Por una geopolítica más objetiva

¿ES REALMENTE LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA LA SOLUCIÓN MÁGICA PARA LOS PROBLEMAS DEL CONTINENTE?

In Uncategorized on julio 6, 2009 at 7:32 pm

El siguiente es un discurso del Premio Nobel de la Paz y presidente de Costa Rica, estimadísimo Sr. Oscar Arias, en el marco de la V Cumbre de las Américas:

ALGO HICIMOS MAL

“Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo.

No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres.

Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad.

También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos.

Hace 50 años, México era más rico que Portugal. En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur,  ;y hoy Singapur – en cuestión de 35 ó 40 años – es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos.

¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10.

Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos.

En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra.

En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo –en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día– y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados.

Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas.

Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los académicos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo. Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso.” Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás.

 La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer.

Muchas gracias.

Oscar Arias”

Lo primero es que de cierta manera, es esperanzador saber que queda por lo menos un presidente dentro del continente con algo de sentido común: los problemas a América Latina no son por la completa culpa de los Estados Unidos, si bien no se pueden desconocer los abusos históricos estadounidenses con respecto al continente, también es importante resaltar que en la gran mayoría de los casos dichos abusos estuvieron respaldados por una clase nacional sobre la cual debería recaer gran parte de la responsabilidad. Así que la primera conclusión que se podría sacar es que los problemas de América Latina están debidos básicamente a una clase dirigente incapaz que no logró establecer políticas de estado que fueran sostenibles en el tiempo.

También el Presidente Arias se hace una gambeta espectacular cuando entiende que el problema es un problema que tiene sus raíces en la educación. Efectivamente fue la falta de Educación lo que impidió que América Latina se pudiera posicionar de manera privilegiada dentro del mercado internacional. Y actualmente todavía es ese el problema, y ello está relacionado precisamente con el hecho de que los países del Sudeste Asiático, los de Europa Oriental e incluso algunos países de África le hayan tomado la delantera a América Latina.

Ejemplos a nivel mundial hay varios, empezando por Irlanda, que hace 20 años estaba destrozada por el IRA y en una situación financiera complicada, y actualmente es uno de los países más prósperos de la Unión Europea. Y hace 20 años España era una economía bastante débil, y estaba invadida por los ataque de ETA, y, hasta antes de la crisis del año pasado, era una economía pujante. Pero seguramente estos ejemplos no sean convincentes ante el argumento acomplejado de “es que ellos son europeos” que se tiene dentro de este continente. El caso de los países del sudeste asiático puede demostrar entonces que si es posible alcanzar desarrollo en un lapso de tiempo relativamente corto. También se podrían mencionar lugares como los Emiratos Árabes Unidos: Dubai es actualmente una de las ciudades más desarrolladas del mundo, cuando hace 20 años, los EAU no hacían parte del mapa geopolítico mundial y la ciudad de El-Cairo, Egipto, es la ciudad más grande de África y va camino a ser la más grande del mundo.

Todos estos países lograron desarrollo y un nivel de vida alto para sus poblaciones. Ahora habría que preguntarse cual de ellos consiguió alcanzar dichos niveles por medio de:

a)      Una revolución encarnando un viejo símbolo político nacional

b)      Echar pestes contra los Estados Unidos o, por el contrario, creer que el mundo gira alrededor de los Estados Unidos (lo mismo da)

c)       Una política basada en el odio contra el que piensa diferente o, por el contrario, la implementación de una democracia participativa

d)      Un modelo de desarrollo económico nacional centrado en la exportación de mangos

La respuesta apropiada es:

e)      Ninguna de las anteriores

Resulta que dentro de las muchas cargas inútiles que llevan los países latinoamericanos, y sobre todo los estudiosos de las políticas latinoamericanas, se encuentra la de creer que el Estado es el único responsable de resolver los problemas de la sociedad. Y que el sistema político está diseñado con el objetivo de resolver dichos problemas.

