Por una geopolítica más objetiva

América Latina ad portas de la crisis

In Uncategorized on julio 22, 2009 at 10:54 pm

México invadida por el narcotráfico, el presidente Colom en Guatemala con su presidencia pendiendo de un hilo, Honduras acercándose cada vez más a la guerra civil, Ecuador, Colombia y Venezuela con el calendario todavía en Marzo del 2008, Perú paralizado y la OEA, además de intentar infructuosamente solucionar todos estos problemas, ahora parece tener la nueva función de decidir sobre los asuntos internos de los países: bajo esta óptica no solamente actúa con respecto a Honduras, sino que además recibe a los opositores del gobierno venezolano para oír sus reclamos. La situación es evidente: América Latina se encuentra al borde de la crisis.

Es tal el asunto, que la amenaza de una confrontación armada está latente desde Bolivia hasta México. Siguiendo la lógica de Mearsheimer (aunque en realidad Mearsheimer solamente concibió su teoría para las grandes potencias), la ofensiva en la que se encuentran sumidos los países latinoamericanos va a terminar llevando una confrontación tarde o temprano. Lo infortunado del asunto es que posiblemente esta confrontación no va a involucrar solamente a dos países.

Desde mi punto de vista, la crisis en la que actualmente se encuentra sumida América Latina es en realidad una suma de varias crisis que han chocado entre sí. Durante la crisis de Honduras varias veces diferentes analistas han utilizado la expresión: “Honduras se encuentra en un callejón sin salida”, pero la realidad actualmente está mostrando una visión más pesimista aún: América Latina se encuentra en un callejón sin salida.

El continente se ha topado con un sinfín de contradicciones internas, las cuales no solo se limitan al continente sino que han llegado hasta el corazón de los Estados Unidos.

En días pasados, el presidente de Venezuela, Hugo Chavez acuñó el concepto contradicciones internas del imperio, para señalar la crisis en la que está entrando la política norteamericana con respecto a al continente latinoamericano. Y acá vale la pena hacer la aclaración que es la política de Estados Unidos como tal, más allá del hecho de que cada día es mayor el desencanto latinoamericano con el presidente Obama, ya que está empezando a quedar en claro que el tal “cambio”, está muy lejos de darse. De acuerdo con el profesor James Petras, del think tank, Global Research, hubo dos factores que hicieron que las relaciones EEUU – América Latina dejaran de ser una relación en la que EEUU mantenía una hegemonía total sobre el continente: el primero es que evidentemente los temas de Asia han captado mucho más atención norteamericana, sobre todo los casos de China, India, Afganistán, Irán, Corea del Norte y Pakistán, lo que ha llevado a EEUU a relocalizar sus tropas y dejar mucho de su poder militar por fuera del continente. Atrás quedaron los años de Henry Kissinger en donde la política latinoamericana se forjaba desde la tristemente célebre “Escuela de las Américas” en Panamá. El segundo elemento que debilitó el poder de EEUU en la región fue la crisis económica, esta se encargó de que el soft power estadounidense se volviera cada vez más soft y menos power. Así, la crisis obligó a la superpotencia a volver a mirar hacia adentro. Y esto ha afectado de manera notoria la situación en América Latina. El último estudio de la CEPAL sobre el crecimiento económico en la región, mostró una caída significativa para los países cuyas exportaciones dependían mayoritariamente de Estados Unidos. México mostró una caída dramática de 7 puntos y los únicos países que mostraron un crecimiento fueron Perú, Haití, Argentina y Bolivia.

Concomitantemente a la caída estadounidense, el bolivarianismo ha empezado a buscar hegemones alternativos, y de esta manera, Ecuador entra en deuda con Irán, Venezuela hace ejercicios conjuntos con Rusia, Brasil se acerca más a África y a los países del Pacífico, y China se asienta con más fuerza en la región.

