Por una geopolítica más objetiva

EL CONFLICTO EN HONDURAS: LA OEA PARA LAS DUCHAS PARTE II

In Uncategorized on julio 11, 2009 at 7:39 pm

La posición de Estados Unidos con respecto a asuntos latinoamericanos siempre es polémica. Esto generalmente se debe a que los intereses de Estados Unidos generalmente son distintos a los de América Latina, por un lado, pero, por el otro, también es un hecho que atacar a los Estados Unidos se ha convertido en una base para hacer política dentro del continente. Desde este punto de vista, cuales quiera sea la posición que tome el coloso del norte, siempre será criticada de alguna manera u otra: si interviene entonces es imperialista, si no lo hace, entonces es indiferente ante el sufrimiento de los pueblos latinoamericanos. Y tal vez eso logre explicar la posición del presidente Obama con respecto al conflicto en Honduras.

En su línea de entablar un nuevo tipo de relaciones con América Latina, seguramente consideró más apropiado apoyar el clamor popular del continente de restituir a Zelaya y condenar el golpe antes que seguir polemizando con sus vecinos del Sur. Sin embargo, el debate que se mostró en el senado norteamericano, sumado a la presentación que hicieron los expertos llamados para dar su opinión sobre el conflicto en Honduras, dejó en claro que esa posición no ha encontrado el apoyo unánime dentro del sector político de los Estados Unidos.

El presidente Obama ha recibido críticas de parte de los republicanos porque consideran que está alineándose con el bolivarianismo y la OEA en este asunto, aunque los demócratas apoyan la decisión de condenar el golpe y pedir la restitución de Zelaya. Quedó claro que hay una polarización casi total y que también en EEUU hay dos bandos quienes obviamente tienen sus propios intereses políticos por encima de encontrar una solución justa al asunto. Personalmente considero que la determinación del país más poderoso del planeta, de tomar posición en beneficio de cualquiera de las partes en conflicto es un error, porque implica una intromisión dentro de los asuntos internos del país y aleja las posibilidades de que se llegue a un acuerdo político dentro del país.

No obstante, antes que calificarlo de “contradicción interna del imperio”, como la llama el presidente Chavez, considero, así como lo dije en una entrada anterior, que la forma de analizar el asunto se ha hecho de forma muy acelerada y esto simplemente está llevando a que exista polarización dentro de las facciones que apoyen a Zelaya o las que apoyen a Micheletti.

¿Como puede ser de otra manera? Las posiciones de ambos son irreconciliables, y ambos quebrantaron la ley, y eso pareciera llevar al dilema de tener que escoger entre uno de los dos: o se apoya a Zelaya y se le restituye en el poder, o se apoya a Micheletti y Zelaya termina errante de país en país respaldado por la comunidad internacional. Sin embargo, tal vez haya una solución intermedia.

Y tal vez la posición de Estados Unidos, antes que aliarse por conveniencia, pueda estar encaminada a dejar el liderazgo en manos de otras instituciones supranacionales para lograr un acuerdo entre las partes. Ahora ¿es posible salir de este dilema, Zelaya o Micheletti, y ver la situación de otra manera?

Quisiera proponer unas consideraciones en principio:

