Por una geopolítica más objetiva

GEORGIA ON MY MIND

In Uncategorized on agosto 10, 2010 at 2:19 am

Dedicado a mi amiga Jackeline M. Zuñiga y a mi amigo Adrián Abraham.

El pasado 7 de Agosto se posesionó el nuevo presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. Los asistentes internacionales a su posesión no fueron sorpresa alguna; los grandes amigos de la filosofía del saliente presidente de Colombia, conformada por el trío maravilla: Martinelli de Panamá, Lobos de Honduras y Alan García del Perú (todavía no hay certeza sobre el rumbo que tomará Sebastián Piñera en Chile), y en el medio todo el rango de presidentes de centro-izquierda, los cuales fueron los ideólogos de esa nebulosa que llaman UNASUR, la cual anda de alguna manera u otra hacia un rumbo no definido todavía, la presencia del delfín Felipe de España tampoco sorprendió, siempre aprovecha la oportunidad de una posesión presidencial para escaparse un fin de semana en Bogotá, máxime ahora que su equipo es campeón mundial. Tampoco sorprendieron las ausencias de los mandatarios de Venezuela, Bolivia y Nicaragua. Si sorprendieron en cambio, la presencia del presidente del Ecuador, lo cual es una muestra bastante positiva de la disposición del mandatario ecuatoriano hacia el pleno reestablecimiento de las relaciones, también sorprendió la ausencia de algún emisario del gobierno estadounidense, máxime si se considera que Colombia es el principal aliado de los Estados Unidos, sin embargo hubo una asistencia que, aunque desapercibida por los medios, es señal importante de un tema geopolítico que no sido muy abordado dentro de la geopolítica regional: la presencia de Mijaíl Saakashvili, mandatario georgiano.

¿Que hacía el mandatario de Georgia en la posesión del presidente de un país que no tiene relación importante alguna con el suyo? Si nos apegamos al axioma de que nada pasa sin una razón, entonces para entender la razón de semejante sinsentido habría que regresar a un trabajo previo, publicado hace bastante tiempo ya, y es la teoría del intercambio de Cúcuta por Tblisi.

Como se mencionó anteriormente, Estados Unidos y Rusia experimentaron un impasse importante en Agosto de 2008, debido al problema que tenía la pequeña República de Georgia con sus provincias de Abkhasia y Osetia del Sur, quienes querían ser independientes con el apoyo de Rusia. Georgia, sumamente amiga de las potencias occidentales, no quiso reconocer tales intenciones separatistas y Rusia amenazó con ayudar militarmente a los territorios separatistas si el gobierno de Georgia no estaba dispuesto a reconocer las autonomía de Abkhasia y Osetia del Sur. Es decir, las fuerzas rusas ocuparían esos territorios para asegurar la independencia que estos territorios iban a tener de Georgia . En ese momento Georgia, que ya contaba con el apoyo de Estados Unidos, denunció el intento que Rusia quería anexarse aquellos territorios y que pensaba hacerlo por la fuerza. En esa época el mundo empezó a temer un enfrentamiento entre las dos mayores potencias nucleares del planeta. Estados Unidos se mantuvo firme en su apoyo a Georgia mientras que Rusia seguía amenazando con ocupar militarmente Abkhasia y Osetia del Sur.

Aquí vale la pena hacer una distinción importante sobre la concepción rusa dentro de todo este asunto. De acuerdo con el ex-asesor del Pentagono, Zbigniew Brzezinski, en su libro El Gran Tablero cuando se desmembró la URSS y se dividió en los países que actualmente conforman la CEI (Rusia, Bielorrusia, Armenia, Uzbekistan, Kazakhstan, Tadjikistan, Ucrania, Georgia, Estonia, Lituania, Letonia, Kirguistán, Turkmekistan, Azerbaijan) la “Madre Rusia” aceptó tal desmembramiento, pero esta zona nunca dejó de ser su zona de influencia. A pesar de que Rusia ya no tenía control político y militar sobre estos países, siempre los consideró satélites suyos. La presencia de tropas norteamericanas en territorio de Georgia y la posibilidad de que Georgia estuviera aplicando para entrar en la coalición de la OTAN fue visto por Rusia como si las potencias occidentales estuvieran entrando en su territorio. Y la presencia militar de los Estados Unidos en Georgia, un antiguo territorio suyo, no hizo más que enardecer su ya herido sentimiento.

Volviendo entonces al tema de Agosto de 2008, Estados Unidos apoya a Georgia en su intención de no permitir la independencia de Abkhasia y Osetia, mientras que la herida Rusia no está dispuesta a permitir el ultraje e invade militarmente estos territorios. En ese momento, los Estados Unidos deciden no apoyar la confrontación pero tampoco se retiran de Georgia y además condenan los actos de Rusia públicamente. Rusia logró entonces su cometido pero no olvidó nada de lo sucedido, le estaban invadiendo su territorio…

Si miramos atrás en las épocas de la guerra fría, cada vez que Estados Unidos amenazaba un interés vital de la URSS, esta contestaba amenazando un interés vital de Estados Unidos. La famosa Crisis de los Mísiles es el ejemplo paradigmático de esta estrategia. Sin embargo, a pesar de que la guerra fría ya pasó, Rusia en repetidas ocasiones ha demostrado que no está derrotada como potencia mundial y todavía se encuentra en capacidad de hacer frente a las acciones que afectan sus intereses, como ha sido su participación en los casos de la compra de uranio por parte de Irán, el bombardeo a Kosovo y recientemente la guerra de Irak. Consecuentemente, Rusia está claramente interesada pero siente que actualmente no tiene poder político para obligar una retirada de Estados Unidos del territorio georgiano, así que, al igual que la crisis de los mísiles tal vez logre obligar tal retirada, en el momento adecuado… infortunadamente para los rusos, la guerra fría ya se terminó entonces ya Cuba no les sirve de nada.

Los rusos no tienen razón para poner bases militares en ese territorio, los cubanos han resistido todas las tentativas estadounidenses y en todo caso, si los rusos pusieran un contingente de sus fuerzas allí, no lograrían poder alguno para forzar una retirada de los Estados Unidos de Georgia, hace mucho que los estadounidenses cambiaron sus intereses de país, en el peor de los casos los Estados Unidos llevarían el caso ante la ONU u otra corte internacional.