Considerando esta situación, ya desde la administración Bush, Estados Unidos había visto un cambio radical en la forma como se desarrollaban las relaciones con el continente latinoamericano. Después de vivir un siglo guiado por la “política del garrote“ que inició Theodore Roosevelt, con leves modificaciones de presidente en presidente, Estados Unidos de pronto se encontró con el hecho de que ya no podía seguir utilizando ese enfoque en América Latina y esto se hizo evidente en las crisis de Bolivia y Honduras. El debate en el senado norteamericano y la convocatoria a los expertos de ese mismo senado hizo evidente algo que hubiera sonado impensado hasta hace poco: Estados Unidos se encuentra dividido. A pesar de no ser muy seguidor del presidente Chavez, es evidente que Estados Unidos entró en una contradicción interna. Su forma de ver el mundo entró en crisis, pero hay una amplia gama del poder norteamericano que no está dispuesta a cambiar, a pesar de que no sea posible seguir por la senda tradicional.

Pero la crisis de Honduras mostró que la política exterior hacia Latinoamérica de parte de los Estados Unidos no es lo único que entró en crisis. Paradójicamente, el fondo de la crisis hondureña muestra una contradicción interna del bolivarianismo. Así es, el bolivarianismo también está demostrando que se acerca a ese punto del cual no puede avanzar más. Tanto la crisis de Bolivia, como la de Honduras han demostrado que el bolivarianismo es una serpiente que se muerde su propia cola: apela al pueblo, pero no reconoce a la totalidad de su población como el “pueblo”; solamente a los que los apoyan. Así que, antes de convertirse en un gobierno de conciliación nacional, lo que busca es la “eliminación” (obviamente en sentido figurado) de aquellos que no están de acuerdo; lo que en la teoría democrática se conoce como “la tiranía de la mayoría”. Por el otro lado, ante la expulsión de los diplomáticos venezolanos del territorio hondureño no se sabe cual será la participación del país bolivariano dentro del conflicto hondureño, y he aquí la contradicción más evidente del bolivarianismo: se está convirtiendo en aquello que precisamente repudia. Culpa a los Estados Unidos del problema hondureño pero si apoya a Zelaya militarmente, como varias veces lo ha amenazado el presidente Chavez, se convertiría en imperialista. Lleva el ejército ruso a Venezuela, pero manda a revisar las relaciones con Colombia ante la presencia de bases estadounidenses en el territorio del vecino país.

Hay en economía un concepto que se conoce como el óptimo de Paretto, que viene a ser algo así como el “punto culminante” Clausewitziano, ambos implican ese punto de balance perfecto, el cual, en caso de ser excedido, implicaría una situación contraria que podría incluso llevar a la derrota, y este es precisamente el caso bolivariano. Actualmente la figura del presidente venezolano es vista de manera totalmente opuesta por amplios sectores de la oposición, mientras unos lo idolatran, otros lo aborrecen. Y evidentemente en la sociedad hondureña esto ha calado en amplios sectores políticos y sociales. Es bastante improbable que el ALBA avance más de lo que ha hecho, el único país sudamericano que le faltaría por conquistar al bolivarianismo sería el Perú, y Umala Ollanta ya está preparando su discurso presidencial. Sin embargo es bastante improbable pensar que ese mismo “modelo” se va a imponer en Chile, Brasil, Argentina, Colombia, México, Panamá o Guatemala.

En este punto también es importante mencionar otro aspecto que también entró en crisis dentro del continente: el papel de Brasil. Al igual que los Estados Unidos, el Brasil también decidió mirar hacia el otro lado de los océanos. De acuerdo con el profesor Bernardo Quagliotti De Bellis, Brasil siempre concibió que hacia el norte solamente existían dos espacios: el Caribe próximo y el Caribe distante.

El Brasil siempre le dio importancia a los asuntos que se limitaran estrictamente a sus fronteras. Su cooperación con la MINUSTAH en Haití puede ser interpretada más como un intento de figurar como actor relevante a nivel mundial, más que como un elemento de su política hacia el resto de América Latina. La reciente intervención del representante brasilero en la OEA, quien infructuosamente insistió en más presión para Honduras y el “opacamiento” de UNASUR por parte del ALBA, deberían ser considerados como alertas para una política exterior brasilera más agresiva dentro del continente, el cual cada día se polariza más.

