Por una geopolítica más objetiva

¿ES POSIBLE EL DESARME NUCLEAR?

In Uncategorized on julio 6, 2009 at 3:10 pm

Siempre que se reúnen los presidentes de Estados Unidos y Rusia, tiendo a viajar a las épocas de la guerra fría, en donde estas reuniones implicaban la posibilidad de una guerra nuclear. Actualmente esas épocas han pasado y hacen parte de la historia (aunque los rusos se niegan a resignarse). Aún así, estas reuniones generan algún tipo de sentimientos de esperanza. Máxime cuando se va a tratar el tema del desarme nuclear.

Los cantantes y poetas empiezan a soñar con un mundo sin armas y los pacifistas vemos una luz para que nuestra existencia deje de depender de un botón rojo. Evidentemente, la reunión entre el presidente Obama y el primer ministro Medevedev tuvo como foco central los esfuerzos por la reducción del arsenal nuclear ¿Pero es realmente posible un mundo sin armas nucleares?

Desde el momento en que Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki, el mundo se encontró con una forma de destrucción masiva totalmente inconcebible. Y desde que el secreto cayó en manos de la URSS, el tema se ha convertido en un asunto completamente espinoso. Actualmente el poder nuclear está repartido entre las siguientes naciones: Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Israel, Pakistan, Corea del Norte e Irán. Así que actualmente una iniciativa de desarme nuclear total implicaría mucho más que una simple reunión entre los Estados Unidos y Rusia.

Herman Kahn es conocido por ser el futurólogo más conocido sobre la teoría del conflicto nuclear. Kahn aplicaba la famosa teoría de juegos a las probabilidades del uso de un arma nuclear por parte de alguna de las naciones que posea semejante tecnología.

Siguiendo este orden de ideas, las armas nucleares se convierten en una especie de “papa caliente”. Evidentemente poseer un arma nuclear le da una posición privilegiada a un país, pero no puede utilizarla sin recurrir en unos costos políticos muy altos. Máxime si el país es un país democrático. En pocas palabras, Estados Unidos tiene un gran poder en la medida en que tiene un gran arsenal nuclear pero la probabilidad de que agreda a algún adversario por medio del uso de dichas armas es bastante reducida. Probablemente el gobierno que las utilice no dure mucho en el poder.

Lo infortunado de este asunto es que este no es el caso de Corea del Norte, como tampoco es el caso de Rusia. Lo único que podemos anticipar es que Estados Unidos no va a ser el primero en agredir a otro país con un misil nuclear. No podemos hacer la misma aseveración de países como Irán, Corea del Norte o Pakistán, si Karachi llegara a caer en manos de los rebeldes Taliban.

Volviendo entonces a Herman Kahn, la posibilidad de que una nación utilice armas nucleares es demasiado impensable y los costos de tal decisión serían demasiado altos incluso si no se estuviera en una democracia. Además del costo político, el uso de una nación de su arsenal nuclear, inmediatamente le da derecho al agredido a responder de la misma manera. El caso de los misiles Condor en Argentina permite ilustrar claramente este hecho.

Los misiles Condor fueron una serie de misiles nucleares de largo alcance que Argentina inició durante el periodo de la dictadura y se desarrolló durante el gobierno de Raúl Alfonsín en la década de los 80’s. Estos misiles fueron construidos con tecnología y apoyo egipcio. En una época en donde la Guerra Fría todavía estaba latente, Estados Unidos vio con gran preocupación el intercambio de tecnología nuclear entre Egipto y Argentina. Evidentemente el coloso del Norte no podía permitirse que otro país del hemisferio desarrollara tecnología nuclear, y empezó a ejercer presión diplomática para que Argentina terminara con su carrera nuclear con la mayor rapidez posible. El país norteamericano vio sus esfuerzos recompensados con la subida al poder de Carlos Saúl Menem, con quien se lograron acuerdos para que en principio se vendieran los mísiles a Irán, pero obviamente los Estados Unidos no gustaban mucho del comprador y finalmente España terminó apropiándose de los misiles.

Evidentemente, en primera instancia se podría considerar el asunto como otro ejemplo de los esfuerzos de Estados Unidos por impedir el desarrollo de un país de América Latina, pero, con el debido respeto a los soldados y nacionalistas argentinos, si se mira con cuidado a la luz de Kahn, la posesión de esos misiles le habría significado a la Argentina unos costos muchos más altos de los que el débil país del sur podría soportar.

Hagamos el hipotético ejercicio de suponer que los misiles hayan sido construidos y Argentina obtiene un arsenal nuclear. Esto habría tenido dos consecuencias nefastas: en primera instancia, el hecho de que hubiera un país con arsenal nuclear en la región en esos tiempos de turbulencia geopolítica habría llevado a una carrera nuclear entre los países de la región. Evidentemente Chile y Brasil no se habrían quedado con los brazos cruzados viendo como su vecino se equipaba con las armas más poderosas del mundo. Esta situación le habría dado a la Argentina una situación privilegiada dentro del escenario regional lo que eventualmente habría obligado a sus vecinos a armarse también con arsenal nuclear so pena de encontrarse en una situación inferior al momento de negociar intereses nacionales con el país del argento. Y en el caso hipotético de que Chile se hubiera armado con arsenal nuclear en la década de los ochenta habría obligado a Perú y a Bolivia, en el mejor de los casos, a mirar el tema con mucha preocupación. En síntesis la primera consecuencia nefasta que habría tenido la inauguración de los misiles Condor, habría sido una carrera nuclear en la región, ante lo cual las relaciones entre los países de América Latina hoy serían muy distintas.