Es por esto que a los enviados rusos se les debieron de haber iluminado los ojos cuando recibieron la delegación venezolana buscando un acercamiento militar. Como se dijo anteriormente, es en este contexto que debe leerse el paseo del barco Pedro el Grande por las costas venezolanas y cubanas cargado de ojivas nucleares, la llegada de los asesores militares rusos a Venezuela, la construcción de fábricas de fusiles Kalashnikov en Maracaibo y los constantes entrenamientos de parte de militares rusos que han tenido los miembros del ejército venezolano.

Es claro que Rusia no va a forzar una guerra entre Venezuela y Colombia, pero es también más que evidente que los rusos están más que interesados en lo que pase dentro de dicha parte del continente, porque en el caso de una improbable conflagración, no dudarán en apoyar a los ejércitos venezolanos con el ánimo de forzar a los estadounidenses a sentarse a negociar su presencia en Georgia: o se van de Georgia, o Rusia apoyaría una posible invasión de Venezuela a Cúcuta, en lo que he querido llamar la teoría del intercambio de Cúcuta por Tblisi.

Además de los hechos nombrados en un trabajo anterior, (p.e. el paseo de Pedro el Grande, la solicitud de Rusia de ser miembro observador de la UNASUR, la solicitud de extradición de Viktor Bout el traficante de armas de las FARC al gobierno de Tailandia, el apoyo a la apelación por pedir la extradición de Yair Klein a Colombia, etc) otros hechos recientes apoyan la posibilidad de esta teoría: el primero es el objeto del presente artículo, la presencia del primer ministro georgiano en la ceremonia de posesión de Juan Manuel Santos, en todo caso sería interesante buscar respuestas alternas a la pregunta ¿que hacía el Sr. Mijaíl Saakashvili en la posesión de Santos?

El otro hecho llamativo es la reunión que tuvo el mismo Juan Manuel Santos con el director de la CIA, cuando este era candidato. Dentro de la clasificación de conflictos que maneja la inteligencia estadounidense el conflicto colombiano siempre ha sido de intensidad media, es decir, no tiene la potencialidad de llegar a una conflagración importante de personas pero tampoco es un conflicto meramente local, además no afecta ningún interés importante de los Estados Unidos, y por eso, a pesar de la importancia que Colombia obtiene cada vez más dentro de la política de la Casa Blanca, sigue ocupando un lugar inferior medio dentro de la agenda política, y por lo tanto no ameritaría que el mismo director de la agencia de inteligencia se reúna con un candidato presidencial. Es obvio que el tema a tratar no era una guerra interna que el gobierno tiene casi ganada, de igual forma como tal guerra tampoco justifica la presencia de militares norteamericanos dentro de bases colombianas. Algo más grande tuvo que ser el tema de discusión entre los dos líderes…

Un último hecho que puede servir para apoyar esta teoría, es el hecho de que los Estados Unidos no ha salido, ni piensa salir de Georgia, como bien lo mencionó la Secretaria de Estado, Hillary Clinton durante su última visita a Tblisi “Nosotros recibimos cualquier diálogo entre Estados Unidos y Rusia. El hecho es que, bajo las condiciones de este diálogo, los Estados Unidos permanecen comprometidos con su posición inicial de mantener la integridad territorial de Georgia”, así como Rusia cada vez está más involucrada con Venezuela, en Abril 5 del presente año, ambas naciones firmaron contratos millonarios de cooperación en materia energética, educativa, agrícola, comercial y tecnológica, sin mencionar las millonarias compras militares que hizo Venezuela a Rusia en esa misma ocasión, ante la ambigua y etérea declaración de Vladimir Putin para la ocasión: “Si Estados Unidos no quiere comercializar armamento con Venezuela, para nosotros es bueno”.

En fin, toda esta teoría solo podría ser comprobada ante el improbable hecho de que Colombia y Venezuela entren en un conflicto bélico, posibilidad que disminuye con la salida de Alvaro Uribe del poder, a pesar de la demanda que puso ante la Corte Penal Internacional contra Hugo Chavez, ya que, a diferencia de Georgia y Abkhasia, no hay una verdadera voluntad ni motivo por parte de ninguno de los dos países de entrar en una guerra.

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MARCHA MUNDIAL ¿POR LA PAZ?

In Uncategorized on enero 12, 2010 at 2:10 am

Antes que nada quisiera aclarar que esta opinión no es algo personal. He tenido la oportunidad de compartir ideas y experiencias de vida con miembros del partido humanista y realmente considero que son ejemplares y dignas de emulación. Muchas de las personas con las que he tratado han mostrado el mejor interés en cambiar este mundo enfermo y han dado ejemplo sobre como hacerlo. Además, tuve la oportunidad de celebrar el año nuevo con ellos y la verdad que me pareció una celebración muy bonita, una experiencia única. Me parece importante decir esto, porque en realidad tengo algunas diferencias con la filosofía bajo la cual se hizo la Marcha Mundial por la Paz, no quiere decir ello que tenga diferencias con el partido humanista o con alguien en particular, sino más bien son diferencias teórico-filosóficas, lo cual es más o menos el espíritu con el cual creé este blog en particular.

Aunque puedo diferir con algunos de sus planteamientos, creo que el partido humanista se encuentra mejor preparado y tiene mucho más sentido común que la mayoría de las tendencias de izquierda (ni hablar de los populismos del norte del continente) y de derecha que se han visto en la región.