Y esta polarización a la que tiene a América Latina en medio de la crisis. El bolivarianismo quiere reordenar completamente la situación latinoamericana y se encuentra con amplios sectores y países que no están dispuestos a aceptar las condiciones de tal reordenamiento. Y este estancamiento es precisamente el que se ve en el “affair” hondureño: Zelaya no puede ser reinstituido por el simple hecho de que tendría a todas las instituciones en su contra, pero la actual situación también es inaceptable. Lentamente todo parece avanzar hacia el conflicto armado. Manuel Zelaya expresó su voluntad de regresar a Honduras sin importar las consecuencias que ello traiga. El gobierno de facto, que en un principio intentó mostrarse como defensor de la democracia, cada vez da mayores muestras de que su golpe nada tuvo que ver con motivos distintos a los motivos políticos, y que simplemente se encuentra interesado en dejar a Zelaya por fuera del poder. Y la opción costarricense, que se había mostrado como la única opción para encontrar una salida negociada al conflicto, cada vez se encuentra más aislada, recibiendo duros golpes de parte de todos los actores regionales, mordida de lona a la que se le suma perfectamente su patrocinador, la OEA.

Son las diferencias irreconciliables las que llevan a las guerras. Es ciertamente preocupante que haya facciones del gobierno de facto que estén reconociendo que se reunieron con el presidente Martinelli en Panamá y con el Presidente Uribe en Colombia, en pleno momento en que se reaviva la crisis del norte del sur. Esto es simplemente la muestra de un intento por revertir políticamente el vuelco que ha tomado América Latina. Este débil intento de formar una alianza que se enfrente al bolivarianismo, pero formada por países que no tienen ningún tipo de cohesión y recursos escasos no puede augurar nada bueno. La retórica bolivariana fácilmente puede argumentar que esto tiene la marca de Estados Unidos. Sin embargo eso es difícil de creer por un hecho que puede o no puede ser insignificante: los hondureños golpistas no miraron a México.

Evidentemente, si fuera iniciativa de los Estados Unidos desestabilizar a América Latina, este estaría buscando el liderazgo de alguno de los grandes países, como lo ha hecho tradicionalmente. No sería sino que México reconociera al gobierno de facto o le hubiera expresado su apoyo a Micheleti y probablemente tendríamos otro ejemplo del país del norte jugando con sus peones en el contexto latinoamericano. Pero la guerra fría terminó hace mucho tiempo, así como la política del garrote, todos los países, independientemente de su ideología, le retiraron su apoyo a los golpistas y el estado hondureño se encuentra contra la pared, esta vez es sumamente probable que Estados Unidos simplemente decida apoyar el supuesto bloque antes que formarlo, pero eso sería ahondar aún más en su contradicción interna. Cada vez más se asemeja el continente latinoamericano con la Europa pre-primera guerra (guardando las obvias proporciones): un continente totalmente polarizado que puede entrar en una crisis muy seria si sus dirigentes no cambian su manera de manejar las relaciones con sus vecinos, parafraseando la famosa frase un barril de pólvora dispuesto a estallar en cualquier momento.

Rafael Moreno, en su artículo de Foreign Affairs, parece haber encontrado las palabras exactas para  describir lo que está sucediendo: La cordura parece, en cualquier caso, conceder pocas oportunidades a esta opción, ya que agrandaría aún más el conflicto y lo internacionalizaría.

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  1. Interesante las cosas que escribes, algunas de ellas no las entiendo, Hoduras un pais que no tengo en el mapa, bolivarismo un termino que no entiendo y que no estoy dispuesto a compartir, Chavez un locoquito con plata, Rafael Correa un imbecil bien educado, el de Bolivia un indicito con poder sobre los demas indiecitos,y tu presidenta una buenonga más bien bruta,verla hablar en UNASUR para mi fue un fiasco, URIBE tipo culto y calmado, creo que los colombianos deberiamos estar con él y orgullosos además, encuentros armados en America Latina creo que estan lejos, además creo que seria absurdo.
    Escribeme y estamos en la onda.
    RG

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