La segunda consecuencia nefasta del montaje de los mísiles Condor es de índole interna. Evidentemente la Argentina argumentó que los misiles tenían una finalidad meramente defensiva. Pero no basta mirar muy lejos para ver cual era el concepto de defensa que manejaba y aún maneja la nación argentina de aquella época. Argentina estaba resolviendo sus problemas fronterizos con Chile, pero no era un asunto que ameritara el uso de armas nucleares, y la relación con Uruguay siempre ha sido (por lo menos lo fue hasta el asunto de las pasteras) muy estrecha. Con Brasil se llevaba una buena relación y la entrada masiva de bolivianos al país todavía no había empezado. ¿Entonces para que necesitaba la Argentina una defensa nuclear?

El tema que siempre ha calado profundamente dentro de la nación argentina tiene nombre propio: Malvinas. La perdida de una isla que siempre consideraron suya en una guerra que aparentemente pudieron haber ganado, es la herida más grande que tiene la nación argentina. Evidentemente el factor Malvinas era el determinante para el montaje de los misiles Condor. Y el concepto de defensa en esos términos adquiría una connotación muy relativa. Muchos argumentan que Argentina estaría en una situación distinta con respecto a Malvinas de haber estado armados con los misiles Condor. Aunque siempre fue un hecho altamente improbable, el eventual uso de un misil nuclear sobre Malvinas, habría dado la excusa a Inglaterra para responder de la misma manera. Considerando el hecho de que Malvinas se encuentra en cercanías del territorio continental argentino, los costos de un eventual conflicto nuclear en Malvinas habrían resultado catastróficos para la Argentina en todos los aspectos posibles, mientras que la lejanía de Inglaterra con respecto a las islas le habría permitido salir un poco mejor parada.

Actualmente en América Latina solamente Brasil tiene poder nuclear dentro de su ejército: recientemente adquirió tres submarinos nucleares del ejército francés que le permiten tener una situación de superioridad con respecto a los demás ejércitos de la región. La única razón por la cual esto no ha degenerado en una carrera nuclear regional es básicamente porque ningún vecino ve a Brasil como una amenaza, y esto se debe particularmente a dos razones:

  1. Aún sin el arsenal nuclear, Brasil ya era el ejército más poderoso del continente. Igual si Brasil se enfrentara con cualquiera de sus vecinos, habría una escasa posibilidad de que saliera derrotado, y se necesitaría de una vasta inversión y una estrategia de largo plazo de cualquiera de los otros países para igualar el poder del ejército brasilero, así que el asunto podría reducirse a la analogía de jugar un partido de baloncesto con los Globettroters, o contra el Dream Team: mejor ni nos molestamos en salir al saque inicial.
  2. Brasil no es un país problemático dentro de la región. Una de las características de la política exterior brasilera es que siempre ha tratado a sus vecinos de manera amistosa. Con excepción de la llamada a su embajador por el penoso incidente con el gobierno del Ecuador y la empresa Odebrecht en Octubre de 2008, el gobierno brasilero no ha registrado ningún incidente mayor dentro de las relaciones con sus vecinos. Distinto sería que países como Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, El Salvador o Chile desarrollaran tecnología nuclear o adquirieran armas nucleares.

Entonces ¿es posible vivir en un mundo sin armas nucleares? Difícilmente. El problema del desarme es que implicaría que todos los países que actualmente tienen armas nucleares de hecho confíen en sus contrapartes y se desarmen todos al tiempo. Adicionalmente solamente se podría confiar en la palabra de honor de cada una de las partes considerando varios agravantes: no habría forma de verificar si todos los países están cumpliendo con su promesa (el caso del Irak de George W. Bush demostró que no es posible saber a ciencia cierta si un país tiene armas nucleares o no, los inspectores se demoraron una cantidad de tiempo y las fotos truncadas de Colin Powell le permitieron al gobierno seguir engañando al mundo entero por un tiempo corto). Por el otro lado habría que considerar que la información sobre desarrollo nuclear hace mucho que dejó de ser información privilegiada. Actualmente cualquier experto puede acceder a ella y volverla a restringir no es muy factible. Entonces suponiendo que todos los países pudieran ponerse de acuerdo en el desarme nuclear, el escenario que ello representaría sería altamente peligroso: si todos los países acabaran con su arsenal nuclear, el hecho de que un solo país desarrolle nuevamente una sola arma nuclear, lo pondría en una situación de completo poder sobre las demás naciones. En fin, la paradoja de Kahn es clara, las naciones se arman con dispositivos nucleares como estrategia para prevenir un ataque nuclear.

Y todo esto se tiene que hacer considerando el hecho de que el concepto de ADM (Armas de Destrucción Masiva) no solamente incluye a las armas nucleares sino que también incluyen a las armas biológicas y químicas. El panorama visto desde un punto tan realista parece sumamente desalentador: en el futuro el arsenal nuclear mundial tenderá a aumentar. Probablemente Estados Unidos y Rusia cumplan con el tratado firmado por Obama y Medvedev, pero Irán, Corea del Norte y Pakistán no hicieron parte del mismo.

¿Hay algo que se pueda hacer para cambiar este pobre destino? Afortunadamente sí, pero implicaría una renuncia a algunos de los valores que los países Judeo-Cristianos siempre han considerado sagrados y no va a venir de un estado o poderoso estadista, sino de la acción de nosotros y más específicamente, de nuestros hijos…

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