Por una geopolítica más objetiva

¿ES POSIBLE UNA ALTERNATIVA DE LA TERCERA VÍA PARA AMÉRICA LATINA SIN QUE ESTA SE CONVIERTA EN POPULISMO?

In Uncategorized on julio 8, 2009 at 2:27 am

Para responder a esta pregunta es importante aclarar que es la tercera vía, que es el populismo y cual es la diferencia entre ambas.

Actualmente el concepto de Tercera Vía es un concepto amplio y actualmente no existe un consenso general sobre su definición, y por ende incluye pensadores desde Keynes o Durkheim hasta Tony Blair, en el caso de Europa, y en Latinoamérica puede incluir las propuestas de algunos de los actuales gobiernos, ya que de alguna forma u otra, están separadas de las propuestas del liberalismo y del socialismo y se presentan como una alternativa diferente para resolver los problemas de la sociedad.

Desde esta óptica, gobiernos tan distintos como el de Oscar Arias en Costa Rica, Michelle Bachelet en Chile, Mauricio Funes en El Salvador, los Kirchner en Argentina, Lula en Brasil o Alan García en Perú pueden considerarse incluidos dentro de la propuesta de la Tercera Vía. A pesar de que es sumamente temerario actualmente intentar hablar posiciones políticas, la tercera vía se podría enmarcar dentro de lo que se llaman las posiciones de centro: centro-centro, centro-izquierda y  centro-derecha. Además de estas también habría que considerar la fundación de la poco creíble posición del extremo-centro, a la cual se consideran adeptos personas como Mariano Rajoy en España y el Presidente Uribe de Colombia, aunque todavía no esté muy claro exactamente en que se diferencia de sus tres antecesores.

Esta vaguedad conceptual ha hecho que el rango de propuestas y pensamientos de la tercera vía sea tan grande que exponerlos todos puede convertirse en un trabajo de titanes, por eso, basta con entender la propuesta como un grupo de ideas que no podrían ser clasificadas como dentro del pensamiento liberal ni como dentro del pensamiento socialista.

Ahora ¿que es el populismo? Lo primero que cabe resaltar sobre el populismo es que es un movimiento político netamente latinoamericano. Parte del mismo se enmarca dentro de la Tercera Vía, como es el caso del General Perón en Argentina o de Getulio Vargas en Brasil; pero también puede haber populismo que no sea considerado de tercera vía, como es el caso del Presidente Hugo Chavez en Venezuela o del General Velasco en Perú, quienes son exponentes del populismo visto desde el enfoque socialista. Finalmente gobiernos como el Álvaro Uribe en Colombia o el de Getulio Vargas en Brasil son ejemplos de populismo desde el liberalismo.  

El populismo cuenta con varias características que le son comunes. En primera instancia, es un fenómeno netamente personalista. Aparentemente solamente hay una persona en el mundo que puede arreglar los problemas del país. Contrario a los casos de países con ideologías tan diversas como China, Rusia, Estados Unidos o Inglaterra, en donde el desarrollo vino de la mano de una estrategia de largo plazo implementada en el marco de un acuerdo entre las todas las fuerzas políticas reinantes y un compromiso total con ciertos valores sociales, el populismo solamente acepta que haya una persona capaz de sacar al país del apuro en el que supuestamente lo metieron los que no concuerdan con los planteamientos populistas del momento. Es debido a este personalismo que, de ahora en adelante, antes que hablar del populismo es mejor referirse al populista.

El populista se asegura su nombre en la posteridad poniéndole un “ismo” a su apellido, de tal manera que se sepa que fue él quien indiscutiblemente guió las huestes hacia la victoria: Uribismo, Velasquismo, Peronismo, Vargismo, etc. El populista encarna una defensa de la moral que se expone como ejemplo para el pueblo, pero la cual en ningún momento se espera que el pueblo adopte, p.e.: Hipólito Yrigoyen es considerado completamente democrático y completamente nacionalista.

El populista se declara amigo del pueblo: siempre hay un personaje malo que pueden ser las élites nacionales o los gobiernos extranjeros, la pobreza o algún grupo delincuente en particular, los cuales quieren acabar con el pueblo. Afortunadamente el populista surge como salvador indiscutible que llevará al pueblo por caminos nunca antes soñados, lejos del mal. Aparentemente el populista está revestido de una especie de aura que le impide equivocarse. Y así encarna una contradicción muy obvia, esta radica en que son amigos del pueblo (por pueblo entiéndase los pobres en el caso del populismo de izquierda, y la gente decente en el caso de los populismos de derecha, para el populista no es posible considerar que la nación la conforman todos los habitantes del país), pero no están en disposición de anteponer los intereses de su pueblo ante sus intereses personales. Esto se puede ocultar fácilmente porque su relación cercana con el “pueblo” hace que sus intereses personales sean los intereses de su pueblo también. De esta manera tienen carros grandes, desde los cuales saludan a la gente, grandes terrenos y viven en grandes palacios, todo lo cual hacen en el mejor interés de su pueblo a quien dicen defender.