Bien, tuve la oportunidad de hacer parte de la Marcha Mundial por la Paz desde Santiago hasta Punta de Vaca, que fue donde terminó, lo hice y lo hago porque estoy de acuerdo con el planteamiento inicial de los organizadores de la misma: el mundo tiene una crisis de valores y solamente creando una sociedad diferente se podrán resolver los problemas de la humanidad. Mi noción personal de ser consecuente entre lo que se dice y lo que se piensa, me obligaba a estar presente, ya que todos podemos tener diferentes tendencias religiosas, filosóficas, político-ideológicas y demás, pero podemos ponernos de acuerdo en resolver tales diferencias por medios no violentos. Heme ahí entonces, sin hacer parte formal del movimiento humanista (aunque me he documentado sobre los planteamientos del mismo), haciendo parte de la Marcha Mundial por la Paz. A pesar de que aplaudo y aplaudiré la iniciativa de recorrer el mundo abogando por la paz y más aún de materializar tal iniciativa, hubo ciertos aspectos de la marcha que vi en este tramo final de la misma que me parece, se alejan de lo que debería ser una auténtica y genuina marcha mundial en favor de la paz (valga la pena decir que esto se dice más con el ánimo de tenerse presente para la próxima vez que se quiera organizar algo por este estilo, que con el ánimo de criticar negativamente los ingentes esfuerzos hechos por los organizadores de la marcha):

  1. El aspecto que consideré más inapropiado del evento fue el proselitismo político, no tanto por los miembros del mismo partido (lo cual es normal: si el partido humanista organizó la marcha, está en todo su derecho de hacerle publicidad), sino hacia el presidente Evo Morales, quien ni siquiera llegó a la presidencia como candidato del partido humanista. Y siendo honestos, en todo el mundo, hay políticos que tienen más meritos para ser considerados ya sea como humanistas o como presidentes por la paz que el presidente Morales. Para la muestra de un botón: Malali Joya, la candidata favorita al premio Nobel de la Paz, que sorpresivamente recibió Barack Obama. Malali Joya, “la mujer más valiente de Afganistán” ha luchado por los derechos de la mujer en su país, ha sido objeto de múltiples atentados y fue expulsada por denunciar a narcotraficantes y señores de la guerra dentro del gobierno de Hamid Karzai. Actualmente recorre el mundo, sin poder volver a su país denunciando las atrocidades que se están cometiendo en nombre de la democracia en Afganistán.

Por otro lado, el Dr. Hamilton Naki, fue el primer cirujano en hacer un trasplante de corazón, sin embargo, le dieron el crédito a su colega, Christian Barnaard, por el simple hecho de que él era negro en pleno apartheid y el Dr. Barnard era blanco. No obstante, el Dr. Naki siempre practicó la cirugía para ayudar a los suyos y lo hizo por una remuneración miserable, porque su condición de ser negro en Sudáfrica no le permitía tener un sueldo decente, en lugar de andar echando diatribas y fomentando el odio entre blancos y negros, el Dr. Naki se dedicó a hacer lo que mejor supo, por el bien de su país, personalmente considero al Dr. Naki, un verdadero héroe de la paz. O incluso el mismo Nelson Mandela, o el arzobispo Desmond Tutú eran candidatos más que idóneos para recibir ovaciones en la marcha mundial por la paz.

Ahora ¿hubo algún reconocimiento para Malali Joya o para el Dr. Hamilton Naki al final de la Marcha Mundial por la Paz? ¿Se mencionó a Mandela o a Tutú en alguno de los fogosos discursos con los que se cerró la marcha? No. La gente no paraba de corear “Evo, Evo”. ¿Y quien es este Evo Morales que tantos elogios mereció en la Marcha Mundial por la Paz? Muy bien lo dijo el escritor Edmundo Paz Soldán: “La clase media boliviana quería un líder indígena capaz de un discurso incluyente que fuera a articular las divisiones inherentes en el país. No tuvo a un segundo Mandela, tuvo a un primer Evo. A Evo no le interesa oficiar de estadista capaz de estar más allá del bien y del mal y de unir a los contrarios; lo que él quiere es afirmar la conciencia étnica de los grupos indígenas y refundar Bolivia simbólicamente en torno a lo indígena.

Muchas cosas se le pueden reconocer al presidente Evo Morales, pero la paz no es una de ellas. Evidentemente, el gobierno Morales lejos de lograr un país incluyente, piensa en un país meramente indígena ¿consecuencia de ello? Casi se le desintegra el país en 2008. Los integrantes de la Marcha Mundial por la Paz cometieron un desliz imperdonable con la campaña política a Evo Morales, siendo que Morales es uno de los muchos presidentes en el continente americano que no tiene derecho moral a considerarse abanderado de la paz. A esta lista de presidentes que le han hecho un flaco favor a la paz en sus respectivos países, se le puede añadir el siempre muy consecuente premio nobel de la paz, Barack Obama, el presidente Hugo Chavez, el presidente Alvaro Uribe, el presidente Rafael Correa, el (¿presidente?) Raul Castro, el presidente Daniel Ortega y el presidente de Honduras, tanto el legítimo como el ilegítimo, sea este quien sea. El caso de Lula es debatible, porque si bien Lula ha optado por el diálogo y ha emergido como un verdadero interlocutor para resolver los problemas en el continente, también es responsable de traer la tecnología nuclear al continente, así que también se le podría incluir en la lista. Si realmente se quería hacer proselitismo por un político latinoamericano que haya hecho algo verdadero por la paz, eran más idóneos el presidente de Costa Rica y meritorio premio nobel de la paz Oscar Arias,  la presidente Bachelet de Chile o Cristinita en Argentina (si nos guiamos por el viejo adagio de “más es por lo que dejo de hacer que por lo que realmente hago”), Leonel Fernandez de República Dominicana también puede hacer parte de este grupo. En síntesis, las constantes alabanzas al presidente Evo Morales fueron algo desprolijo e impresentable para una primera Marcha Mundial por la Paz.

