los “yankees de mierda” todo lo que quiera. El caso paradigmático de toda esta lógica, el cual no es estudiado mucho por estas regiones del mundo, es Tailandia. Tailandia ha sido el único país del sudeste asiático que no ha caído presa de las invasiones europeas. ¿Como pudo Tailandia, país mucho más pequeño que China y mucho menos industrializado que Japón, no ser víctima del imperialismo europeo? La razón es muy sencilla: cuando los europeos llegaron a Tailandia para solicitar que los dejaran comerciar, el Rey tailandés hizo algo con lo que no contaban los europeos: aceptó comerciar. Al hacerlo, el mensaje para los europeos fue claro: se enfrentaban a un país del cual no sabían nada, pero que entendía la importancia del comercio, y al hacerlo podía igualarlos en fuerza. En épocas en las cuales el espionaje no existía y la inteligencia hasta apenas estaba siendo tangencialmente definida por Maquiavelo, tanto ingleses como franceses, a sabiendas de lo costosas que eran las guerras, prefirieron entablar directamente relaciones con Tailandia y los Tailandeses tuvieron 400 años de paz en lo cuales los ingleses no interfirieron en sus asuntos internos, incluso la revolución de 1932 fue una revolución pacífica. El caso de Tailandia fue el que impulsó la famosa reforma Meiji en el Japón, los japoneses, después de que los Estados Unidos los obligaron a comerciar, se dieron cuenta de que los occidentales solamente respetaban a aquellas naciones que veían como iguales, es decir, Estados-Naciones que estuvieran organizadas política, económica y militarmente. Y así fue que se reorganizaron para jugar por las mismas reglas que jugaban los occidentales, y de esta manera llegaron incluso, hasta antes de los trágicos hechos de 1945, a ser una potencia regional. Volviendo entonces a los ingleses, a diferencia de los Romanos, Macedonios, Aztecas, Mongoles o Españoles, los británicos no tenían la intención de derrotar a los pueblos extranjeros por la fuerza inicialmente. No rehuían a una guerra si esta era necesaria, pero en un principio, siempre llegaban a los lugares con intenciones de querer comerciar; si esto no funcionaba, su segunda movida era llevar a este pueblo reacio a la guerra con otra nación, también extranjera y apoyada por ellos, pero que de cierta manera pudiera gozara de legitimidad para sus conquistados. Finalmente si nada de esto funcionaba, si no había otra nación para causar una guerra o su nación aliada perdía, el “imperio” inglés se retiraba y solamente atacaba con su propio ejército si, en el marco de la diplomacia internacional, los contendores daban el primer golpe, cualquiera que este fuera. Si vencían en la guerra, obligaban al gobernante local a que accediera a sus demandas, en caso contrario simplemente le daban el poder a otro gobernante local. Dejaban un enviado especial ahí para que le informase a la corona sobre cualquier movimiento irregular, pero el pueblo, a pesar de haber perdido la guerra, seguiría teniendo independencia política. Esta es a “groso modo” la esencia de la política exterior británica, la cual ha sido emulada por los norteamericanos en su esencia, pero con algunas variantes propias de los contextos políticos y los avances tecnológicos. En esencia a los norteamericanos tampoco les gusta mucho la guerra o invadir un territorio extranjero, porque esta misma sigue y seguirá siendo la antitesis del accionar del un gobierno dentro de una democracia liberal: demasiado impopular y traerá consecuencias electorales, y además, puede resultar siendo demasiado cara. Cuando uno revisa el accionar de los Estados Unidos a través del siglo XX, se da cuenta de que copiaron la estrategia inglesa, solo que le añadieron el tema de la inteligencia y de este modo fue que empezaron con los temas de la creación de inestabilidad dentro de un país y los golpes de Estado. El modelo de William Dulles en la CIA sirvió para prescindir de la promoción de guerras internacionales ajenas para conseguir objetivos propios y permitió el uso de las guerras internas y los golpes de estado como forma de obtener el mismo resultado. Irán en 1953, Guatemala en el 54, Bahía de Cochinos en el 61 y Honduras en 2006, entre otras, son prueba fehaciente de esta forma de “política exterior inglesa nivel 2” que se mantiene aún hasta nuestros días. Dicha política ha tenido sus interruptus, en 1915, el presidente idealista Woodrow Wilson, premio Nobel de la Paz y creador de la Sociedad de las Naciones, invade Haití con el ánimo de pacificar la dura situación que se vivía en la isla. En 1993, los Estados Unidos entran en Somalia con el ánimo de mantener la paz y enviar alimentos, en 1950 los Estados Unidos salen en ayuda del Gobierno de Corea, 1965 en Vietnam y en 2001 George W. Bush decide invadir Irak y Afganistán. En todos estos casos el “imperio” de los Estados Unidos ha salido muy mal librado. Y generalmente, el descalabro de la derrota política subsiguiente a la aparente victoria militar, hace que las clases dirigentes estadounidenses se olviden de pensar en intervenciones armadas, al menos por una generación y por esto estas invasiones están tan separadas