  1. Como lo dije en escritos anteriores, acá hay una variable jurídica: tenemos dos bandos, los cuales violaron la ley. Por ende, ninguno de los dos debería estar fungiendo como presidente de la nación hondureña.
  2. Las pretensiones de ambas partes son irrealizables, lo que complejiza el asunto aún más. No se puede permitir que Zelaya ande vagando por ahí sin que pueda regresar a su país, como es su derecho, pero tampoco se le puede reinstalar en el poder. Si Zelaya fuera reinstalado en el poder, la  gobernabilidad de su mandato sería prácticamente nula y tendría a todas las instituciones del Estado en su contra, lo cual seguramente haría que el país entre en un proceso de desestabilización política bastante serio. Además restituir a Zelaya implica mandar el mensaje que un presidente evidentemente está por encima de la ley, y por tanto le puede pasar por encima cuando le plazca, y América Latina ya ha tenido suficiente de esa filosofía. Sin embargo, la comunidad internacional no puede permitir que se haya expulsado a un presidente de su país y no se le permita regresar.
  3. Evidentemente tiene que haber una persona responsable por esa expulsión. Según los militares, ellos llegaron con una sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo de Honduras, fechada en Junio 26 de 2009, y una Resolución del Congreso, la cual dictaminaba que se debía capturar a Manuel Zelaya y además se confirmaba su remoción del poder. En ninguna parte de dichos documentos se decreta expresamente que el presidente debía ser expulsado del país y se le debía negar su regreso. Alguien tuvo que tomar esa decisión de acuerdo con un cálculo político específico y a un nivel evidentemente táctico. Infortunadamente, ha sido difícil determinar quien es esa persona debido a que las instituciones de Honduras mantienen un silencio hermético y se han negado a identificar a la persona que tomó la decisión de sacar a Zelaya del país. Además, ninguna de las instituciones hondureñas parece muy interesada en el presente en indagar mucho sobre el asunto. Este tema aunado al hecho de que no permitan el regreso de Zelaya al país, es uno de los factores que tiene a la presidencia del Sr. Micheletti en el ojo de la tormenta.
  4. Siguiendo este orden de ideas, es importante recordar que en este asunto hay dos hechos distintos, que tanto la OEA, los países bolivarianos y EEUU continuamente insisten en omitir: por un lado está la decisión de destituir a Zelaya por haber insistido en cometer una acción ilegal, y por otro está la ejecución de la pena impuesta. Es decir, por un lado está el hecho de que Zelaya está sindicado de cometer un delito, y la Corte Contencioso Administrativa emitió sentencia para pedir su captura, se le destituyó, y siguiendo los mandatos de la constitución, el poder debería pasar a su vicepresidente, pero este renunció a su cargo para lanzarse a candidato, y por ende el poder pasa al presidente del Congreso, es decir, al Sr. Roberto Micheletti. El otro asunto es que la destitución se hizo por medio de una violación a los Derechos Humanos y alguien tiene que responder por ello.
  5. Manuel Zelaya violó las leyes de Honduras y debería ser sometido a juicio por ello, sin embargo, es complicado que el Sr. Zelaya pueda enfrentarse a un juicio si no se le permite regresar al país.

Considerando estos hechos se pueden formular algunas medidas encaminadas a una solución que no deje ganadores ni perdedores en este conflicto:

  1. Presionar para que Manuel Zelaya pueda regresar a Honduras, pero no en calidad de presidente restituido, sino para que responda ante la autoridad hondureña competente por la legalidad o ilegalidad de sus actos mientras fungía como presidente de Honduras.
  2. Ante la imposibilidad de identificar a una persona responsable por la decisión de expulsar a Zelaya y ante la negativa de las instituciones hondureñas de permitir su regreso, iniciar acciones para responsabilizar al estado Hondureño ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por la expulsión de Manuel Zelaya y su negativa para permitirle regresar el país para ser juzgado como debería hacerse.
  3. Presionar para que se adelanten elecciones en Honduras, con veeduría internacional de tal manera que haya un nuevo presidente electo legítimamente.
  4. Alternativamente presionar para una renuncia de Roberto Micheletti y que la presidencia temporal en Honduras sea asumida por quien le sigue en la línea de sucesión, es decir por el Presidente de la Corte Suprema, mientras se llevan a cabo las elecciones correspondientes y se posesiona el nuevo presidente.

Ahora ¿como es posible que el presidente Obama ande haciendo discursos por África en los que condene el hecho de que los mandatarios africanos estén modificando la constitución para quedarse en el poder, cuando anda apoyando la restitución de Zelaya y ande buscando acercamientos con Chavez, Kirchner, Correa o Morales y siga relacionándose con Uribe, que están haciendo exactamente eso mismo en América Latina? ¿Tiene esto algún sentido?

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