  1. El otro asunto que fue completamente inconsecuente con el espíritu de una Marcha Mundial por la Paz fue el reducir todo el tema de la paz mundial a cinco puntos:
    1. Rechazo a todo tipo de violencia
    2. Salida de las tropas invasoras de los países ocupados
    3. La reducción progresiva y proporcional del armamento convencional
    4. La firma de tratados de no agresión entre los países
    5. La renuncia de los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos

Infortunadamente, y esto lo digo con el mayor respeto posible, de los cinco puntos, cuatro son falaces y no llegan a abarcar realmente el anhelo de un mundo mejor y en paz. El único punto que realmente conducirá a una paz verdadera (y que fue la razón por la cual me adherí a la marcha), es el primero: rechazo a todo tipo de violencia. Infortunadamente, tengo reparo con los otros cuatro. Voy a pasar a comentar la explicación de cada uno:

–          Salida de las tropas invasoras de los países ocupados: ¿Que países? ¿Y cuales tropas invasoras? ¿Estamos hablando solamente de Iraq y Afganistán? ¿O el slogan también va para Israel y Palestina? ¿Y para donde se tienen que ir las “tropas invasoras” en este caso? ¿Incluye también a China y Taiwan? ¿Que pasa con Rusia y el Daguestán? ¿Quien debería irse y quien debería quedarse en estos casos? ¿Cachemira entra dentro de las pretensiones de salida de ejércitos del movimiento humanista? ¿Y que tropas son las que se tienen que ir de ahí: las de India, las de Pakistán o las de China? ¿Y que pasa con el soft power? ¿Ese si se puede quedar? ¿No hay presencia de ejércitos, pero podemos subyugar a cualquier país cultural y económicamente? Pero dejemos todos estos ejemplos y regresemos por un momento a Irak y Afganistán, que me imagino es el espíritu con el que se hizo la propuesta de la marcha. Una de las pocas cosas en las que 90.0% del mundo entero estamos de acuerdo, es que ambas invasiones son condenables, y yo más que cualquiera, desearía que algún día una corte penal internacional enjuiciará al Sr. George W. Bush y a todos sus halcones por las atrocidades cometidas en ambos países. Pero ahora, el gobierno del presidente Obama se encuentra con una realidad y es que si salen las tropas de Afganistán, la situación de las personas en Afganistán no mejoraría. Lo que ha evaluado el presidente Obama es que si Estados Unidos se retira de Afganistán, el país probablemente vuelva a caer en manos de los taliban, quienes son el único grupo local lo suficientemente organizado para mantener control político sobre todo el territorio nacional.  Evidentemente el reclamo de la marcha no es “una mejor vida para los habitantes de los países ocupados”, sino que salgan las tropas invasoras de ahí. ¿Quedarían contentos entonces los humanistas, si salen los ejércitos estadounidenses de Afganistán y los talibanes vuelven a imponer el control y a prohibir a las mujeres que estudien y a obligarlas a lucharse la comida con los perros y a usar la burka en medio de un calor de 38 º C? ¿Donde está lo “humanista” en eso? Es cierto, el gobierno de Hamid Karzai es un desastre y adolece de todos los males de una democracia, ineficacia, corrupción, incapacidad e ingobernabilidad. ¿Pero estarían mejor las cosas para los afganos si se retiran las tropas estadounidenses y suben los  taliban? Personalmente considero que no. El mismo asunto pasa con el caso de Irak, si Estados Unidos se retira de Irak, las pugnas entre Kurdos, Chiis y Sunnis probablemente harían colapsar al país, generando una situación más caótica que la que se vive actualmente. Lamentablemente, lo único que salva a estos países de ser estados fallidos es el hecho de que están las tropas de estos países extranjeros ahí. Ese fue el triste legado que le dejó al mundo el Sr. George W. Bush, un juego en el que, no importa lo que se haga, siempre se va a perder. Para no hacer esto más largo dejo los otros ejemplos que mencioné para otra ocasión o para la investigación personal de quien esté interesado en el tema.

El otro asunto que me pareció hasta indignante de la forma como se trató este punto en la Marcha Mundial por la Paz fue el otro tema, como raro, olvidado y no tratado: África. Tanto que se insistió en la salida de tropas extranjeras de países ocupados: República Democrática del Congo es el conflicto más sangriento desde la II Segunda Guerra Mundial: 5.2 MILLONES de víctimas. Este conflicto involucra todo tipo de cosas salvo las malvadas tropas estadounidenses invasoras; 9 países africanos involucrados: Ruanda, Angola, Congo, Tanzania, Zambia, Sudan, República Centroafricana, Burundi y Uganda. Y todo por las minas del famoso coltan, el material del cual sale el Tantalio, elemento esencial del cual se hacen entre otras cosas, los celulares que la gente cambia cada año. Una vez más, el progreso del Occidente blanco está soportado en la sangre de la periferia, pero a la Marcha Mundial por la Paz eso no pareció importarle: parecía más urgente apoyar las diatribas antiimperialistas del presidente Evo Morales.

–          Reducción progresiva y proporcional de armamento convencional. El problema no son las armas: el problema es quien las tiene y para que las utiliza. De nada nos sirve fundir todos los revólveres del mundo y hacer con ellos hornos para calentar comida para las personas, si una banda de desadaptados van a hacer pequeños estiletes de cepillos de dientes y se van a hacer con el control de los hornos por la fuerza, que es casualmente una descripción caricaturesca de lo que esta pasando en Somalia, país que tampoco pareció existir para los organizadores de la Marcha Mundial por la Paz (bueno, dejando de lado el juego de palabras, el país literalmente no existe, pero el asunto es que fue un tema que no pareció pesar mucho dentro de la Marcha). Además, el mundo actualmente se encuentra con otras amenazas más plausibles y que son una verdadera amenaza para nuestra existencia como especia humana, por encima de las guerras convencionales p.e.: durante la reunión de Copenhague, el Sr. Ian Fry, delegado de la pequeña Isla de Tuvalu le pidió con los ojos aguados a las naciones desarrolladas que se comprometan a reducir las emisiones de carbono, porque debido al crecimiento del nivel del mar, que es causado por el derretimiento de los polos a causa de la reducción de la capa de ozono del cual son responsables la susodichas emisiones, su pequeña isla de Tuvalu se está hundiendo. 11.600 personas por las que los humanistas hicieron más bien poco, se están hundiendo o, en el mejor de los casos, quedando sin hogar, lentamente. 11.600 personas es casi el doble de la cantidad de muertes registradas en Ciudad Juarez, la ciudad más violenta del mundo, según datos de la ONU y el Banco Mundial, durante todo el 2009. ¿Que clase de humanismo no considera problemas como este para incluir dentro de sus peticiones a nivel mundial? ¿Porque la marcha no exigió que se llegara a un acuerdo vinculante con respecto al medio ambiente, acaso no han oído hablar de lo que académicamente se llama “violencia estructural”? A veces me da la impresión de que así como el cristianismo dejó de hacerlo caso a Cristo, el humanismo se basa en el principio de no-violencia de Gandhi, pero no parece tener mucha consideración por el resto de sus ideas. ¿Que pasó con “la pobreza es la peor forma de violencia”? Más de 1000 millones de personas padecen actualmente hambre en el mundo y la cifra sigue creciendo, obviamente la Marcha Mundial por la Paz tampoco pasó por esos lados. Adicionalmente podemos listar otras amenazas serias que no pasan por el tema de la reducción de armamento convencional como son las guerras no formales, es decir, las guerras que se hacen entre ejércitos regulares y ejércitos de personas no militares, que no tienen armas convencionales, sino que las fabrican ellos mismos; la inseguridad y el tráfico de drogas; el crimen organizado en todas sus modalidades y la violencia familiar entre otros asuntos graves que nos aquejan, que amenazan a la paz mundial y que no se van a resolver con una simple reducción de armamento convencional.