Pero resulta que la dura realidad nos muestra lo contrario: el sistema político es simplemente el resultado de los valores sociales de la sociedad en la que está inmerso. Es que precisamente, dentro de los países democráticos (o los que pretenden serlo así sea solamente en el discurso) el sistema político está diseñado simplemente para concordar con los valores que la sociedad prefiere, y sin embargo, la sociedad latinoamericana tiene la impresión de que además está obligado a resolver todos los problemas que tales valores han generado.

Hay varios ejemplos de esto: la sociedad Argentina le tiene horror a la palabra “control”. Después de los nefastos hechos acaecidos en el país durante la década de los 70s – 80s, la sociedad argentina decidió hacer un viro total hacia el otro extremo, y pasar de un sistema con un control abusivo a un sistema sin ningún tipo de control. A ello se debe el alto número de sobornos, despilfarro de dinero e irresponsabilidad política de su sistema político. No existe un maestro que ejerza algún tipo de control sobre los niños, así como no existe ningún tipo de funcionario que realmente controle lo que hacen los demás funcionarios públicos. Cualquiera puede tirar un papel a la calle en cualquier parte, cualquiera se puede comportar como quiere, total no hay quien controle. Resultado: una economía totalmente inestable y un sistema político en donde todos los políticos hacen lo que quieren, cuando quieren y como quieren. No es de extrañar que un país que alguna vez tuvo al 80% de su población en la clase media hasta el año 1999 haya bajado ese número a 35% en la actualidad.

El caso Colombiano también es paradigmático, los colombianos tenemos fama de ser los mejores anfitriones, pero también el seno de su sociedad es completamente hostil. No es improbable que cualquier conflicto entre dos personas termine en agresiones e incluso el uso de armas de cualquier tipo.

Efectivamente, un país que valora la hostilidad, así como privilegia la vieja frase “a la visita se no se le muestra el mueble viejo”, solamente podía valorar un sistema político que favoreciera el uso de la fuerza para eliminar criminales con el ánimo de lograr atraer mayor inversión y turismo y como su única esperanza para terminar con una guerra que lo ha venido envolviendo desde hace 50 años, cuando este país ha estado sumido en enfrentamientos armados prácticamente toda su vida republicana.

Y el tema no es solamente del continente latinoamericano, los sistemas políticos europeos también están diseñados con base en los valores de la sociedad. La sociedad inglesa siempre ha valorado a la ciudadanía de acuerdo con una concepción del derecho de sangre que asiste a los lords y el derecho al merito que asiste a los sires. De esta forma el sistema político, al igual que la sociedad inglesa, está diseñado para satisfacer ese tipo de valoraciones, no es por tanto interés del Estado inglés mejorar las condiciones de vida de aquellos que se encuentran en la parte más baja del escalafón social (los inmigrantes), porque la sociedad tampoco le da valor a ello. Una democracia se basa en el sufragio de los ciudadanos y los ciudadanos elijen de acuerdo con los valores que les han inculcado.

Y esto se puede aplicar a todos los demás países, los sistemas políticos están moldeados de acuerdo con los valores de la sociedad que lo crea. Bajo esta perspectiva ¿es realmente la implantación de un sistema de democracia participativa la solución mágica para los problemas de América Latina? La respuesta en estos casos sería que no.

Probablemente los vicios políticos se adapten al nuevo sistema participativo y eso se ve claramente en los tibios intentos de participación que han implementado los gobiernos de Venezuela y Bolivia, así como el innovador concepto de referendo ilegal solamente valido en caso de una victoria, del Sr. Zelaya: la participación dependiente en su totalidad del estado de ánimo del mandatario populista.

Entonces si lo que se quiere es un verdadero cambio que lleve a un progreso de las naciones, el secreto tal vez no radique en el cambio del sistema político, sino en el cambio de la sociedad que lo soporta de tal manera que se creen ciudadanos más críticos hacia su realidad y sus sistemas políticos. ¿Pero como logramos cambiar a la sociedad? El excelentísimo doctor Oscar Arias ya dio la respuesta: por medio de la educación.

Pero eso ya es otro tema.

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