La tercera característica es que los populistas son esencialmente cortoplacistas y por ende, dan la sensación de ser eficaces. El discurso populista se ve soportado por un conjunto de pequeños cambios a la realidad cotidiana nacional y grandes cambios institucionales que tienen que ser visibles para mostrárselos a su pueblo: una calle limpia, más criminales en las cárceles, una visita ocasional del doctor al barrio pobre, más comida gratis o simplemente un cheque mensual de parte del estado, son suficientes para poner todas las esperanzas en manos del populista. Todo esto tiene que estar acompañado de una profunda reforma del Estado para demostrar como es que ahora las cosas se están haciendo diferentes. Sin embargo no existe en realidad una concepción de sociedad o estado en el futuro, y la concepción de sociedad y estado en el presente está enmarcada dentro de los términos de buenos (el populista y sus seguidores) y malos (todo el que no piense como el populista). El futuro simplemente se reduce a la existencia de una sociedad y estado sin malos, p.e.: Colombia sin FARC, Venezuela sin oligarquía, Ecuador sin colombianos, Argentina sin ingleses o Bolivia sin espías americanos.

El populista hace énfasis en la necesidad de una mayor participación del pueblo, siempre y cuando dicha participación no vaya en contra de sus intereses personales, anteriormente se veía reflejado en la instauración de referendos, plebiscitos y demás mecanismos típicos de la democracia participativa, pero actualmente las consultas populares también están acompañadas de espacios en televisión o radio los fines de semana, para que el país entero pueda disfrutar de la magnanimidad y pueda apreciar las calidades inigualables de su líder único. Sobra decir que la mayor inclusión de los mecanismos participativos se hace al mismo tiempo que se le da un golpe mortal a las elecciones libres, periódicas y transparentes y a la oposición. El populismo es antidemocrático por excelencia.

Finalmente la fluidez discursiva, la increíble capacidad de hacer debates semánticos de problemas verdaderos y esa relación tan cercana que tienen con el pueblo, hacen que el populismo no tenga un modelo de desarrollo o una visión de futuro. Casos como el de Getulio Vargas en Brasil y Perón en Argentina en donde no hay una visión a futuro holística del país sino un conjunto de medidas provisorias y paliativos, los cuales no siguen un modelo de desarrollo. Verbigracia, el modelo de Perón, el cual pudo haber seguido un modelo de país, pero, siguiendo la lógica personalista del populista, se limitó a su tiempo de vida. Por ello, a raíz de su muerte, salieron mil vertientes del fenómeno peronista, las cuales muchas veces terminaban siendo diametralmente opuestas, no está de más decir que tanto Carlos Menem como su opositor Nestor Kirchner son del partido justicialista. En la actualidad, el peronismo solamente puede definirse como la plataforma política más grande y más poderosa de la Argentina.

Bien, delineados los conceptos de populismo y Tercera Vía, cabe la pregunta ¿es posible una alternativa de la Tercera Vía para América Latina sin que esta se convierta en populismo? Obviamente.

¿Han existido casos en los que se ha llegado a una alternativa de Tercera Vía sin caer en la trampa populista? Tal vez el caso más representativo de esto es el de José Batlle Ordoñez en Uruguay. ¿Porque no podría considerarse a Batlle Ordoñez como un populista? Porque Batlle Ordoñez por lo menos tenía una concepción de Estado, más allá de la veneración de su propia persona. El Estado era concebido como un ente encargado de controlar la economía, una especie de descendiente del Estado Benefactor, por medio de monopolios estatales y así como de las regulaciones sociales; desde esta óptica el Estado estaría a cargo de intervenir, redistribuir los recursos y amparar a los ciudadanos. El batllismo concebía a la sociedad bajo este sistema de gobierno, como una sociedad la cual sería mayormente de la clase media e impulsada por una próspera economía.

Más allá de que exista un acuerdo o desacuerdo con respecto al soporte ideológico que tenía la concepción batllista, es innegable que es este uno de los pocos ejemplos de estadismo dentro de América Latina. A pesar de que le plasma su apellido a la ideología, el batllismo no fue una política personalista, sino el resultado de una continuidad del gobierno del partido Colorado. Batlles solamente le añadió unos retoques (el típico ejemplo de una política pública incrementalista que defendía Lindblom). Así, la nacionalización de algunos recursos nacionales no fue vista como un fin, lo cual es el caso del General Perón, el General Velasco y el Presidente Chavez, sino como un medio para la construcción del estado que se visualizaba.

Costa Rica es un ejemplo de Tercera Vía desde una óptica completamente opuesta. Fue un acuerdo entre las principales fuerzas políticas, encabezadas por Otilio Ulate, por un lado, y las fuerzas lideradas por José Figueres por el otro, el que delineó como serían la nueva sociedad y el nuevo estado costarricense. Los costarricenses le dieron un ejemplo al mundo al abolir su ejército en Diciembre de 1948 y también le dieron un ejemplo al continente al instaurar el régimen democrático más estable en toda la historia latinoamericana.

Estos ejemplos, si bien son totalmente opuestos y han recibido muchas críticas, el estado benefactor sobre el cual se apoyó el batllismo no funcionó y la democracia costarricense durante mucho tiempo fue una democracia bipartidista, la cual todavía está imbuida de corrupción, empero, son la muestra de que si es posible pensar en una alternativa de la Tercera Vía sin necesidad de caer en el nefasto populismo.

Para esto, es básicamente necesaria una visión de Estado a futuro y el soporte en unos valores específicos con los cuales se debe comprometer la sociedad en su conjunto. Aunque ambas son esenciales, la segunda condición es sine qua non. La pregunta fundamental es ¿como hacer para que la sociedad se comprometa con este tipo de valores para la creación de una sociedad a futuro? Esto ya será función de otro ensayo.

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