–          La firma de tratados de no agresión entre los países. Hay un triste ejemplo histórico sobre el tema: el tratado “Briand-Kellogg”. Terminada la I Guerra Mundial, y como resultado de los horrores que habían acabado de vivir, los países industrializados del momento decidieron firmar un tratado en el cual renunciaban a la guerra como instrumento de política nacional. AÑO 1928!!!! Los firmantes de este tratado fueron Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Japón, Bélgica, Polonia, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, Irlanda, India y Checoslovaquia. Otros 57 países se adhirieron más tarde.

Este es un claro ejemplo de que un tratado político de nada sirve, si no hay un pueblo detrás que lo respalde. Seguramente el canciller alemán que se unió a la firma del tratado Briand-Kellogg, lo hizo con la mejor de las intenciones, pero apenas terminó su mandato, el pueblo alemán decidió elegir democráticamente al Sr. Adolf Hitler quien no pareció enterarse de la existencia de tal acuerdo.

–          La renuncia de todos los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos. Ibidem. Si un gobierno democrático renuncia a utilizar la guerra para resolver sus conflictos internos y externos, no hay garantía de que su sucesor respete el tratado. Eso solamente sería posible por medio del control por parte de un electorado que no permita la guerra ni apoye ideas belicistas, por ende lo realmente importante sería tener una sociedad que elija presidentes que renuncien a las guerras para resolver sus conflictos, más precisamente, la demanda debería ser “La renuncia de todas las personas a utilizar las guerras (o la violencia) para resolver sus conflictos”. No fue ese el espíritu de la solicitud hecha por la marcha, queda para la historia que la petición fue “La renuncia de los gobiernos de utilizar las guerras para resolver conflictos”.

Muchas otras críticas pueden hacerse a este primer proyecto de una Marcha Mundial por la Paz, pero tal vez lo mejor para terminar sería mi visión personal de lo que debería ser una genuina Marcha Mundial por la Paz. Porque francamente, más que una Marcha Mundial por la Paz, pareció ser una marcha para demostrar que el movimiento humanista tiene presencia en todo el mundo.

Creo que una marcha que realmente puje por la paz mundial debe considerar la paz en varios aspectos: político, ambiental, económico y social. En el aspecto político deben revisarse los lugares en donde hay guerras y conflictos, en donde hay civiles padeciendo horrores y listarlos, humildemente hago una primera propuesta, después se le pueden agregar o quitar nombres:

–          República Democrática del Congo

–          India y Pakistán (Cahemira)

–          Israel y Palestina

–          Iraq

–          Afganistán

–          Corea del Norte y Corea del Sur

–          Somalia

–          Pakistán (Waziristán)

–          Armenia

–          Georgia

–          Colombia

–          Perú

–          Brasil

–          México

–          Irán

–          Myanmar

–          Vietnam

–          Libano

–          Yemen

–          Sudan

–          Chad

–          Nigeria

–          Guatemala

–          Honduras

–          Chechenia

Y se abogaría por la paz total en estos lugares, más que vitorear a algún líder político. Soy bastante escéptico de que una Marcha Mundial por la Paz pueda ser realmente genuina si hay proselitismo político en el medio.

Una genuina Marcha Mundial por la Paz también debe ser incluyente, es decir debe abogar por incluir gente de todo tipo de religión, creencia religiosa, ideología política y no tratar de imponer la presencia de un movimiento u organización política, religiosa o social, sea esta cual sea, por encima de las demás. Precisamente el espíritu de tal marcha debe ser que todos aceptemos que pensamos diferente, pero que acordamos resolver nuestras diferencias de manera pacífica, no importa que tan profundas sean estas y si, la renuncia de todas las personas a cualquier forma de violencia.

En el tema ambiental haría lo propio pero reuniendo ahora los asuntos ambientales de mayor importancia y exigir su pronta resolución y también se debería considerar el tema de los recursos energéticos, que actualmente son de vital importancia para todas las sociedades.

En el tema económico el enfoque debe ser la pobreza.

En el tema social, el enfoque debe ser el hambre.

Creo que de esta forma, es que realmente se puede decir que el mundo entero se pueda unir para pedir por una vida mejor para toda la humanidad. Me quedaré esperando a que algún día tal marcha tenga lugar, y así como lo hice en estas semanas pasadas, gustosamente asistiré a marchar, una vez más, por la paz.