entre sí cronológicamente hablando. Ahora bien, dejando de lado las invasiones, la política estadounidense, se ha centrado, al igual que su mentor inglés, en la mayoría de los casos en la destitución de los gobernantes que no le son afines y la imposición de unos nuevos que si sean de su interés, y sin embargo, esta política tampoco les está resultando como esperaban, básicamente por dos factores básicamente: el primero es que esta estrategia fue ideada por los ingleses en momentos en que vivían en una monarquía y trataban con monarquías a su alrededor. Básicamente era una idea de estrategia monárquica, entre monarquías y para monarquías, y precisamente por eso les dio tanto resultado a los ingleses, porque el gobernante que imponían en un lugar, se mantenía en el gobierno durante toda su vida y su linaje continuaba gobernando, el caso más paradigmático de esto es Arabia Saudita, el cual ha sido un país que se ha mantenido relativamente estable durante todo el tiempo de su existencia como estado, o el de Cachemira, que es un ejemplo totalmente opuesto. En el caso de las democracias, la idea no les es tan funcional, en tanto y en cuando, el mandatario solamente tiene un término limitado de tiempo. Esto explica porque los norteamericanos prefirieron apoyar dictaduras durante la guerra fría, porque probablemente el final de un mandato democrático liberal podría convertirse en el inicio de un proyecto marxista socialista, avalado por las urnas. Antes de esto, simplemente se conformaban con que el presidente del país dentro de su esfera de influencia hiciese lo que quisiese siempre y cuando no hiciera algo que fuera contra sus intereses, los cuales eran básicamente que los países siguieran comerciando su materia prima con ellos y no con ninguna otra potencia, o, muy de la mano con esto, no permitir la influencia de ningún otro país dentro de su propia área. El otro escollo que ha encontrado esta estrategia es que muchas veces los gobernantes que pusieron como “títeres” les dan la espalda, como fue el caso de Saddam Hussein. La historia de Irak de por sí ya era bastante trágica aún desde antes de que llegara Saddam Hussein al poder, una amalgama de tribus distintas forzados a vivir como un solo estado-nación por la ambición inglesa. Saddam Hussein le era necesario a los Estados Unidos y lo apoyaron, tanto financiera como militarmente hasta el momento en que el títere adquirió vida propia. Manuel Noriega en Panamá, Idi Amin Dada en Uganda y Osama bin Laden en Afganistán, son otros ejemplos de “títeres del imperio” que han terminado adquiriendo vida propia. Finalmente, la estrategia no solo tiene sus fallas, sino que además tiene un talón de Aquiles. Este lo descubrió un político indio llamado Mohandas Karamandatch Gandhi, apodado el Mahatma (alma grande) y quien últimamente es más y más olvidado a nivel internacional. Entre una de las innumerables enseñanzas que se pueden extraer de lo propuesto por Gandhi, está el tema de la esencia en sí de la geopolítica, lo cual es algo con lo que no contaban los ingleses. Es decir, la idea es esperar que el adversario del primer golpe y con base en ese primer golpe se justifica cualquier envío de ejército para que pelee con el ejército extranjero. Pero ¿y si el adversario no da ese primer golpe? ¿Y si ante el envío de las tropas se encuentran con que no hay un ejército del otro lado, ni amenaza alguna, pero tampoco a nadie que les va a dar lo que quieren? Con esta estrategia se le propinó una estruendosa derrota al que era el “imperio” más poderoso del mundo, y por eso, este servidor no parará de mostrar sus respetos por naciones tan avanzadas como la nación costarricenses, la nación suiza o la nación japonesa que tímidamente están dando muestras de que si es posible un mundo mejor. Podemos en síntesis sacar las siguientes conclusiones: – No existe tal cosa como un “imperio”, entendido en su concepto clásico y actualmente la mayoría de las naciones del mundo goza de libertad política, es decir, la libertad de elegir a sus gobernantes, y también de una relativa libertad comercial, es decir, pueden escoger con quien comercian. El contrabalance mundial hace muy difícil que actualmente una de las potencias intente socavar militarmente los intentos de una nación por reforzar lazos comerciales con otra. – Este “imperio” no está interesado en el control político de ningún territorio distinto del propio, es por esto que los miedos de Brasil de una invasión estadounidense al amazonas o de un derrocamiento del presidente Chavez por la vía militar en el marco de la llegada de personal militar norteamericano a 7 bases adicionales en Colombia, no pasa de ser una estrategia politiquera para darle legitimidad a la ideología. – En América Latina, tanto en sus gobiernos de derecha como de izquierda, se está manejando tiene un concepto errado sobre la forma como opera este imperio y ni siquiera hay consenso sobre del imperio del cual se está hablando (¿Norteamericano o inglés?). – La estrategia que realmente utiliza el imperio tiene sus fallas y puede ser neutralizada.

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