EL IMPERIO

In Uncategorized on octubre 25, 2009 at 7:48 pm

“El Imperio”, ha sido un constante referente durante los últimos 10 años. Aparentemente, cada vez que pasa algo en el continente, es culpa del imperio; siempre en busca de acabar con el bienestar de toda la región. Y sin embargo, poco se ha dicho de lo que realmente es este “imperio” o como funciona. Para los ojos de la inmensa ideologizada mayoría, el imperio es esa especie de “Emanuel Goldstein” orweliano, ese culpable de todos los males que nos aquejan. Ese chivo expiatorio para la incompetencia administrativa que genera odios y divide sociedades. Aunque esta estrategia de crear imágenes “goldstenianas” no es única para el “imperio” (ejemplos idénticos son el “terrorismo” del presidente Uribe de Colombia y “Osama Bin Laden” para George W. Bush), el atractivo del imperio es que es tan o más etéreo que el “terrorismo” en sí, y del cual poco se habla, más que en oscuras alusiones históricas sobre masacres y robo. En síntesis, al igual que “Goldstein” todos sabemos que hay un imperio, y supuestamente es responsable de todos lo malo, pero nadie realmente puede decir mayor cosa adicional sobre el mismo. Habría que iniciar la reflexión empezando por situar al “imperio”. ¿Donde queda? ¿Cual es su centro? La pregunta no es irrelevante ni es una verdad obvia. Para los bolivarianos miembros del ALBA, el asunto no tiene discusión, es el imperio norteamericano. Sin embargo, los argentinos, indios, sudafricanos, y algunas islas del Caribe son más proclives a pensar en el imperio inglés. Para los habitantes de Côte d’Ivoire imperio seguramente los referirá a Francia. Y según Taiwan no hay más imperio que el imperio chino. Evidentemente, no hay discusión de la supremacía que tiene Estados Unidos dentro del contexto mundial, siguiendo los cuatro ámbitos de Brzezinski, militar, cultural, económico y político; sin embargo, la primera reflexión que uno se haría sobre el tema del imperio, es que, a pesar de esa supremacía, Estados Unidos no sería el único “imperio” que está jugando dentro del juego internacional. Sin embargo, para efectos de este artículo consideraremos que el “imperio” es el imperio estadounidense, el cual opera de manera muy parecida a como operaba su antecesor, el imperio inglés, por ende el término puede aplicar a ambos. La segunda pregunta que cabe hacerse es ¿como está formado y como funciona este imperio? Y es precisamente en la respuesta a este tema en donde el discurso bolivariano se cae a pedazos. Y se cae a pedazos por la lectura tan errada que hace del mismo. Generalmente, cuando se habla del imperio, se hace referencia a los viejos imperios que rigieron al mundo a través de la historia, p.e., el imperio romano, el imperio carolingio, el imperio mongol, el imperio otomano o el imperio inca; los cuales eran pueblos y naciones más avanzadas los cuales querían tener el control político y militar sobre otros territorios y otros pueblos. El concepto con el cual la izquierda sudamericana ha manejado la lógica del imperio, es como si fuera una particular mezcla entre esa estructura milenaria político-militar, aunada al concepto marxista de dominación económica y al concepto leninista de imperialismo. Es decir, de seguir la lógica de los países del ALBA, los Estados Unidos, con todo su avance en todas las esferas humanas (casualmente la única esfera en la que registran retroceso es en la esfera moral-espiritual, pero ya es otro tema) actualmente basarían todo su poder en una estructura con mil años de antigüedad y su actuar sería el mismo que se describió a principios del siglo pasado. Es decir, cuando un gobierno no le quiere dar a los Estados Unidos lo que quieren, los Estados Unidos los invaden, bombardean y toman el control de ese país para luego obtener lo que quieren, máxime si este país se encuentra dentro de su área de influencia. Como lo hizo en su tiempo, el imperio español con los indígenas, y por eso corren por toda Sudámerica voces repitiendo el gastado cliché de la “segunda independencia”, supuestamente de los Estados Unidos. Si se quiere pensar que Estados Unidos tiene intenciones de invadir de alguna manera, algún país de América Central o América del Sur, o que lo tiene bajo su control político, ello significaría ignorar gran parte de la historia de Latinoamérica, gran parte del modus operandi de la política exterior anglo-sajona y gran parte de la misma historia de los Estados Unidos. En síntesis, si bien es cierto que Estados Unidos tiene una superioridad indiscutible en las esferas política, militar, económica y cultural (aunque la parte cultura es ampliamente debatible); actualmente la realidad demuestra que no ejercen control político y militar sobre los países de la región latinoamericana, y tampoco tienen interés en hacerlo, por lo menos de manera directa. Vale la pena mencionar también que de manera indirecta, el control que ejercen siempre es demasiado tenue, o si no que lo diga Saddam Hussein, pero ya regresaremos a ello. ¿Como opera entonces este imperio? Si se quiere entender el Modus Operandi de los Estados Unidos, es necesario regresar al Modus Operandi de sus mentores, los ingleses. Y es que, ya desde el siglo XVIII, el imperio inglés prácticamente introdujo una nueva forma de imperialismo, distinta a lo que se había venido manejando hasta el momento. Después de las independencias en las Américas, los ingleses empezaron a darse cuenta de algo bastante evidente: un proyecto de imperio sustentable no puede basarse en el control político directo de un pueblo extranjero. Evidentemente por aquella época Karl von Klausewitz ya revolucionaba al mundo intelectual y político al declarar que los soportes que determinaban la victoria en una guerra eran el aparato militar, la dirigencia política y el apoyo de la gente (acaso el más importante de los tres). La caída del imperio español y la derrota inglesa en América del Norte demostraron que no era viable mantener el control militar sobre un pueblo que no apoyaba a los ocupantes y que prefería darle legitimidad a sus propios dirigentes. Desde ahí, la estrategia de dominio inglesa cambió radicalmente. Por eso, cuando se expandieron al continente de Asia, solo se asentaron en zonas despobladas y no les interesaba mantener el control político directo sobre los pueblos con los cuales entraban en contacto. El modus operandi clásico inglés estaba basado en una mezcla entre la lógica capitalista y su herencia cultural medieval política basada en la “carta magna”. Así que en principio, los ingleses eran y son conscientes de que el monopolio, así sea el propio, es una circunstancia totalmente anticapitalista, por eso siempre su intención inicial era comerciar con los pueblos con los que establecían relaciones. Pero ellos solo lo hacían con aquellos pueblos que consideraban sus “pares”. Es decir, naciones formadas con un sistema político, económico y ejércitos que se les pudieran enfrentar. Así, cuando llegaron a China, país mucho más grande y rico que ellos, llegaron con la intención de que el rey chino les permitiera comerciar, e incluso, antes que llegar con barcos de guerra, llegaron con regalos para intercambiar. Una transcripción de la época registra la respuesta del emperador chino al rey Jorge III de Inglaterra: “Nosotros, por la gracia del cielo, Emperador, ordenamos al rey de Inglaterra a tomar nota de nuestro cargo: El Imperio Celestial, que rige todo dentro de los cuatro mares, no valora las cosas raras y preciosas, ni tenemos la más mínima necesidad de los productos de su país. Por ende, nosotros hemos determinado que sus enviados que nos traen tributo, regresen tranquilamente a casa. Usted, oh rey, debe simplemente actuar en conformidad con nuestros deseos por medio del fortalecimiento de su lealtad y jurando obediencia perpetua”. Evidentemente, esta respuesta, no solo significó un grito de guerra para los ingleses, sino que también les demostró que, al ser un gobierno que no estaba interesado en negociar, tendrían un sistema económico bastante débil, lo cual también se traduciría en el sistema político y militar. Efectivamente, en esta ocasión los ingleses declararon la guerra y se hicieron con China, pero no establecieron un gobernador propio allí, simplemente, por medio de los tratados de Nanjing y Tianjing, forzaron que les dieran derechos comerciales y de navegación en territorio Chino. Esta historia, al igual que muchas otras alrededor de todo el mundo demuestran que la política exterior de los ingleses, al igual que la de los norteamericanos, no estaba interesada, ni le interesa, el control político y militar de un territorio completo, en el peor de los casos colonizarán una ciudad estratégica, pero los países en donde intervengan siempre tendrán una relativa libertad política, porque el punto fundamental siempre es el comercio. Para los ingleses, siempre que no se interrumpiera el comercio, el país se podría caer en pedazos, como de hecho pasó con Israel, Irak, Costa de Marfil o Sudán. Vale la pena mencionar que gran parte de la estrategia europea también se dirigió por la misma senda, aunque manteniendo rezagos del viejo imperialismo, como es el caso del rey Leopoldo II de Bélgica, quien determinó que el Congo era su propiedad privada. Esta libertad política y obligación de comerciar, es lo que le ha dado su sustentabilidad y su esencia a la política exterior anglo-sajona. Evidentemente, a los anglosajones no les interesa realmente si el presidente Morales va a llevar a cabo una reforma agraria (en el periodo de la guerra fría esto de pronto si hubiera tenido importancia sin embargo es debatible), lo que les interesa es que no cierre el suministro de Bolivia a los Estados Unidos. El caso del presidente Chavez es casi que hasta hilarante: siempre y cuando el petróleo venezolano llegue a las refinerías norteamericanas, el presidente Chavez puede gritarle a los “yankees de mierda” todo lo que quiera. El caso paradigmático de toda esta lógica, el cual no es estudiado mucho por estas regiones del mundo, es Tailandia. Tailandia ha sido el único país del sudeste asiático que no ha caído presa de las invasiones europeas. ¿Como pudo Tailandia, país mucho más pequeño que China y mucho menos industrializado que Japón, no ser víctima del imperialismo europeo? La razón es muy sencilla: cuando los europeos llegaron a Tailandia para solicitar que los dejaran comerciar, el Rey tailandés hizo algo con lo que no contaban los europeos: aceptó comerciar. Al hacerlo, el mensaje para los europeos fue claro: se enfrentaban a un país del cual no sabían nada, pero que entendía la importancia del comercio, y al hacerlo podía igualarlos en fuerza. En épocas en las cuales el espionaje no existía y la inteligencia hasta apenas estaba siendo tangencialmente definida por Maquiavelo, tanto ingleses como franceses, a sabiendas de lo costosas que eran las guerras, prefirieron entablar directamente relaciones con Tailandia y los Tailandeses tuvieron 400 años de paz en lo cuales los ingleses no interfirieron en sus asuntos internos, incluso la revolución de 1932 fue una revolución pacífica. El caso de Tailandia fue el que impulsó la famosa reforma Meiji en el Japón, los japoneses, después de que los Estados Unidos los obligaron a comerciar, se dieron cuenta de que los occidentales solamente respetaban a aquellas naciones que veían como iguales, es decir, Estados-Naciones que estuvieran organizadas política, económica y militarmente. Y así fue que se reorganizaron para jugar por las mismas reglas que jugaban los occidentales, y de esta manera llegaron incluso, hasta antes de los trágicos hechos de 1945, a ser una potencia regional. Volviendo entonces a los ingleses, a diferencia de los Romanos, Macedonios, Aztecas, Mongoles o Españoles, los británicos no tenían la intención de derrotar a los pueblos extranjeros por la fuerza inicialmente. No rehuían a una guerra si esta era necesaria, pero en un principio, siempre llegaban a los lugares con intenciones de querer comerciar; si esto no funcionaba, su segunda movida era llevar a este pueblo reacio a la guerra con otra nación, también extranjera y apoyada por ellos, pero que de cierta manera pudiera gozara de legitimidad para sus conquistados. Finalmente si nada de esto funcionaba, si no había otra nación para causar una guerra o su nación aliada perdía, el “imperio” inglés se retiraba y solamente atacaba con su propio ejército si, en el marco de la diplomacia internacional, los contendores daban el primer golpe, cualquiera que este fuera. Si vencían en la guerra, obligaban al gobernante local a que accediera a sus demandas, en caso contrario simplemente le daban el poder a otro gobernante local. Dejaban un enviado especial ahí para que le informase a la corona sobre cualquier movimiento irregular, pero el pueblo, a pesar de haber perdido la guerra, seguiría teniendo independencia política. Esta es a “groso modo” la esencia de la política exterior británica, la cual ha sido emulada por los norteamericanos en su esencia, pero con algunas variantes propias de los contextos políticos y los avances tecnológicos. En esencia a los norteamericanos tampoco les gusta mucho la guerra o invadir un territorio extranjero, porque esta misma sigue y seguirá siendo la antitesis del accionar del un gobierno dentro de una democracia liberal: demasiado impopular y traerá consecuencias electorales, y además, puede resultar siendo demasiado cara. Cuando uno revisa el accionar de los Estados Unidos a través del siglo XX, se da cuenta de que copiaron la estrategia inglesa, solo que le añadieron el tema de la inteligencia y de este modo fue que empezaron con los temas de la creación de inestabilidad dentro de un país y los golpes de Estado. El modelo de William Dulles en la CIA sirvió para prescindir de la promoción de guerras internacionales ajenas para conseguir objetivos propios y permitió el uso de las guerras internas y los golpes de estado como forma de obtener el mismo resultado. Irán en 1953, Guatemala en el 54, Bahía de Cochinos en el 61 y Honduras en 2006, entre otras, son prueba fehaciente de esta forma de “política exterior inglesa nivel 2” que se mantiene aún hasta nuestros días. Dicha política ha tenido sus interruptus, en 1915, el presidente idealista Woodrow Wilson, premio Nobel de la Paz y creador de la Sociedad de las Naciones, invade Haití con el ánimo de pacificar la dura situación que se vivía en la isla. En 1993, los Estados Unidos entran en Somalia con el ánimo de mantener la paz y enviar alimentos, en 1950 los Estados Unidos salen en ayuda del Gobierno de Corea, 1965 en Vietnam y en 2001 George W. Bush decide invadir Irak y Afganistán. En todos estos casos el “imperio” de los Estados Unidos ha salido muy mal librado. Y generalmente, el descalabro de la derrota política subsiguiente a la aparente victoria militar, hace que las clases dirigentes estadounidenses se olviden de pensar en intervenciones armadas, al menos por una generación y por esto estas invasiones están tan separadas entre sí cronológicamente hablando. Ahora bien, dejando de lado las invasiones, la política estadounidense, se ha centrado, al igual que su mentor inglés, en la mayoría de los casos en la destitución de los gobernantes que no le son afines y la imposición de unos nuevos que si sean de su interés, y sin embargo, esta política tampoco les está resultando como esperaban, básicamente por dos factores básicamente: el primero es que esta estrategia fue ideada por los ingleses en momentos en que vivían en una monarquía y trataban con monarquías a su alrededor. Básicamente era una idea de estrategia monárquica, entre monarquías y para monarquías, y precisamente por eso les dio tanto resultado a los ingleses, porque el gobernante que imponían en un lugar, se mantenía en el gobierno durante toda su vida y su linaje continuaba gobernando, el caso más paradigmático de esto es Arabia Saudita, el cual ha sido un país que se ha mantenido relativamente estable durante todo el tiempo de su existencia como estado, o el de Cachemira, que es un ejemplo totalmente opuesto. En el caso de las democracias, la idea no les es tan funcional, en tanto y en cuando, el mandatario solamente tiene un término limitado de tiempo. Esto explica porque los norteamericanos prefirieron apoyar dictaduras durante la guerra fría, porque probablemente el final de un mandato democrático liberal podría convertirse en el inicio de un proyecto marxista socialista, avalado por las urnas. Antes de esto, simplemente se conformaban con que el presidente del país dentro de su esfera de influencia hiciese lo que quisiese siempre y cuando no hiciera algo que fuera contra sus intereses, los cuales eran básicamente que los países siguieran comerciando su materia prima con ellos y no con ninguna otra potencia, o, muy de la mano con esto, no permitir la influencia de ningún otro país dentro de su propia área. El otro escollo que ha encontrado esta estrategia es que muchas veces los gobernantes que pusieron como “títeres” les dan la espalda, como fue el caso de Saddam Hussein. La historia de Irak de por sí ya era bastante trágica aún desde antes de que llegara Saddam Hussein al poder, una amalgama de tribus distintas forzados a vivir como un solo estado-nación por la ambición inglesa. Saddam Hussein le era necesario a los Estados Unidos y lo apoyaron, tanto financiera como militarmente hasta el momento en que el títere adquirió vida propia. Manuel Noriega en Panamá, Idi Amin Dada en Uganda y Osama bin Laden en Afganistán, son otros ejemplos de “títeres del imperio” que han terminado adquiriendo vida propia. Finalmente, la estrategia no solo tiene sus fallas, sino que además tiene un talón de Aquiles. Este lo descubrió un político indio llamado Mohandas Karamandatch Gandhi, apodado el Mahatma (alma grande) y quien últimamente es más y más olvidado a nivel internacional. Entre una de las innumerables enseñanzas que se pueden extraer de lo propuesto por Gandhi, está el tema de la esencia en sí de la geopolítica, lo cual es algo con lo que no contaban los ingleses. Es decir, la idea es esperar que el adversario del primer golpe y con base en ese primer golpe se justifica cualquier envío de ejército para que pelee con el ejército extranjero. Pero ¿y si el adversario no da ese primer golpe? ¿Y si ante el envío de las tropas se encuentran con que no hay un ejército del otro lado, ni amenaza alguna, pero tampoco a nadie que les va a dar lo que quieren? Con esta estrategia se le propinó una estruendosa derrota al que era el “imperio” más poderoso del mundo, y por eso, este servidor no parará de mostrar sus respetos por naciones tan avanzadas como la nación costarricenses, la nación suiza o la nación japonesa que tímidamente están dando muestras de que si es posible un mundo mejor. Podemos en síntesis sacar las siguientes conclusiones: – No existe tal cosa como un “imperio”, entendido en su concepto clásico y actualmente la mayoría de las naciones del mundo goza de libertad política, es decir, la libertad de elegir a sus gobernantes, y también de una relativa libertad comercial, es decir, pueden escoger con quien comercian. El contrabalance mundial hace muy difícil que actualmente una de las potencias intente socavar militarmente los intentos de una nación por reforzar lazos comerciales con otra. – Este “imperio” no está interesado en el control político de ningún territorio distinto del propio, es por esto que los miedos de Brasil de una invasión estadounidense al amazonas o de un derrocamiento del presidente Chavez por la vía militar en el marco de la llegada de personal militar norteamericano a 7 bases adicionales en Colombia, no pasa de ser una estrategia politiquera para darle legitimidad a la ideología. – En América Latina, tanto en sus gobiernos de derecha como de izquierda, se está manejando tiene un concepto errado sobre la forma como opera este imperio y ni siquiera hay consenso sobre del imperio del cual se está hablando (¿Norteamericano o inglés?). – La estrategia que realmente utiliza el imperio tiene sus fallas y puede ser neutralizada.